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Fútbol y Protestas: Dublín, Budapest y Los Ángeles

Dublín, Budapest y Los Ángeles: el fútbol entre protestas, decisiones de bandera y una final que se viene

La noche en Dublín no fue solo un amistoso más. Qatar cayó 1-0 ante Irlanda, pero el marcador quedó en segundo plano frente al ruido que rodea a la selección irlandesa. El césped del estadio se llenó varias veces de pelotas de tenis con el mensaje “stop the game”, lanzadas desde la grada en protesta por los próximos partidos de la Nations League contra Israel, con el duelo del 4 de octubre en la capital irlandesa como epicentro del malestar.

El juego se interrumpió una y otra vez. El balón rodaba, las pelotas de tenis también. El contexto político se coló sin pedir permiso en una noche que, para el seleccionador Heimir Hallgrimsson y sus jugadores, ya era incómoda antes del pitido inicial.

Seamus Coleman, veterano y voz respetada en el vestuario, había avisado: sentía que el entrenador y el grupo estaban siendo empujados a la línea de fuego por decisiones tomadas muy por encima de ellos. No era una queja aislada. Era un síntoma.

Hallgrimsson no se escondió al hablar del tema. Respaldó el sentir de su capitán y dejó claro que el vestuario no se siente representado por el contexto que los rodea. “Seamus habló muy bien del tema el otro día. No todos estamos de acuerdo con lo que está pasando. Idealmente, no está en nuestras manos. No es una situación agradable en la que nos pongan. Como dije, en lo personal, ninguno de nosotros está de acuerdo con lo que está pasando”, explicó. Un seleccionador atrapado entre la pelota y la política, obligado a preparar partidos que muchos en la grada no quieren que se jueguen.

Mientras Irlanda lidia con sus dilemas, el mapa del fútbol internacional se sigue moviendo.

Volpato, un giro de bandera a contrarreloj

En Italia y Australia, el nombre de Cristian Volpato vuelve a escena. El jugador de Sassuolo, de 22 años, está a punto de completar un giro inesperado: cambiar su lealtad internacional de Italia a Australia, cuatro años después de rechazar la opción de representar al país de su nacimiento en el Mundial de Qatar.

Ahora, con otra Copa del Mundo en el horizonte, el escenario es distinto. Volpato ha decidido dar el paso que no dio entonces. Football Australia espera la confirmación de la FIFA para cerrar todos los trámites antes de que el seleccionador de los Socceroos, Tony Popovic, anuncie su lista de 26 convocados, con fecha límite el 1 de junio. La carrera es contra el reloj. Si llega a tiempo, Australia sumará talento y narrativa: el del futbolista que dijo “no” en 2022 y podría decir “sí” justo a tiempo para otro Mundial.

Pulisic, exigencia y desencanto

En otro frente, Christian Pulisic vuelve a estar en el centro del debate. Tiene 27 años y sigue rodeado por esa etiqueta de eterna promesa que nunca termina de despegar del todo. Su ausencia en la última Gold Cup dejó cicatriz.

Mauricio Pochettino no lo maquilló al hablar con la prensa. Reconoció que le molestó que el jugador no estuviera en el torneo y que también hubo decepción por parte del propio Pulisic al quedarse fuera de dos amistosos, ante Suiza y Turquía. El técnico explicó que fue transparente con él y que la decisión de no incluirlo en esos partidos fue puramente deportiva. Un mensaje claro: el crédito no es infinito. A esta edad, Pulisic ya no compite solo contra los rivales, también contra las expectativas que lo persiguen desde hace casi una década.

Havertz, el recuerdo de Oporto y un nuevo desafío

En Londres y París, mientras tanto, la mirada apunta a Budapest. Arsenal se prepara para una final de Champions League ante Paris Saint-Germain que, sobre el papel, lo presenta como víctima propiciatoria. No sería la primera vez que Kai Havertz pisa una final europea en ese papel.

El alemán recordó la noche de Oporto, cuando un Chelsea dirigido por Thomas Tuchel se enfrentó a un Manchester City de Pep Guardiola que llegaba como una máquina casi perfecta, campeón de la Premier League por 12 puntos de ventaja. Chelsea había terminado cuarto, siete puntos más atrás. Nadie les daba demasiadas opciones. Havertz marcó el gol decisivo.

“Éramos los ‘underdogs’ ese día, seguro. No habíamos tenido la mejor temporada. Pero ahora es completamente diferente”, apunta el jugador. Diferente contexto, misma sensación: un gigante enfrente, una oportunidad histórica sobre la mesa.

Una final marcada por el balón parado… y por las bandas

El análisis táctico apunta a un guion claro. PSG ha sido más productivo que Arsenal a balón parado en la Champions, con más goles en jugadas de estrategia sin contar penaltis. Aun así, muchos ven en los córners y las faltas la mejor vía de los ingleses para hacer daño en Budapest.

El verdadero peligro, sin embargo, está al otro lado. El conjunto parisino ha demostrado contra Chelsea, Liverpool y Bayern Múnich que es letal en transición. Cuando el rival se estira, PSG golpea. Y lo hace con una ferocidad difícil de igualar.

Desiré Doué y Khvicha Kvaratskhelia representan el tipo de amenaza que puede destrozar un plan de partido en un par de carreras. Son veloces, desequilibrantes, directos hasta la crueldad. Si les dan metros, castigan. Y ahí aparece uno de los grandes problemas de Arsenal: el lateral derecho. Ben White está fuera por una lesión de rodilla y Jurriën Timber es duda por una dolencia en la ingle sufrida ante Everton en marzo. Un flanco debilitado ante dos de los extremos más agresivos del continente. La ecuación es evidente.

PSG, fresco cuando importa

Luis Enrique ha gestionado la temporada con la mirada puesta en esta semana. Ha rotado sin piedad en Ligue 1, dosificando a sus estrellas para llegar con las piernas frescas al tramo decisivo. Los números lo dejan claro: muchos de los jugadores clave apenas han tenido continuidad en el campeonato doméstico.

Ousmane Dembélé, vigente Balón de Oro, solo fue titular en 11 de los 34 partidos de liga. Neves, Mendes y Fabián Ruiz sumaron 13 titularidades cada uno; Kvaratskhelia llegó a 18; Doué y Hakimi se quedaron en 16; Marquinhos, en 11. Ninguno de ellos alcanzó siquiera la mitad de los minutos posibles en Ligue 1. Plantilla profunda, estrellas protegidas, un objetivo: llegar a Budapest con el equipo principal en plenitud.

Arsenal, en cambio, ha tenido que exprimir mucho más a su once tipo en la Premier League. El contraste físico puede pesar cuando el reloj se acerque al minuto 80 y las piernas empiecen a fallar.

Un Mundial entre bombas, dudas y desafío

Mientras Europa mira a Budapest, el Mundial se acerca entre sombras. Faltan menos de dos semanas para el inicio y el encuentro entre Estados Unidos e Irán en Los Ángeles se ha convertido en un símbolo incómodo.

Desde el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel sobre Irán el pasado 28 de febrero, la incertidumbre rodea ese partido. Durante semanas, no estuvo claro si la República Islámica permitiría a su selección viajar al territorio de quien considera agresor, ni si Estados Unidos abriría sus puertas a Team Melli.

Ahora, con el reloj apretando, el partido parece encaminado a disputarse. Pero el ruido no se ha ido. En “Tehrangeles”, la enorme comunidad iraní de la ciudad, formada en gran parte por exiliados tras la revolución de 1979, se prepara para hacer oír su voz. Se esperan protestas, gestos de desafío, quizá incluso posicionamientos de los propios jugadores. Será mucho más que un partido de fútbol.

Budapest espera

En medio de ese torbellino global, la Champions ofrece su propio escenario. El Opta Analyst ya ha diseccionado cada dato, cada tendencia, cada posible punto débil. Luis Enrique ha guardado fuerzas, Arsenal busca repetir una gesta que ya vivió Havertz con otra camiseta, y París y Londres se vacían rumbo a Budapest.

Entre pelotas de tenis en Dublín, cambios de bandera a última hora, estrellas exigidas por sus entrenadores y partidos marcados por la geopolítica, el fútbol sigue avanzando. La siguiente parada, el sábado, en la capital húngara. Y allí no habrá margen para las dudas. Solo para la historia.

Fútbol y Protestas: Dublín, Budapest y Los Ángeles