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La era Ancelotti en Brasil: un inicio preocupante

La era Ancelotti en Brasil arranca entre dudas: cifras históricamente pobres y ruido creciente.

La ruta hacia el Mundial 2030 empezó torcida para la Seleção. En Townsville, ante Australia, Brasil no solo dejó escapar una victoria que necesitaba como el aire; dejó, sobre todo, la sensación de un equipo plano, sin colmillo, que solo se salvó del desastre por un chispazo final de Rayan para rescatar el 1-1.

No era un amistoso cualquiera. Después de la eliminación en octavos de final del Mundial 2026, el partido se leía como una especie de manifiesto: un nuevo comienzo, una declaración de intenciones. Lo que se vio fue lo contrario. Un equipo pesado, sin ritmo, sin jerarquía. Y un banquillo en el punto de mira.

Un inicio que entra en la historia… por el lado equivocado

Los datos de DataESPN son contundentes. Tras 18 partidos al frente de la selección brasileña, Carlo Ancelotti firma una eficiencia del 63 por ciento. Ese número lo coloca al nivel más bajo de la historia reciente de la canarinha: iguala a Carlos Alberto Parreira como el peor arranque de un seleccionador de Brasil en sus primeros 18 encuentros.

El balance del técnico italiano es de diez victorias, cuatro empates y cuatro derrotas. En casi cualquier otra selección, sonaría aceptable. En Brasil, no. La camiseta pesa distinto. La comparación con Parreira lo deja claro: el histórico entrenador llegó a sus primeros 18 partidos repartidos entre 1983 y 1991 con nueve triunfos, siete empates y solo dos caídas. Menos victorias, sí, pero también muchos menos golpes.

La fotografía global es demoledora. La Seleção atraviesa uno de sus periodos menos productivos en cuanto a resultados desde que hay registros modernos. Y el nombre que aparece en el centro del encuadre es uno solo: Ancelotti.

La sombra de los predecesores

El contraste con otros seleccionadores no hace sino agrandar la herida. Vanderlei Luxemburgo marca el techo histórico: un 87 por ciento de éxito en sus primeros 18 partidos, con 15 victorias y solo una derrota. Un listón casi imposible, pero que sirve para medir la caída actual.

Incluso los técnicos más recientes se movieron muy por encima del registro de Ancelotti. Tite, responsable de los ciclos de 2018 y 2022, alcanzó un 83,3 por ciento de eficiencia en ese mismo tramo, con 14 triunfos. Dunga, Luiz Felipe Scolari, Mano Menezes… todos ellos se situaron por delante del italiano en esta comparación de arranque.

El relato estadístico empuja una misma idea: el Brasil de Ancelotti no solo gana menos, también transmite menos. Y eso, en un país que vive el fútbol como identidad nacional, pesa tanto como los números.

Redes encendidas y paciencia en caída libre

La actuación ante Australia encendió las redes sociales. El empate supo a derrota. La falta de ideas con balón, la poca agresividad sin él, la sensación de equipo sin plan claro, todo alimentó un mismo debate: ¿es Ancelotti el hombre adecuado para liderar la reconstrucción?

La figura del italiano, intocable durante años en el fútbol de clubes, se ve ahora cuestionada como pocas veces antes. El cartel de leyenda no le protege de un entorno que no perdona. Brasil no concede demasiado margen al ensayo y error, menos aún tras un Mundial decepcionante y un arranque de ciclo tan gris.

El dato del 63 por ciento no es solo un número frío. Es el símbolo de un proyecto que, de momento, no despega.

Un calendario que ya no admite excusas

El problema para Ancelotti es que el calendario aprieta y no ofrece refugio. La gira internacional continúa lejos de casa, sin el calor del público brasileño, pero con la misma presión de siempre.

Brasil se volverá a medir a Australia el 29 de septiembre. Tres días después, el 3 de octubre, visitará a India. Sobre el papel, dos rivales accesibles. En la realidad actual, dos exámenes sin margen de error.

Esos amistosos, pensados inicialmente como banco de pruebas, han cambiado de estatus. Se han convertido en partidos clave para que el técnico muestre algo más que posesión estéril y ráfagas aisladas de talento individual. Necesita victorias, sí, pero sobre todo necesita señales: automatismos, agresividad, un patrón reconocible.

La historia no espera. Las comparaciones con Luxemburgo, Tite o Scolari seguirán apareciendo cada vez que el equipo deje dudas. La pregunta es otra: ¿podrá Ancelotti sacar a Brasil del sótano estadístico en el que se ha metido… antes de que la paciencia se agote del todo?