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Cody Gakpo: Resiliencia y respuesta tras un verano difícil

Cody Gakpo salió del Volksparkstadion con la mirada tranquila de quien ya ha pasado por demasiadas tormentas para exaltarse por un solo gol. Pero qué gol. Una volea en el descuento para arrancar un 1-1 de orgullo ante Alemania en la Nations League, frente a la selección dirigida por un viejo conocido: Jürgen Klopp.

Detrás de ese disparo hay meses de ruido, dolor y decisiones cambiadas sobre la marcha. Un verano “muy duro”, como él mismo lo define. En lo personal y en lo profesional.

El fichaje que se cayó… y el giro de Liverpool

En agosto, Gakpo estaba en el radar de Manchester City. No como simple opción, sino como objetivo serio: un fichaje de 80 millones de libras sobre la mesa. Las conversaciones avanzaban. El escenario parecía claro: nuevo rol, nuevo entrenador, nueva vida.

Y, de repente, freno en seco.

Liverpool, que había abierto la puerta, decidió echar el cerrojo. El propio Gakpo lo confirmó sin rodeos cuando le plantearon si el club estuvo dispuesto a dejarle marchar antes de cambiar de opinión. Su respuesta fue corta, casi seca: “Spot-on”.

Él no eligió. No pudo. Lo asumió como parte del juego. “Solo intento hacer lo que se me da bien, y eso es jugar al fútbol”, explicó. No hay dramatismo en su tono, solo una aceptación madura de que hay batallas que no dependen del jugador. “Puedo preocuparme mucho por todo lo que podría haber pasado, o lo que no pasó, o lo que sea, pero eso no ayudaría a la situación”.

La operación con el City se deshizo, pero Gakpo no se vino abajo. No hubo gesto torcido ni discurso envenenado. Respondió en el campo.

Gol en el empate del primer fin de semana de Premier ante Newcastle. Otro tanto en la victoria de Carabao Cup frente a Spurs. Cinco asistencias ya en el arranque de curso. Nada de lamentos. Nada de excusas.

El golpe más duro, lejos del césped

El mercado fue complejo. Lo verdaderamente devastador, sin embargo, llegó antes y lejos del balón.

A principios de verano, Gakpo y su pareja, Noa van der Bij, anunciaron la muerte de su segundo hijo durante el embarazo. Un mazazo íntimo, silencioso, que coloca cualquier debate futbolístico en un segundo plano.

“Fue un verano difícil para mí, para mi familia y todo lo que rodea al fútbol y a la vida”, reconoció. No desarrolló detalles. No hacía falta. “Es una historia muy larga. El verano fue muy duro respecto a todo. Así que dejé que todo fuera y ver cómo salía, y ha terminado así”.

Entre el duelo personal y la incertidumbre profesional, el delantero optó por una filosofía clara: controlar solo lo que está en sus manos. “Estoy en un punto en el que no me importa, solo quiero disfrutar del fútbol con mis amigos, con mis compañeros. Quiero disfrutar de mi vida y lo que pase, pasará. Si no tengo control sobre la situación, no me preocuparé. Solo hago mi trabajo”.

En un fútbol que vive del drama constante, su serenidad descoloca. Pero explica mucho de cómo está jugando.

Decepción, autocrítica y un nuevo punto de partida

Gakpo no esconde que la temporada pasada quedó lejos de lo que esperaba. Tampoco se refugia en el mal año colectivo de Liverpool, que terminó con la salida de Arne Slot. “Podría hacerlo mucho mejor de lo que hice el año pasado”, admitió sin rodeos.

Ese reconocimiento, sumado a su respuesta inmediata en el césped, lo coloca en un lugar distinto dentro del vestuario. Ya no es solo el fichaje de proyección, sino un futbolista que ha atravesado un verano límite y ha salido con más colmillo competitivo.

Su gol ante Alemania, en el tiempo añadido, fue algo más que un empate en la Nations League. Fue la confirmación de que su temporada no va a estar marcada por lo que no ocurrió en agosto, sino por lo que está dispuesto a hacer ahora.

Van Dijk, mensaje directo al club

Dentro de la selección neerlandesa y en Anfield hay una voz que no duda cuando habla de Gakpo: Virgil van Dijk. Capitán de la Oranje, líder de Liverpool, amigo del delantero. Y contundente defensor de su continuidad.

“Si la gente no apreciaba a Cody antes, personalmente no lo entiendo”, lanzó el central tras la volea agónica ante Alemania. Para él, no había debate. “Para nosotros, como equipo y como club, era una decisión obvia mantenerle. Hubo conversaciones, pero, en mi opinión, no puedes dejarle marchar y por eso lo dije”.

Van Dijk no se esconde: quiere a Gakpo cerca. “Es un amigo también. Nuestro, por favor: que siga siendo así”. Un mensaje que suena tanto a respaldo personal como a advertencia institucional.

Cuando un capitán de ese peso se posiciona así, el club escucha. O debería.

Un jugador distinto tras el verano más difícil

Gakpo habla de disfrutar. De no preocuparse por lo que no puede controlar. Pero su fútbol cuenta otra parte de la historia: la de alguien que ha decidido responder con carácter.

No hay rastro de apatía tras el fichaje frustrado. Al contrario. Se ofrece, pide el balón, ataca el área, asume responsabilidad. Esa mezcla de calma exterior y ambición interior lo convierte en una pieza demasiado valiosa como para haberla dejado marchar a un rival directo.

Liverpool cambió de idea a tiempo. Manchester City se quedó sin su objetivo. La selección neerlandesa celebra ahora un gol que lleva mucho más peso del que muestra el marcador.

El verano de Cody Gakpo fue, en sus propias palabras, “muy duro”. El otoño, por ahora, lo está escribiendo él. Y la pregunta ya no es qué habría pasado si se hubiera ido, sino hasta dónde puede llegar ahora que ha decidido quedarse y asumir el centro del escenario.