Logotipo completo Tribuna Gol

Benín se asoma al fútbol mundial en el adiós de Messi

A la sombra de Nigeria, acostumbrado a pasar de puntillas por el mapa futbolístico africano, Benín se asoma de pronto al foco más deslumbrante posible. No por una clasificación histórica. No por un título. Por algo todavía más irrepetible: ser el último rival internacional de Lionel Messi.

El martes en Buenos Aires (miércoles 00:00 BST), en un Estadio Monumental abarrotado, Argentina se despide de su capitán eterno en un amistoso que, sobre el papel, enfrenta a los subcampeones del mundo con una selección cuyos futbolistas se reparten entre Finlandia, la segunda división de Suiza y la liga de Sudáfrica. Sobre el césped, sin embargo, habrá mucho más que un simple trámite.

El adiós de Messi, el escaparate de Benín

La noche está construida alrededor de Messi. Hasta la camiseta lo dice. Argentina lucirá una equipación especialmente diseñada para la ocasión, una edición conmemorativa que ya se mira como pieza de museo. La que vista el ’10’ en su último partido con la Albiceleste puede convertirse en una de las camisetas más caras de la historia del fútbol.

Enfrente, los Cheetahs de Benín, un equipo que rara vez ocupa titulares fuera del continente, pero que se ha ganado a pulso esta oportunidad. Su capitán, Steve Mounie, es el nombre más reconocible del grupo: delantero del FC Augsburg en la Bundesliga y viejo conocido de los aficionados del Huddersfield Town, donde jugó entre 2017 y 2020.

Mounie lleva más de una década defendiendo a su país. Y aun así, confiesa que nunca había jugado un partido con la selección fuera de África. Esta vez, ni lesionado quiso quedarse en casa.

“El seleccionador me llamó para hablar de este partido. No sabíamos que iba a ser el último de Leo Messi”, explicó a BBC Sport. “Fue como la guinda del pastel. Le añade aún más valor a este gran evento para Benín, y va a ser un gran evento para el mundo del fútbol”.

La lesión le impide participar. No le impide estar. Ni siquiera ha pedido que le cubran el viaje.

“No puedo jugar. He venido solo para unirme al equipo, para apoyarlo. Y tengo que ser honesto: el fútbol es mi pasión. He venido por mí mismo. Incluso pagué mi propio billete para venir”, reconoció. “Preferiría estar en el banquillo, pero si me dicen que tengo que estar en la grada, estaré en la grada. No hay problema. Quiero ver el partido a pie de campo”.

Un amistoso sin puntos… y con mucho en juego

El marcador será lo de menos para Benín, pero no el escenario. Para muchos de sus jugadores, este choque es una vidriera única: mostrar su nivel ante los vigentes campeones del mundo, frente a cámaras de todo el planeta, en la noche en la que se despide el futbolista que ha marcado una era.

“Somos un equipo muy disciplinado”, describe Mounie. “Tenemos mucho talento joven ahora mismo, con buenas cualidades técnicas. Siempre queremos ir hacia adelante. Jugamos un fútbol de presión, pero cuando no podemos, nos mantenemos juntos y luchamos. Somos un equipo como una familia”.

Y ahí, el capitán encuentra un espejo al otro lado.

“Creo que podemos relacionarnos con esta Argentina porque ellos también se sienten como una familia, en la que Messi es como un padre”.

Argentina llega lanzada. En su puesta a punto para este partido, goleó 7-0 a Burkina Faso, otra selección de África occidental. El resultado alimenta pronósticos de una noche parecida ante Benín, con una superioridad clara y poco margen para la sorpresa.

Lo que casi nadie espera es que Messi juegue los 90 minutos. El guion más probable habla de una ventaja cómoda, un segundo tiempo más calmado y un cambio pactado para que el Monumental se ponga en pie y despida, por última vez con su país, al futbolista que ha definido la camiseta celeste y blanca.

La camiseta más buscada del planeta

Cuando suene el pitido final, la atención se moverá de inmediato del marcador a la espalda de Messi. O mejor dicho, a lo que lleva puesto.

“Conseguir una camiseta de partido de Messi es increíblemente difícil porque todo el mundo sabe lo valiosas que son”, explica Doug Bierton, fundador de Classic Football Shirts. “Cada jugador en el campo quiere intercambiarla con él. Es la primera vez que una leyenda se despide con una camiseta de edición especial”.

Bierton, coleccionista con miles de camisetas icónicas en su archivo privado, coloca esta última casaca de Messi en una vitrina muy concreta: la de las piezas irrepetibles. La compara con la de Diego Maradona el día de la ‘Mano de Dios’ ante Inglaterra en México 86, vendida por 7,1 millones de libras en una subasta en mayo de 2022. O con la de Zinedine Zidane en su último partido con Francia, aquella final del Mundial 2006 que terminó con su expulsión tras el cabezazo a Marco Materazzi.

Que una camiseta de un amistoso entre en esa conversación dice mucho. Habla de la dimensión de Messi, de la sensación extendida de que estamos ante el mejor futbolista de todos los tiempos. No hay título en juego, pero el valor simbólico y de coleccionista se dispara.

Bierton no cree que solo los jugadores de Benín sueñen con ese intercambio.

“Estoy seguro de que algunos de sus compañeros también la querrán. Es muy amigo de Rodrigo De Paul. Probablemente la quiera. ¿Recibe un regalo, un presente de retirada?”, se pregunta. “El utillero también irá detrás de ella. ¿Quién sabe? Yo voy a ver el partido solo para ver con quién cambia la camiseta”.

Una noche pequeña para unos, gigantesca para otros

Para Argentina, el duelo ante Benín se recordará como el telón final de Messi con la Albiceleste. Para Benín, puede ser el partido que cambie cómo el mundo mira a su selección. No por el resultado, sino por la imagen que deje un grupo de futbolistas que, desde ligas menores y mercados discretos, se plantan ante el gigante con la misma idea que repite su capitán: disciplina, presión, familia.

En el Monumental, el foco estará clavado en Messi. Pero cuando el balón ruede, cada sprint de un beninés, cada entrada, cada control limpio tendrá un valor añadido. Es su noche para decir: “Aquí estamos”.

Y mientras el mundo aguarda el momento en que el ’10’ levante la vista, mire al banquillo y entregue por última vez su camiseta de Argentina, Benín se prepara para vivir algo que quizá no vuelva a repetirse jamás. Porque no todos los días una selección que vive a la sombra salta al campo para acompañar al sol en su última puesta.