Celtic en crisis: Análisis de la temporada y la estrategia deportiva
El respaldo a Martin O’Neill quedó escondido en medio de un mazazo contable. En una declaración de mil palabras sobre unos resultados financieros preocupantes, Celtic intentó lanzar un mensaje de unidad alrededor de su técnico. Pero entre líneas, el comunicado del consejo dejó al descubierto mucho más: una estrategia deportiva errática, una sucesión mal gestionada en el banquillo y un club que, en pleno 60º aniversario de los Lisbon Lions, vive muy lejos de la élite europea a la que dice aspirar.
Fichajes de parche y una ventana de enero que delata al club
Brian Wilson, presidente interino, no se anduvo con rodeos en una de las frases clave de su informe: el club decidió conscientemente virar hacia cesiones con opción de compra en el mercado de enero de 2026. Los números son claros. Tras gastar 42,6 millones de libras el año anterior, la inversión en “adquisición de jugadores”, incluyendo agentes, cayó a 17,5 millones. No fue casualidad. Fue política.
En la práctica, significó una ventana de emergencia para un equipo descolgado en la lucha por el título frente a Hearts. La respuesta del club fue una oleada de préstamos: cinco cesiones, más la llegada de Alex Oxlade-Chamberlain fuera de plazo, para intentar arreglar un verano calificado internamente como un desastre.
Martin O’Neill creyó tener cerca los fichajes definitivos de Fares Ghedjemis y Damir Redzic. Acabó recibiendo a Joel Mvuka, Tomas Cvanara y Junior Adamu. Entre los tres, apenas sumaron tres goles. Demasiado poco para un equipo que se vio obligado a vivir de la energía inagotable de Daizen Maeda y de un Kelechi Iheanacho a medio gas, sosteniendo al campeón casi a pulso.
No era la primera vez que el club reconocía un invierno fallido. Doce meses antes, Peter Lawwell ya había admitido un mercado invernal por debajo de las expectativas. La diferencia es que ahora el giro hacia las cesiones se presenta como “decisión estratégica”. Una forma elegante de admitir que se optó por tapar agujeros en lugar de construir.
Rodgers, Nancy y un año de inestabilidad autoinfligida
La otra confesión de Wilson fue todavía más contundente. El presidente interino describió los últimos 12 meses como “dramáticos”, con momentos de alegría y otros “profundamente frustrantes”. En el centro del terremoto, un nombre: Brendan Rodgers.
La marcha del técnico norirlandés se califica como un “evento no anticipado” que abrió un periodo de inestabilidad. Wilson incluso llega a sugerir que, en otras circunstancias, el nombramiento de Wilfried Nancy podría haber funcionado. Pero la realidad fue brutal: el francés duró 33 días, con seis derrotas en ocho partidos, antes de que O’Neill tuviera que regresar de urgencia.
El discurso oficial insiste en señalar a Rodgers como detonante del caos. El propio Dermot Desmond ya había cargado contra él, acusándolo de priorizar su “autopreservación” por encima del club. Rodgers, por su parte, nunca escondió su malestar con la planificación estival: las salidas de Nicolas Kühn y Kyogo sin recambios antes de la previa de Champions, la venta de Adam Idah en el último día de mercado sin sustituto. El divorcio era inevitable. Pero el plan B de Celtic fue un fracaso sonoro.
La apuesta por Nancy, procedente de Columbus Crew, se vendió como una transición ambiciosa. Acabó convertida en símbolo de improvisación. Y aun así, Wilson se aferra a la idea de que “en otro momento de la temporada” podría haber salido bien. Es una explicación que difícilmente calmará a una afición que vio cómo la temporada se escapaba en pocas semanas de desconcierto.
Un club sin presidente fijo y un consejo en transición interminable
En otro punto del comunicado, Wilson admite que el proceso de “renovación del consejo” sigue en marcha, incluida la búsqueda de su propio sucesor. Nueve meses después de la salida de Lawwell, Celtic sigue sin presidente permanente. Wilson, de 77 años y con pasado en la política, asumió el cargo de forma interina en enero. Desde entonces se han incorporado Mark Keane y Raymond Buchanan al consejo, pero la silla principal continúa sin dueño definitivo.
Han pasado 266 días y el club sigue instalado en una especie de interinidad institucional. Sobre el papel, es una transición. En la práctica, transmite la sensación de que las grandes decisiones se toman sin una figura fuerte y estable al mando.
Nicholson, entre la autocrítica y el bucle europeo
El consejero delegado, Michael Nicholson, también firmó su propia reflexión. Recordó el final de la temporada 2025/26, con un triplete doméstico: Premiership ganada en la última jornada, Scottish Cup y Women’s Scottish Cup. Un cierre brillante para un curso que, según sus propias palabras, fue “desafiante” dentro y fuera del campo. Hubo “turbulencias”, errores, lecciones que aprender.
La teoría suena bien. La práctica cuenta otra historia. Doce meses después de caer en la previa de Champions ante Kairat Almaty, Celtic repitió el mismo tropiezo, esta vez frente a LASK. Mismo guion, distinto rival.
El verano había arrancado con señales de ambición: fichajes de Kasper Høgh como récord del club, más Camilo Duran y Mika Baur. Y de repente, el freno. El mercado quedó prácticamente congelado a la espera de saber si el equipo entraba o no en la fase de grupos de la Champions. Un nuevo “all-in” de 40 millones que volvió a salir cruz. Otra vez, Europa League.
El discurso de “calidad por encima de cantidad” duró lo que tardó en confirmarse la eliminación. En los últimos días de mercado, vuelta al patrón conocido: cesiones, agentes libres, proyectos a futuro. Mientras tanto, el enorme vacío en el centro del campo que dejó Arne Engels sigue sin llenarse. O’Neill lo ha reconocido públicamente. La pregunta se impone sola: ¿está el club aprendiendo realmente de los errores que le cuestan decenas de millones en ingresos europeos?
El techo de cristal europeo y un relato que ya no convence
Nicholson subraya que alcanzar la fase de liga de la Champions es un objetivo compartido por todos. Los datos, sin embargo, son demoledores: Celtic ha fracasado en ocho de sus últimos diez intentos de clasificarse, incluyendo las seis últimas campañas de previa. La hegemonía doméstica contrasta con un historial continental que se ha convertido en una losa.
El club no gana una eliminatoria europea desde la primera etapa de O’Neill, en 2004. Más de dos décadas sin superar un cruce. No es una mala racha. Es un patrón estructural. Por eso, las nuevas disculpas del consejero delegado suenan cada vez más huecas para una grada que ve cómo la marca Celtic se encoje fuera de Escocia.
El respaldo explícito a O’Neill, al que el propio Nicholson agradece haber “dado un paso al frente” dos veces para rescatar al equipo y haber aceptado liderarlo una temporada más, llega en el momento más delicado. El equipo ha empezado bien en la Premiership, pero se ha vuelto a quedar a las puertas de la Champions. Y las derrotas de la última semana, admite el director ejecutivo, han sido “dolorosas para todos”.
Lisboa como espejo incómodo
En medio de todo este ruido, el club se prepara para celebrar el 60º aniversario de su mayor gesta: los Lisbon Lions. Nicholson apela a su legado, al papel de la afición en aquel viaje, a la inspiración que todavía supone ese equipo. Pero el contraste es inevitable. En el año en que Celtic mira atrás hacia el Olimpo europeo, ya no es, en la práctica, un club de Champions.
La derrota sin respuesta ante Ferencvaros, otro nombre que se suma a la lista de rivales con recursos muy inferiores que han eliminado a los escoceses en Europa, abre una duda aún más incómoda: ¿está este Celtic siquiera preparado para competir con garantías en la Europa League?
El consejo volverá a pedir unidad. Lo ha hecho en el comunicado, lo hará en los próximos meses. Pero el clima ha cambiado. Las protestas contra la directiva amenazan con intensificarse, alimentadas por una sensación de estancamiento deportivo y de gestión cortoplacista.
En un club que presume de historia continental y de potencial económico muy superior al de sus verdugos recientes, la cuestión ya no es solo por qué vuelve a fallar la previa de Champions. La pregunta que se hacen muchos en la grada es otra, mucho más profunda: ¿están las personas que mandan en Celtic realmente capacitadas para liberar todo lo que este club podría llegar a ser?






