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Conor Gallagher: el nuevo pulso del Tottenham en Sídney

En Sídney, a más de 17.000 kilómetros de Londres, Conor Gallagher se prepara para un partido que va mucho más allá de un simple amistoso de pretemporada. Tottenham se mide a Chelsea en el Accor Stadium, con 80.000 espectadores previstos, en el primer derbi entre ambos clubes disputado fuera del Reino Unido. Para el centrocampista, de 26 años, es también una cita íntima con su pasado.

Gallagher, que llegó a Tottenham procedente de Atlético de Madrid en enero, no tuvo una luna de miel sencilla en el norte de Londres. Las críticas de parte de la afición no tardaron en llegar en sus primeros meses. Pero el guion cambió con la irrupción de Roberto De Zerbi.

El italiano lo rescató del ruido y le recordó el futbolista que había brillado en Chelsea. Le devolvió confianza, piernas y peso en el vestuario. El resultado: un tramo final de temporada en el que Gallagher se convirtió en pieza clave, firmó un gol decisivo en el campo de Aston Villa y ayudó a que el club asegurara su continuidad en la Premier League.

Ahora, en Australia, se le nota distinto.

Un Tottenham global y una grada encendida

Gallagher se detuvo un momento para mirar alrededor en el entrenamiento abierto en Sídney. Camisetas blancas, bufandas, banderas. Tottenham se siente como local en un continente que, hasta hace poco, parecía remoto para el club.

«Es increíble», explicó el centrocampista al hablar del ambiente que han encontrado. La palabra no es exagerada: el Accor Stadium rozará el lleno con 80.000 aficionados para un amistoso de pretemporada. Un dato que habla de la dimensión global que ha alcanzado la entidad.

Los jugadores lo notan. La sesión de entrenamiento, con aficionados en la grada, se convirtió en un pequeño aperitivo del derbi. Y el equipo, tras una temporada durísima, parece alimentarse de esa energía.

Del ocho al diez: un rol que se redefine

En el césped, la transformación de Gallagher también se ve en su posición. Con la llegada de dos mediocentros de alto coste para los puestos de “ocho”, el inglés ha ido adelantando metros. En el tramo final del curso pasado y en esta pretemporada, se ha asentado como “diez”.

No se queja. Al contrario.

Dice que puede jugar como interior en un doble pivote o por detrás del punta, y que disfruta en cualquier zona del centro del campo. Pero reconoce que ese rol más adelantado le permite explotar lo que mejor hace: correr hacia adelante, presionar alto, marcar el tono sin balón y liderar la primera línea de presión.

En un Tottenham que quiere ser más agresivo y vertical, su perfil encaja con naturalidad.

De Zerbi, Simeone y el valor de la confianza

Detrás de este nuevo Gallagher hay dos entrenadores que han marcado su carrera reciente: Diego Simeone y Roberto De Zerbi.

Del técnico de Atlético de Madrid habla con respeto absoluto. «Lo que ha hecho en Atlético es increíble», resume. Pero la clave, para él, está en algo menos visible que la táctica: la confianza.

De Zerbi lo conocía bien de sus duelos en la Premier, cuando el italiano dirigía a Brighton y Gallagher jugaba en Chelsea. Sabía qué tipo de futbolista tenía delante y qué debía recuperar. Cuando el inglés atravesó su peor momento en Tottenham, el técnico no se quedó con la versión apagada que veía entonces, sino con la que recordaba de aquellos enfrentamientos.

Le dio continuidad, le devolvió protagonismo y le exigió. Gallagher respondió. Con minutos, ritmo y sensaciones, la confianza regresó. No por nostalgia de Chelsea, sino por algo mucho más simple: jugar, sentirse fuerte, encadenar buenos partidos.

Un vestuario renovado y con hambre

Tottenham ha agitado su plantilla este verano. Han llegado fichajes importantes, futbolistas de nivel, pero también —como subraya Gallagher— “buenos tipos”, gente con carácter adecuado para un grupo que quiere levantarse tras un año muy duro.

La competencia en el centro del campo será feroz. Y eso, para él, es una señal saludable.

En un club de la dimensión de Tottenham, insiste, si no hay pelea por cada puesto del once titular, algo no funciona. El mensaje es claro: nadie tiene el sitio garantizado. Ni siquiera quienes acabaron el curso pasado en alza.

El ambiente, sin embargo, dista mucho del de hace unos meses. Gallagher habla de un vestuario feliz, de una gira por Australia que ha servido para reforzar la unión del grupo y de entrenamientos intensos, con una idea de juego clara y compartida. Se respira un aire de “nuevo comienzo”, aunque los nombres en la caseta sean, en muchos casos, los mismos.

De promesa a referente: el espejo para los jóvenes

Hay un detalle que revela el cambio de estatus de Gallagher. Cuando le preguntan por los canteranos, no habla como uno más del montón. Habla como alguien que ya siente la obligación de marcar el camino.

Reconoce que hace nada —en su cabeza, casi ayer— era él quien tenía 18 o 19 años y miraba hacia arriba buscando referencias. Por eso ahora intenta devolver lo aprendido: fijar estándares de profesionalidad, cuidar los detalles dentro y fuera del campo, mostrar con el ejemplo qué exige jugar en un club de esta magnitud.

No se trata solo de goles o asistencias. Se trata de cultura de vestuario.

Un derbi lejos de casa, pero con cuentas pendientes

El duelo ante Chelsea en Sídney no reparte puntos, pero sí emociones. Para Gallagher, ex de los ‘Blues’, supone enfrentarse a un escudo que marcó su formación. Para Tottenham, una oportunidad de medir su nuevo pulso competitivo ante un rival directo en la élite inglesa.

La gira por Nueva Zelanda y Australia se cierra con un partido que, por historia y por contexto, tiene más filo que cualquier amistoso estándar. Es un ensayo general con un componente emocional evidente.

Gallagher llega a esa cita con algo que no tenía hace unos meses: estabilidad, confianza y un rol definido. En un Tottenham que ha decidido dejar atrás sus dudas, el centrocampista quiere consolidarse como uno de los símbolos de este nuevo ciclo.

La temporada aún no ha comenzado, pero la pregunta ya está sobre la mesa: ¿será este el año en que ese impulso tardío se convierta, por fin, en liderazgo sostenido?