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Michael Carrick enfrenta su mayor desafío como entrenador del Manchester United

Michael Carrick eligió el peor momento deportivo para firmar su mejor actuación… ante los micrófonos. Bajo presión, con el Manchester United en su peor arranque liguero desde 1986, fuera de la Carabao Cup y zarandeado por una derrota en la Champions League ante Atlético de Madrid, el técnico apareció imperturbable. Justo cuando el ruido arrecia, Carrick decidió bajar el volumen.

No es un simple bache. Es la primera crisis seria de su etapa al mando. Dos meses después de iniciar su primera temporada completa como entrenador del United, el equipo se desangra en la Premier y viene de un golpe europeo que ha destapado grietas internas. Lisandro Martínez, uno de los pesos pesados del vestuario, apuntó directamente al director de fútbol, Jason Wilcox, tras la derrota en Madrid: “Espero más inversión, 100%. Espero más de nuestro director técnico”. Un dardo envenenado que recordó a otro episodio reciente en Old Trafford.

La escena tiene un inquietante aire de déjà vu. En enero, un 1-1 en Leeds fue el último partido de Ruben Amorim como técnico del United después de exigir públicamente a la dirección deportiva que “hiciera su trabajo”. Entonces el equipo era sexto. Hoy, con Carrick, llega al fin de semana en la 13ª posición. Y el calendario, caprichoso, le devuelve este domingo a Elland Road, un estadio que nunca recibe con cariño a su rival de siempre al otro lado de los Peninos.

Hace apenas unos meses el panorama era diametralmente opuesto. En la última jornada de la pasada temporada, el United ganó 3-0 en Brighton, aseguró un meritorio tercer puesto y, 48 horas después, Carrick firmó por dos años como entrenador principal. El ambiente era de optimismo, de proyecto en marcha. Hoy, tras sumar solo seis puntos en las primeras seis jornadas y empatar 1-1 ante Tottenham en Old Trafford el pasado sábado, su puesto vuelve a ser tema de conversación mientras “las paredes se le cierran” antes incluso de que atrase la hora del reloj.

En ese contexto, la rueda de prensa del viernes era un campo minado. Martínez había encendido la mecha con sus declaraciones sobre Wilcox y el vestuario parecía en entredicho. Carrick, sin embargo, ofreció una lección de contención. Se aferró a una idea: “muy buenas sensaciones” en el club. Una y otra vez.

“No es ningún drama para nosotros como grupo”, aseguró. “Los chicos han entrenado muy bien. Esta mañana había una sensación realmente buena en la plantilla… hemos pasado página muy rápido”. Suena a discurso pulido por los responsables de comunicación del club. Pero, en realidad, ¿qué otra cosa podría decir públicamente un entrenador que dirige un gigante en plena tormenta?

Lo relevante no fue tanto el mensaje como la forma. Carrick habló con calma, sin alterarse ante las preguntas más incisivas. Cuando un periodista cuestionó ese relato de buen ambiente con un “tendremos que creerle sobre la palabra”, el técnico reaccionó con una sonrisa, pero con firmeza. “Digo la verdad cuando digo eso”, respondió. “¿No me crees? Los jugadores me creen totalmente. Digo la verdad. La plantilla hoy estaba en un lugar fantástico, mejor de lo que la he visto en un tiempo, de hecho, y ya está, simple y llanamente. Somos emocionales, somos apasionados, nos importa mucho”.

No es el discurso de alguien que se siente superado. Y eso, en un club sometido a un escrutinio brutal desde el tropiezo en Madrid, no es menor.

Conviene recordar el contexto de su llegada definitiva al banquillo. Cuando firmó como técnico permanente, Carrick apenas acumulaba 21 partidos de experiencia en la élite, repartidos en dos etapas como interino en el propio United. Tomó el relevo de Amorim con 17 jornadas de liga por delante. Ahora, con una temporada completa, cuatro competiciones y un calendario exigente, se empiezan a notar las costuras.

La eliminación temprana en la Carabao Cup a manos de Brighton no fue precisamente una carta de presentación brillante en cuanto a gestión de esfuerzos. Tampoco ayudó su reacción tras la derrota 2-0 en el debut liguero en Hull, después de una primera parte desastrosa. Cuando se le sugirió que al equipo le había faltado “pasión”, Carrick se revolvió: “Oh, venga. Eso es ridículo”. Una respuesta que dejó la sensación de un entrenador a la defensiva.

El problema principal, hoy, está detrás. La zaga falla demasiado y arrastra a un equipo que, paradójicamente, produce mucho en ataque. El United es el conjunto con más disparos (125) y más toques en el área rival (205) en la Premier League. Nueve goles en seis jornadas no son una cifra dramática, pero sí insuficiente para lo que genera. Falta colmillo. Falta convertir un frente ofensivo prometedor en una máquina de castigar.

Ahí se juega buena parte del futuro inmediato de Carrick: encontrar el encaje adecuado entre Benjamin Sesko, Matheus Cunha, Bryan Mbeumo, Marcus Rashford, Amad Diallo, Bruno Fernandes, Kobbie Mainoo, Youri Tielemans, Andrey Santos y Carlos Baleba. Nombres tiene. Opciones, también. El reto es construir un once reconocible y equilibrado.

Baleba, de hecho, ha sido una de las pocas noticias ilusionantes de las últimas semanas. Brilló en sus dos primeras apariciones, ante Spurs y Atlético, y deja la sensación de que, de no haber llegado lesionado, podría haber ofrecido antes ese escudo desde el puesto de mediocentro que tanto necesita una defensa frágil. En su figura se agarra parte de la esperanza de Carrick para apuntalar la estructura.

El uso de Tielemans en el Metropolitano también dejó pistas. Colocarle como mediapunta, a sus 29 años, sugiere que el técnico duda de su capacidad física para sostener el ritmo en zonas más bajas del campo. Y las estadísticas de esfuerzo del equipo no ayudan a despejar la sospecha de que al United le falta trabajo sin balón: sus 671,4 kilómetros recorridos en liga son el quinto registro más bajo (Arsenal lidera con 716,2 km) y sus 581 sprints también le sitúan en la parte baja, cuarto por la cola (Brentford manda con 765).

Ahora llega Elland Road. Un estadio caliente, siempre. Más aún cuando se trata de recibir al United. Leeds es noveno y solo ha perdido un partido. El ambiente será hostil, eléctrico, de los que ponen a prueba la personalidad de un equipo.

“Es una gran rivalidad”, reconoció Carrick, que no escatimó elogios para el técnico local, Daniel Farke. “Hay mucha historia entre los clubes, entre las zonas. Eso es lo que hace especiales este tipo de partidos. Tienes que abrazar la historia, lo que significa. Estoy seguro de que habrá un ambiente fantástico el domingo. Le da intensidad y habrá un poquito más, contra nosotros… Por supuesto, tenemos que estar preparados, y los chicos lo estarán”.

Más allá del discurso, la realidad es tozuda: Carrick necesita un resultado que cambie la dinámica. Él lo niega, al menos en términos personales, y vuelve a apoyarse en una idea de club por encima de nombres propios. “Yo no necesito resultados, todos necesitamos resultados”, subrayó. “No se trata de mí. Manchester United es mucho más grande que cualquier individuo, más grande que yo, más grande que cualquier jugador, que cualquiera que trabaje en este club. No se trata de mí, así que, por favor…”.

El técnico insiste en que no afronta cada día pensando en su futuro, sino en el peso del escudo. “No voy a trabajar, en esta situación, este partido, pensando en mí. Se trata de lo que representamos, de lo que vivimos, de la historia, de las cosas a las que tenemos que estar a la altura, y eso es lo que nos impulsa. Así que lo más importante es lo que sea mejor para el club y para el equipo el domingo”.

El discurso es impecable. El tono, sereno. La imagen, de control. Ahora la pregunta es otra, mucho más simple y mucho más cruel: ¿podrá su equipo sostener ese mismo aplomo cuando ruja Elland Road y el marcador empiece a dictar sentencia sobre el rumbo de su temporada?