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Darwin Núñez y su futuro en el Liverpool de Iraola

Cuando el Liverpool de Jürgen Klopp rugía a ritmo de “heavy metal football”, el club apostó fuerte por un delantero sudamericano tan eléctrico como imprevisible: Darwin Núñez. Llegó desde Benfica en 2022 por 64 millones de libras, como pieza llamada a encajar en una máquina que ya sabía ganar Premier League y Champions League.

Nunca terminó de serlo. Marcó 40 goles en 143 partidos, números respetables, pero su relación con la grada quedó en tierra de nadie: ídolo de culto, no intocable. Su energía desbordada, su caos permanente, lo convirtieron en un futbolista que se amaba y se sufría a la vez. En 2025, con el ciclo de Klopp acercándose al ocaso, aceptó un contrato millonario en Oriente Medio para unirse a Cristiano Ronaldo y compañía en Arabia Saudí.

Allí el cuento se torció.

Las restricciones a los futbolistas extranjeros le dejaron fuera de la lista doméstica de Al-Hilal. De golpe, de estrella importada a descarte. Libre para buscar nuevo destino, su nombre ha vuelto a sonar alrededor de Inglaterra. Y, por supuesto, de Anfield.

Barnes frena la nostalgia

La gran pregunta cae por su propio peso: ¿tiene todavía sitio Darwin Núñez en el nuevo Liverpool? John Barnes, leyenda del club, lo ve claro. Y su respuesta apunta menos al uruguayo y más a la identidad del equipo.

Preguntado por GOAL, en un acto con viagogo y su campaña “World Cuts”, Barnes fue directo: Núñez solo tendría cabida si Andoni Iraola decide abrazar un estilo que encaje con él.

“No si Iraola no quiere jugar de esa manera”, explicó. Si el técnico apuesta por un fútbol que admita el caos que Darwin genera, la puerta podría entreabrirse. Si su idea pasa por algo más controlado, más ordenado, el regreso del uruguayo pierde sentido.

Barnes recordó que ya con Klopp en el banquillo, Núñez acabó saliendo. Ni siquiera el técnico que mejor entendió el vértigo y la presión alta consiguió convertirlo en pieza indiscutible. Por eso, para el exinternacional inglés, el debate no va de romanticismo ni de segundas oportunidades, sino de una sola cosa: el plan del entrenador.

Adiós a Klopp, adiós a las “no negociables”

Barnes insiste en un punto que incomoda a parte de la afición: el Liverpool no puede seguir encadenado al legado de Klopp. Lo dice sin rodeos. El nuevo ciclo exige aceptar que el equipo puede jugar “rápido, lento, caótico, no caótico, en posesión, dinámico, heavy metal… lo que el entrenador quiera”. La única obligación, según él, es respaldar al técnico.

En ese contexto, también lanza un dardo a Mo Salah por sus declaraciones sobre las “no negociables” en el estilo de juego. Para Barnes, nadie en el vestuario puede imponer una forma de jugar. El proyecto debe girar en torno a la idea del entrenador, no a los recuerdos de una era gloriosa.

El ejemplo que utiliza para sostener su argumento es contundente: Mikel Arteta. Octavo, octavo y luego quinto en sus tres primeras temporadas con el Arsenal. Le sostuvieron. Hoy, los resultados están a la vista. Para Barnes, los verdaderos verdugos de los entrenadores no son los dueños ni los directores ejecutivos, sino las gradas. “Los aficionados perdieron la fe en Arne Slot. La decisión tuvo que tomarse”, subraya.

Y deja una advertencia que resuena en Anfield: si Iraola pierde dos o tres partidos en su primer mes, ¿se activará otra vez la guillotina? Recuerda el carrusel de entrenadores en el Manchester United tras Sir Alex Ferguson: David Moyes, Louis van Gaal, José Mourinho… todos medidos con la vara del escocés y todos despedidos por no parecerse a él.

El mensaje es claro: si Liverpool se aferra al fantasma de Klopp, ningún técnico tendrá margen para construir algo propio.

Fichajes, academia y el efecto dominó

Mientras tanto, el club ya ha sufrido tres salidas de peso: Mohamed Salah, Ibrahima Konaté y Andy Robertson se marcharon como agentes libres. Cualquier otra época habría desatado una fiebre por fichar. Barnes, en cambio, pone el freno.

Recuerda que con Arne Slot llegaron Federico Chiesa y Wataru Endo… y el equipo ganó la liga sin que ellos tuvieran un papel decisivo. También rememora una ventana de fichajes con cuatro incorporaciones por 400 millones de libras que no arreglaron nada. Para él, la obsesión con el mercado no es la respuesta automática.

“¿Es la solución fichar jugadores?”, se pregunta. Solo ve una necesidad clara: si hace falta un central, se ficha un central. Nada de reconstrucciones por impulso. Y lanza otro aviso, esta vez hacia los jóvenes: si llega Yan Diomande, ¿qué pasa con Rio Ngumoha? ¿Cuántos talentos de la casa se frenan por la ansiedad de buscar soluciones fuera?

Barnes defiende que la plantilla actual es suficientemente buena. Lo que falta, insiste, es confianza: en los jugadores y en el entrenador.

¿Un nuevo capítulo para Núñez?

En medio de ese debate estructural, Darwin Núñez aparece casi como un símbolo. Un delantero que encarna el caos, el riesgo, la jugada que rompe el guion. Hoy, luce trenzas en el Mundial 2026 y busca reordenar una carrera que se ha desviado en Arabia Saudí.

Liverpool, mientras tanto, encara un verano cargado de incógnitas. Necesita reforzarse, redefinirse y, sobre todo, decidir qué tipo de equipo quiere ser bajo Iraola. Solo entonces tendrá sentido responder a la pregunta que sobrevuela Anfield: ¿hay espacio para el caos de Darwin en el nuevo Liverpool, o ese capítulo ya se cerró para siempre?