Federico Valverde regresa al centro del campo
Federico Valverde regresa este sábado a enfrentarse al Rayo Vallecano, el rival que quedó marcado como el final de una etapa incómoda en su carrera: su último partido como lateral derecho con el Real Madrid, en plena crisis del ciclo de Xabi Alonso.
Para el uruguayo, el duelo tiene carga emocional. De la incomodidad y el desgaste de jugar fuera de sitio ha pasado a una estabilidad total en su hábitat natural, el centro del campo. Hoy es una pieza esencial en los planes de José Mourinho, tal y como recordó el diario "Marca".
El origen de la tormenta
Todo arrancó con una plaga de lesiones. Dani Carvajal y Trent Alexander-Arnold cayeron a la vez, y Alonso se vio obligado a tirar de Valverde para el lateral derecho.
El uruguayo aceptó a regañadientes. Cumplió, corrió, tapó su banda. Pero el vaso se llenó. La situación explotó en la previa del duelo de Champions League ante Kairat Almaty, cuando decidió hablar sin rodeos sobre su incomodidad.
En rueda de prensa dejó una frase que lo cambió todo: «No nací para jugar de lateral y no crecí aprendiendo a jugar en esa posición. Por una emergencia me encontré jugando ahí».
El mensaje fue directo. Y la respuesta de Alonso, inmediata: Valverde al banquillo en el siguiente partido y Marco Asensio ocupando el lateral.
La noche fría de Kazajistán
Desde entonces, todo giró alrededor de Valverde dentro del club. Las cámaras se centraron en él durante el calentamiento en Kazajistán. Rostro serio, manos a la espalda. Ni un minuto en el campo. Ni siquiera como recurso desde el banquillo.
Fue el único partido de Champions de toda la temporada en el que no participó. Una anomalía en un curso en el que jugó todos los demás encuentros, incluido aquel en el que firmó un hat-trick ante el Manchester City.
El contraste era evidente: de ser imprescindible a desaparecer por completo en una noche que dejó cicatriz.
El último día como lateral
El giro definitivo llegó con la llegada de Álvaro Arbeloa al banquillo en enero. Poco a poco, la idea de mantener a Valverde como lateral fue perdiendo fuerza hasta quedar prácticamente descartada.
Su último servicio en ese puesto llegó precisamente contra el Rayo. Ese día se cerró un capítulo: 16 apariciones como lateral derecho antes de que se bajara la persiana a una etapa que nunca terminó de sentir como propia.
Valverde cumplió por compromiso con el escudo, por responsabilidad con el vestuario. Pero jamás escondió dónde siente que es realmente futbolista.
Mourinho lo devuelve a su sitio
Con Mourinho, el paisaje cambió por completo.
De vuelta al centro del campo, Valverde se ha convertido en uno de los pilares del proyecto. Ha sido titular en todos los partidos de la temporada hasta ahora. No solo ha recuperado su lugar, ha recibido algo igual de valioso: confianza absoluta.
El técnico portugués no se limitó a recolocarlo en su posición ideal. Lo elevó a categoría de intocable. Y el jugador respondió con una versión muy distinta a la del futbolista que se veía obligado a cubrir la banda.
Su influencia se nota también en campo rival. Marcó ante el Inter y reforzó su peso en el nuevo sistema del Real Madrid, donde su recorrido, su energía y su llegada al área son ya una seña de identidad.
Paz con Tchouaméni y un vestuario alineado
En su última comparecencia ante los medios, Mourinho quiso cerrar otro frente: la relación entre Valverde y Aurélien Tchouaméni, después del encontronazo que ambos protagonizaron la temporada pasada.
«Ellos fueron los que hicieron todo y yo no hice nada. Si hubiera llegado al vestuario sin saber nada, habría pensado que eran amigos íntimos», explicó el portugués.
Y añadió: «Cuando llegué y Tchouaméni volvió del Mundial, estaba atento para saber si tenía que intervenir y hacer de ministro de paz, pero no hice nada. El mérito es todo de los jugadores».
El mensaje es claro: las heridas internas están cerradas y el vestuario se ha alineado sin necesidad de grandes discursos.
Ahora Valverde vuelve a cruzarse con el Rayo, el rival que quedó ligado a su último día como lateral. Esta vez, sin dudas, con otro rol, otro peso y otra pregunta sobre la mesa: ¿hasta dónde puede llegar este nuevo Valverde jugando donde siempre quiso jugar?






