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Getafe se impone 3-1 a Mallorca en La Liga 2025

En el Coliseum, bajo la luz fría de una noche de mayo, el 3-1 de Getafe sobre Mallorca no fue solo un marcador: fue la cristalización de dos identidades opuestas en una Liga que se acerca a su desenlace. En la jornada 36 de La Liga 2025, con el equipo de José Bordalás instalado en la 7.ª plaza con 48 puntos y un balance global de 31 goles a favor y 37 en contra (diferencia de goles total de -6), el duelo se presentaba como un examen de madurez frente a un Mallorca hundido en la 18.ª posición, con 39 puntos y una diferencia de goles total de -11 (44 a favor, 55 en contra).

Sobre el papel, era el choque entre la sobriedad áspera de Getafe y la dependencia ofensiva casi absoluta de un hombre en Mallorca: Vedat Muriqi. Sobre el césped, las alineaciones confirmaron el relato. Getafe se abrazó a su sistema fetiche, el 5-3-2 —la estructura que más ha utilizado esta temporada, con 20 apariciones—, mientras Mallorca se mantuvo fiel al 4-2-3-1 que ha sido su dibujo de referencia (20 veces empleado).

La zaga azulona se construyó como una muralla de cinco: Allan Nyom y Juan Iglesias como carrileros, Djené, Domingos Duarte y Z. Romero como trío central. Por delante, un centro del campo de trabajo y fricción con Luis Milla, D. Cáceres y Mauro Arambarri, y arriba una pareja incómoda para cualquier defensa: Mario Martín, reconvertido en llegador, y Martín Satriano. Al otro lado, Mallorca plantó una línea de cuatro con Pablo Maffeo, D. López, Martin Valjent y L. Orejuela, un doble pivote Mascarell–Morlanes, una línea de tres mediapuntas con Z. Luvumbo, Sergi Darder y J. Virgili, y Muriqi como referencia solitaria.

Las ausencias pesaban, pero de forma muy distinta. Getafe llegaba sin A. Abqar (sancionado por amarillas), sin Juanmi y sin Kiko Femenía, ambos lesionados. La baja de Abqar no era menor: un central que en liga ha acumulado 10 amarillas y 1 roja, con 37 entradas y 7 disparos bloqueados, un especialista en duelos físicos que suele encajar como anillo al dedo en el ecosistema Bordalás. Sin él, el peso disciplinario y de liderazgo defensivo recaía aún más en Djené y Domingos Duarte.

Mallorca, en cambio, aparecía mutilado en profundidad: L. Bergström, M. Joseph, J. Kalumba, M. Kumbulla, A. Raíllo, J. Salas y el sancionado Samu Costa, todos fuera. La ausencia de Raíllo restaba jerarquía atrás; la de Samu Costa, que suma 7 goles, 2 asistencias y 10 amarillas en liga, dejaba al doble pivote sin su pulmón más agresivo y sin un llegador desde segunda línea. El 4-2-3-1 seguía intacto en la pizarra, pero le faltaba colmillo y colcha protectora.

En este contexto, la primera parte fue un manifiesto de lo que es Getafe en casa esta temporada. En el Coliseum, el equipo ha disputado 18 partidos de liga, con 7 victorias, 3 empates y 8 derrotas, 17 goles a favor y 16 en contra. Un promedio de 0.9 goles a favor y 0.9 en contra en casa que habla de márgenes estrechos, partidos apretados y una obsesión por el detalle. El 2-0 al descanso rompía esa media, pero no su esencia: solidez atrás, agresividad medida y eficacia quirúrgica en las pocas ocasiones generadas.

Luis Milla fue, como casi siempre, el metrónomo. Sus 10 asistencias totales en liga, sus 79 pases clave y sus 1313 pases completados con un 77% de acierto explican por qué su figura es el eje del “cuarto de máquinas” azulón. En este 5-3-2, Milla se incrusta como lanzador desde la base, liberando a Arambarri para morder más arriba y a Mario Martín para alternar robo y ruptura. Mario, que acumula 2 goles, 1 asistencia y la friolera de 65 faltas cometidas y 11 amarillas, es el termómetro emocional del equipo: el hombre que sube el volumen del partido.

Enfrente, el “cazador” de Mallorca tenía nombre y apellidos: Vedat Muriqi. Con 22 goles y 1 asistencia en 35 apariciones, 86 disparos totales (47 a puerta) y 5 penaltis convertidos pero 2 fallados, su temporada es una mezcla de voracidad y riesgo. No es un finalizador perfecto, pero sí un delantero que vive instalado en el área rival, alimentado por los centros de Maffeo y las líneas de pase de Darder. Sus 425 duelos disputados, con 219 ganados, muestran la batalla constante que libra contra centrales como Djené o Duarte.

El duelo directo era evidente: Muriqi contra una defensa que, en total esta campaña, ha encajado 37 goles en 36 partidos (promedio total de 1.0 por encuentro) y que en casa solo ha permitido 16 tantos en 18 choques. Djené, que ha bloqueado 10 disparos y suma 36 intercepciones, y Domingos Duarte, con 15 bloqueos y 31 intercepciones, tenían la misión de reducir al kosovar a un juego de espaldas, lejos del punto de penalti. Cada centro lateral era una escena de combate aéreo, cada segunda jugada, un territorio donde Milla y Cáceres debían barrer para evitar que Muriqi recibiera en ventaja.

En la banda derecha de Mallorca, el otro gran duelo: el “carrilero cazador” Pablo Maffeo frente al bloque bajo de Getafe. Maffeo, con 11 amarillas, 65 entradas y 22 disparos bloqueados, es un lateral que vive al límite. Su tendencia a proyectarse y a entrar fuerte en los duelos encajaba con un contexto donde Getafe, a nivel disciplinario, es uno de los equipos más calientes del torneo: en total, sus amarillas se concentran en un 22.43% en el tramo 76-90’, una auténtica oleada tardía que habla de partidos que se encienden en el tramo final. Mallorca, por su parte, tiene un pico de amarillas entre el 46-60’ (20.99%), lo que suele coincidir con fases de partido donde persigue el resultado.

Ese cruce de curvas disciplinarias define buena parte del guion: un Mallorca que, tras el descanso, sube la intensidad y se expone; un Getafe que, cuando el reloj se acerca al 90’, entra en modo trinchera, multiplica las faltas tácticas y vive al borde de la tarjeta. Con hombres como Nyom —6 amarillas y 1 roja en liga— en el once, no sorprende que los minutos finales se conviertan en una guerra de detalles, protestas y contactos.

Desde el punto de vista estructural, la noche confirmó por qué Getafe, pese a su escaso caudal ofensivo (31 goles totales, promedio total de 0.9), se ha instalado en la zona europea provisional. Su 5-3-2 ofrece estabilidad, le permite sobrevivir con marcadores cortos y explotar al máximo la pelota parada y las transiciones. Mallorca, en cambio, volvió a mostrar la fragilidad que explica sus 34 goles encajados a domicilio (promedio away de 1.9) y solo 16 marcados lejos de casa (0.9). Un equipo que, sobre sus viajes, pierde solidez, se estira en exceso y depende demasiado de que Muriqi convierta medias ocasiones en goles.

Si trasladáramos el partido al terreno de la probabilidad, la “lectura xG” imaginaria encajaría con lo visto: un Getafe que, con pocas llegadas, maximiza su eficacia y protege bien su área, frente a un Mallorca que genera pero sufre demasiado cada pérdida. La estadística de que Mallorca solo ha dejado su portería a cero 2 veces away en todo el curso es demoledora para cualquier aspiración de puntuar en campos como el Coliseum.

Tras el 3-1, la narrativa de ambos se refuerza: Getafe como bloque incómodo, áspero y competitivo, capaz de transformar un 5-3-2 en una plataforma europea; Mallorca, como equipo de autor alrededor de Muriqi, pero lastrado por un sistema defensivo que se descompone lejos de Son Moix y por ausencias clave en su estructura. En el tablero de la temporada, esta noche en Getafe se lee como un capítulo lógico dentro de una historia ya escrita por los números.

Getafe se impone 3-1 a Mallorca en La Liga 2025