Haaland al límite: Noruega enciende alarmas por su desgaste
Erling Haaland ha jugado demasiado. Se le nota en la mirada, en las piernas y ahora también en el gesto dolorido con el que abandonó el campo en el último parón de selecciones. Después de un verano extenuante en el Mundial, sin apenas vacaciones y encadenando partidos con su club y con Noruega, el cuerpo le ha pasado factura.
El goleador de 26 años, acostumbrado a vivir con el gol como rutina, encadenó dos encuentros sin marcar. Para cualquiera sería una anécdota; para él, una rareza que delata desgaste. Esta vez no fue solo una cuestión de puntería. Fue físico puro.
En el choque más reciente con Noruega, el delantero de Manchester City se marchó cojeando en el minuto 67. La imagen encendió todas las alarmas en su club. En el horizonte asoman citas mayúsculas ante Liverpool y Paris Saint-Germain, y Enzo Maresca sabe que su plan ofensivo depende, en gran medida, del estado de su arma principal.
Un seleccionador harto del calendario
Ståle Solbakken no se mordió la lengua. El seleccionador noruego, visiblemente frustrado, definió el calendario para los futbolistas de élite como “completamente loco”. No hablaba en abstracto: hablaba mirando a Haaland.
El técnico explicó que mantuvo una conversación profunda con su estrella antes del duelo contra Portugal para medir hasta dónde podía llegar. No se trataba de exprimirlo una vez más, sino de protegerlo. De ahí la decisión de limitarlo a una hora de juego.
“Hoy nos dio 60 buenos minutos”, explicó Solbakken, citado por el medio noruego Dagbladet. Recordó que el delantero ya había jugado 90 minutos dos veces contra Dinamarca y Portugal en el primer partido del parón. Contra Gales, simplemente estaba fundido. Por eso, la charla del día anterior fue directa, sin rodeos: revisar todos los escenarios posibles para no romperlo.
El fantasma de entrar desde el banquillo
La discusión llegó incluso a valorar que Haaland solo jugara la segunda parte ante Portugal, para preservarlo. Sobre el papel, una solución lógica. En la cabeza del delantero, no tanto.
“Quizá podría haber jugado los últimos 45 minutos contra Portugal. Eso se habló. Pero él tiene muy malas sensaciones con eso”, admitió Solbakken. El propio atacante le recordó experiencias negativas entrando desde el banquillo en la League Cup. No se sintió cómodo, no se sintió él. Y esa huella pesa.
Al final, el seleccionador se declaró satisfecho: su nueve logró “sacar” 60 minutos de nivel en un contexto que roza lo inhumano para los que no han parado en todo el año.
Cuatro partidos en once días: la factura física
La situación de Noruega no ayuda. La selección viene de una racha salvaje: cuatro partidos de Nations League en solo once días. Un maratón que castiga sobre todo a los que, como Haaland, ya llegaban con la reserva encendida tras el Mundial y la Champions League.
“Es duro. Pero no podemos hacer nada. Tenemos que jugar los partidos para los que nos convocan”, reconoció Solbakken. Su diagnóstico fue crudo: para los que compiten en Champions y casi no han tenido vacaciones, el calendario es “más brutal” que para el resto. Especialmente para los que no descansaron en verano porque llegaron lejos en el Mundial. Noruega fue uno de esos equipos.
El seleccionador asume la realidad: no hay margen para elegir. Solo queda gestionar minutos, dolores y riesgos. Y confiar en que las piezas clave no se rompan en el camino.
Últimos de grupo, pero sin renunciar a la idea
La exigencia física no se ha traducido en resultados. Noruega es colista de su grupo en la Nations League, empatada con Gales a tres puntos tras cuatro jornadas. Un botín pobre para una generación que demostró en el Mundial que puede competir de tú a tú con cualquiera.
Solbakken no se esconde: “La cosecha de puntos es demasiado pobre”. Pero no ve una crisis de modelo, ni un problema táctico que obligue a tirar todo por la borda. Insiste en que el plan es el correcto, que la selección ya ha demostrado su valía en escenarios de máxima exigencia.
Para él, la clave es otra: tener a los mejores sanos y disponibles. Si logra juntar a sus figuras en condiciones óptimas, confía en que el fútbol que maravilló en el Mundial se transforme, esta vez sí, en puntos en la Nations League.
En noviembre llegarán los partidos que marcarán el destino del grupo, ante Gales y Dinamarca. Para entonces, Noruega espera algo muy sencillo y, a la vez, casi utópico en el fútbol moderno: que Erling Haaland llegue con piernas, cabeza… y algo de gasolina en el depósito. Porque si su estrella no aguanta este ritmo “completamente loco”, la pregunta ya no será qué puede conseguir Noruega, sino cuánto tiempo más se puede estirar a los mejores antes de que el cuerpo diga basta.






