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Feyenoord gana 5-2 pero el caos y los heridos marcan el partido

La Eredivisie volvió a mirarse en el espejo más incómodo. Feyenoord ganó 5-2 a SC Cambuur, pero el marcador quedó reducido a un detalle en una tarde marcada por el miedo, las explosiones y el humo rojo en el Kooi Stadion de Leeuwarden.

El partido se detuvo en el minuto 12. La imagen, brutal: la grada visitante en llamas de bengalas rojas, fuegos artificiales lanzados hacia el césped y hacia las zonas ocupadas por la afición local. El árbitro no dudó. Ordenó a los jugadores abandonar el terreno de juego mientras el estadio se llenaba de humo y los explosivos seguían estallando cerca del campo.

Uno de esos artefactos explotó a apenas unos metros del portero de Feyenoord, Tjark Ernst. Un instante que dejó claro lo cerca que estuvo la tragedia de afectar directamente a los futbolistas.

Cinco aficionados heridos y un club en shock

El partido se reanudó tras unos diez minutos de interrupción. Pero el daño ya estaba hecho. Cambuur confirmó después del encuentro que cinco de sus seguidores resultaron heridos por el lanzamiento de fuegos artificiales hacia la grada local.

El parte médico del club fue contundente: los aficionados sufrieron “quemaduras, daños auditivos y lesiones oculares”. No se trató de un susto ni de un simple incidente menor; los proyectiles impactaron en plena zona de la afición de Cambuur, recién regresada a la élite neerlandesa tras tres temporadas de ausencia.

La indignación en el club de Leeuwarden fue inmediata. En su comunicado oficial, la entidad no suavizó el lenguaje: dejó claro que encender y disparar fuegos artificiales “es completamente inaceptable y no tiene cabida en un estadio de fútbol bajo ninguna circunstancia”. Junto a la policía y las autoridades locales, Cambuur ha prometido una investigación exhaustiva para aclarar cómo se produjo todo y quiénes son los responsables.

Feyenoord se desmarca y pide perdón

En el césped, Feyenoord arrasó. En los pasillos interiores, el ambiente era todo menos festivo. Pese a la victoria contundente, el vestuario del club de Róterdam estaba marcado por la incomodidad y la vergüenza.

El entrenador Giovanni van Bronckhorst dio un paso al frente. Nada más terminar el encuentro, pidió disculpas a la directiva de Cambuur en nombre de Feyenoord. El club emitió un comunicado en el que se “distancia firmemente de los hechos inaceptables” y promete tomar medidas internas.

Feyenoord ya ha anunciado que solicitará y revisará todas las imágenes disponibles de seguridad para identificar a los autores del comportamiento “que puso vidas en peligro”. No se trata solo de una declaración de intenciones: el club sabe que la presión pública y deportiva será enorme si no actúa con firmeza.

El director general, Robert Eenhoorn, apareció visiblemente afectado tras el pitido final. Y no intentó esconderlo. Admitió que no podía estar contento con el resultado y que la frustración pesaba más que cualquier alegría por los tres puntos. Recordó, además, que este problema “obviamente no afecta solo a Feyenoord” y que el fútbol neerlandés lleva “décadas” sin encontrar una solución real.

Para Eenhoorn, la única salida pasa por sentarse de nuevo con todos los actores implicados: clubes, la KNVB y las autoridades. No como gesto simbólico, sino para buscar una respuesta conjunta a una violencia que se ha enquistado en los estadios.

El alcalde entra en escena y la Eredivisie queda en el punto de mira

La respuesta institucional no se hizo esperar. El alcalde de Leeuwarden, Foort van Oosten, condenó el incidente con la máxima dureza y prometió una investigación a fondo para esclarecer cómo se pudo introducir tal cantidad de material pirotécnico en el Kooi Stadion.

Las preguntas son incómodas y apuntan directamente a los controles de seguridad. ¿Cómo es posible que, con los antecedentes recientes, se sigan colando bengalas y fuegos artificiales en masa? La Eredivisie vive una tendencia peligrosa: este episodio se suma a una escalada de incidentes en todo el país, incluido el abandono de un partido entre Ajax y Groningen la temporada pasada por el uso similar de bengalas y pirotecnia.

Lo que ocurrió en Leeuwarden no es un caso aislado. Es otro síntoma de un problema estructural.

Debate abierto en la KNVB: ¿hasta cuándo se juega?

Hay otro punto que ha encendido el debate: el partido se jugó hasta el final pese a que cinco aficionados resultaron heridos. Según la normativa actual, el encuentro habría sido suspendido de forma definitiva si un jugador o un árbitro hubiesen sido alcanzados por un proyectil. En cambio, el protocolo es mucho menos claro cuando las víctimas son seguidores en la grada.

Esa diferencia de trato ha generado malestar. El propio responsable de asuntos de competición profesional de la KNVB, Jan Bluyssen, reconoció que la imagen de seguir jugando en esas circunstancias “no se siente bien”. Una frase breve, pero muy reveladora del dilema que afronta ahora la federación.

La presión sobre el organismo es evidente. La KNVB ha confirmado que revisará sus protocolos para episodios de desorden y violencia, con el objetivo declarado de situar la seguridad de los aficionados por encima de la finalización de los partidos. También se estudian sanciones más duras para los clubes cuyos seguidores causen daños físicos a otras personas.

La Eredivisie vuelve a caminar sobre una línea muy fina: ¿cuántas explosiones más harán falta para que el fútbol neerlandés deje de hablar de puntos y empiece, de una vez, a hablar de protección real en sus gradas?