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Duran brilla en el Celtic y O’Neill sonríe tras victoria

El rugido de Celtic Park sonó distinto esta vez. No fue alivio disfrazado de esperanza, fue un grito de desahogo. Tras el golpe moral sufrido en Linz a mitad de semana, el Celtic se agarró a los goles de Camilo Duran para tumbar 2-1 al Falkirk y enlazar su tercera victoria liguera consecutiva.

No fue una tarde plácida. Pero sí fue una tarde necesaria.

El bálsamo tras Linz

Martin O’Neill no ocultó lo que significaba este triunfo. El equipo venía de 120 minutos a la defensiva en Austria, de una derrota que dejó tocados a futbolistas y grada. Había cansancio en las piernas y ruido en la cabeza.

“El triunfo era lo más importante, siempre lo es”, subrayó el técnico irlandés ante los medios del club. Y se notó en la forma en la que el Celtic salió al césped: intenso, decidido a borrar el mal recuerdo a base de fútbol.

Por momentos lo consiguió. El conjunto de O’Neill firmó fases de juego muy vistosas, combinaciones rápidas, circulación limpia y llegadas constantes. Para cuando se cerró la primera parte, el marcador podía haber mostrado una goleada. No fue así por pura falta de puntería. El propio entrenador habló de “ocasiones gloriosas” desperdiciadas para sentenciar antes del descanso.

Camilo Duran, doble filo en el área

En medio de esa avalancha apareció Camilo Duran. Sin Kasper Hogh, ausente y habitual referencia física en el frente de ataque, el colombiano asumió el rol de nueve puro. Y respondió.

Marcó dos veces en la primera mitad, un doblete que sostuvo al Celtic cuando el partido pedía un líder en el área. Duran atacó espacios, ofreció apoyos y se movió con la naturalidad de quien entiende el oficio.

O’Neill no escatimó elogios. “Es un futbolista fantástico. Creo que es un delantero natural”, dijo, recordando que muchas veces el colombiano ha partido desde zonas más abiertas cuando Hogh actúa como referencia. El irlandés destacó esa mezcla de talento y ductilidad: Hogh aporta músculo y presencia en el área, Duran ofrece movilidad y finura.

El técnico dejó incluso una pincelada más humana sobre la adaptación del atacante: su inglés mejora poco a poco, pero en el vestuario el mensaje es sencillo y directo: “hijo, eres brillante”. El lenguaje del gol, al fin y al cabo, no necesita demasiadas traducciones.

El sufrimiento final

El 2-0 parecía una invitación a una tarde tranquila. No lo fue. O’Neill lo advirtió: con ese marcador, el Falkirk “nunca estuvo fuera del partido”. Y el tiempo le dio la razón.

Cuando los Bairns recortaron distancias, el ambiente cambió. Los últimos 15-20 minutos se hicieron largos, pesados, con Celtic Park conteniendo la respiración. El cansancio acumulado de la semana se notaba, las piernas ya no corrían igual y cada balón dividido parecía un examen.

El equipo, sin embargo, resistió. Se cerró, peleó cada duelo y defendió la renta con más oficio que brillo. No hubo tercer gol, sí hubo carácter. Y cuando el árbitro señaló el final, la sensación en el banquillo fue de alivio, pero también de reconstrucción.

Un punto de partida

“Ha sido una semana dura, así que es bueno ganar el partido. Es lo más importante para nosotros, y vamos a mejorar”, sentenció O’Neill. No sonó a tópico, sonó a plan.

Tres victorias en tres jornadas de liga, un delantero como Duran reclamando foco en ausencia de Hogh y un grupo que, pese al desgaste europeo, responde cuando el calendario aprieta. El Celtic aún no ha mostrado su techo, pero ha enviado un mensaje claro: incluso herido, sabe ganar.

La pregunta ahora no es si se ha levantado del golpe de Linz. La cuestión es cuánto puede crecer este equipo cuando deje de vivir a base de reacción y empiece a mandar la historia desde el primer minuto de cada semana.