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Coleraine refuerza su plantilla con McMenamin y Brooks

Ruaidhri Higgins respira hondo y no esquiva el tema. La marcha relámpago de Conor McMenamin a un rival directo podía haber dejado heridas abiertas en Coleraine. Él lo corta de raíz: es “lo mejor para todos”.

El extremo internacional por Irlanda del Norte aterrizó en el Showgrounds en junio procedente de St Mirren. Diez semanas después, hacía las maletas rumbo a Glentoran y dejaba al vestuario y a la grada con la sensación de historia inacabada. McMenamin, en declaraciones tras cerrar su fichaje por el club del Oval, fue claro: “no estaba destinado a ser” en Coleraine. Higgins, recién nombrado entrenador del mes de agosto por la Northern Ireland Football Writers' Association, coincide.

“En el fútbol, y en la vida en general, las cosas no siempre salen como uno espera o según el plan”, explica. “Desde luego no es nada personal con Conor”.

El trasfondo es tan sencillo como contundente: logística y vida familiar. A sus 31 años, McMenamin reconoció que no podía comprometerse a mudarse de Downpatrick a la costa norte, y que las cuestiones personales pesaban demasiado. El técnico lo entiende. Ese trayecto diario de unos 75 millas, cerca de 90 minutos al volante en cada dirección, era, en palabras de Higgins, “insostenible”.

“Conor y yo hemos tenido conversaciones regulares en las últimas semanas”, cuenta. “Hemos llegado a esta conclusión y creo que es lo mejor para todos”.

Un intercambio con sentido

La operación no fue solo una salida. En dirección contraria apareció una solución inmediata a un problema muy real: la falta de efectivos en el centro del campo. Las lesiones de Mark Coyle y Rowan McDonald habían dejado a Coleraine corto de recursos interiores. Ahí entra Joe Thomson.

El centrocampista llega al Showgrounds para sumarse a un núcleo en el que ya están Will Patching y Dylan Boyle, pero con un perfil muy distinto. Higgins lo conoce bien de su etapa en Derry City y no duda al describirlo.

“Joe es muy diferente a los jugadores que tenemos. Juega con filo y tiene gol”, subraya. “Es muy de área a área, muy intenso, y ya he trabajado con él, sé perfectamente lo que me ofrece”.

El intercambio McMenamin–Thomson marcó el cierre del mercado, pero no fue el único movimiento de peso en Coleraine.

La apuesta por Adam Brooks

En paralelo, el club cerró la incorporación de Adam Brooks desde Crusaders. El escocés, de 22 años y con pasado en Celtic, había actuado mayoritariamente en banda la temporada pasada en Seaview, pero había arrancado este curso con fuerza en su posición natural. Su carta de presentación, un triplete ante Portadown en un 3-2 vibrante, captó todas las miradas.

Higgins llevaba tiempo siguiéndolo y lo define como “un joven con un talento enorme”. No lo dice a la ligera. Le ve gol de todas las formas.

“Para no ser el chico más grande del mundo marca buenos goles de cabeza, con la derecha, con la izquierda, desde lejos y dentro del área pequeña”, enumera el técnico. “Tiene buena lectura del juego y muchas cosas en su repertorio. Pienso que si midiera 1,88 nunca habría jugado en esta liga, estaría en otro sitio”.

Coleraine lo ve como una inversión deportiva y económica. Un proyecto a pulir, con techo alto.

“Lo vemos como una inversión y alguien al que podemos desarrollar, y no tengo ninguna duda de que Adam puede dar un salto. Cuando se asiente aquí, no me sorprendería que alcanzara otro nivel en los próximos años”.

Higgins recuerda un partido de Crusaders en Portadown la pasada temporada como el momento en que se convenció.

“Lo vi allí y enseguida me encantó lo que estaba viendo”, admite. “Sé que es un chico fantástico y que jugó fuera de posición muchas veces el año pasado, pero no tengo duda de que es un ‘top, top’ delantero centro. Es muy del molde Robbie Keane, ese tipo de delantero, y hay muchas cosas que me gustan de él”.

Ambición de título en año de centenario

El contexto en Coleraine invita a pensar en grande. El curso pasado el equipo se quedó a solo tres puntos del campeón final de la Irish Premiership, Larne, tras un tramo final de temporada muy sólido. Ahora el club ha apostado fuerte: inversión, estructura profesional a tiempo completo y un discurso sin complejos.

En el Showgrounds ya no se habla solo de competir. Se habla de la Gibson Cup. Los Bannsiders figuran entre los grandes candidatos y la historia añade un matiz poderoso: Coleraine solo ha sido campeón de liga una vez, en 1974. Lograr el segundo título coincidiría, además, con el año del centenario del club.

“Para mí se trata de intentar ganar la segunda liga en la historia del club, y sería extraespecial hacerlo en el año del centenario”, reconoce Higgins. La presión no le asusta. Al contrario. “Cada día me pongo una presión enorme, y por eso estamos aquí. Queremos formar parte de un club ambicioso y exitoso”.

El arranque de temporada refuerza el mensaje. Coleraine marcha invicto, con tres victorias y un empate en las primeras cuatro jornadas, incluido un punto ante el propio Larne. La solidez defensiva destaca tanto como la pegada.

“Estamos muy contentos con el inicio, especialmente con las tres porterías a cero en cuatro partidos, y volvemos a marcar goles, lo cual es muy positivo”, apunta el técnico.

Higgins insiste en mantener los pies en el suelo —“llevamos cuatro partidos, no nos vamos a volver locos”—, pero no disimula su satisfacción con el día a día. Dice sentirse “muy afortunado” y “encantado” en Coleraine. Disfruta del grupo y del cuerpo técnico. Y sabe que el calendario no afloja.

El sábado, visita a Crusaders a las 18:00 BST. Un reencuentro inmediato con el pasado reciente de Brooks, una prueba seria para la racha invicta y otro examen a la ambición de un Coleraine que, esta vez sí, quiere que todo salga según el plan.