Aston Villa derrota a un Tottenham sin rumbo
Aston Villa asestó otro golpe a un Tottenham que no encuentra el camino. Triunfo visitante por 3-2 en el norte de Londres, primera victoria de la temporada en la Premier League para el equipo de Unai Emery y más presión sobre un conjunto local que ha gastado cerca de 300 millones de libras en verano… sin ganar todavía en Liga.
El guion se repitió. Buen inicio, ocasiones, sensación de control. Y desplome.
Tottenham llegaba con cuatro jornadas sin marcar, pero con ciertos brotes verdes tras los 0-0 ante Nottingham Forest y Everton. Esta vez volvió a salir con energía. Apenas comenzado el partido, el nuevo portero de Villa, Zion Suzuki, ya estaba en el foco.
Sandro Tonali se inventó una gran acción por la izquierda y encontró a Savio, cuyo disparo de primeras lo repelió Suzuki. El rechace quedó muerto y el brasileño volvió a cargar, esta vez con un tiro potente que el guardameta desvió por encima del larguero.
El impulso se frenó de golpe con la lesión de Pedro Porro, obligado a retirarse por un problema en el tobillo. Entró Archie Gray y casi firma un estreno soñado: Savio filtró un pase delicioso, Gray se plantó ante Suzuki y su remate raso se estrelló en el interior de las piernas del portero. En el córner posterior, Savio conectó una volea magnífica que Suzuki volvió a sacar con una estirada felina. El estadio rugía. El gol parecía cuestión de tiempo.
Pero el que golpeó fue Aston Villa.
Gol psicológico y desmoronamiento
Tras resistir el arreón inicial, los de Emery empezaron a asomar. Antonin Kinsky, meta de Spurs, tuvo que reaccionar rápido para desviar un disparo potente de Emi Buendia, y poco después Nicolas Jackson, tras un giro elegante ante Jan Paul van Hecke, cruzó demasiado su remate.
Tottenham lo intentó desde lejos con Tonali, cuyo tiro fue desviado a córner, y reclamó penalti por un posible contacto sobre Dominic Solanke en un cabezazo de Johan Manzambi. Nada. El descanso se acercaba y el 0-0 parecía firmado.
Hasta que llegó el golpe que cambió todo.
Micky van de Ven, capitán de Spurs, estaba fuera del campo siendo atendido tras un golpe en la cara con Tyrone Mings. Andy Robertson trató de evitar que el balón saliera por la línea de fondo, pero en su intento solo consiguió mantenerlo vivo para John McGinn. El escocés encontró a Boubacar Kamara en el costado y su centro raso lo empujó Manzambi en el añadido del primer tiempo. Un mazazo. Otro más para un Tottenham frágil.
La segunda parte fue otro tipo de partido
Y no precisamente el que necesitaban los locales.
Roberto De Zerbi reaccionó al descanso: fuera Mateus Fernandes, dentro Mohammed Kudus. Sobre el papel, más colmillo. En la práctica, menos control.
Villa empezó a mandar en la medular. Jackson dispuso de dos buenas ocasiones: en una se topó con un bloqueo valiente de Kinsky, en otra definió mal. Parecía una advertencia. Tottenham, mientras, seguía buscando romper su sequía liguera.
Al cumplirse la hora, lo logró… solo por unos segundos. Tonali filtró un pase a la carrera de Robertson, cuyo centro al área pequeña lo empujó Kudus. Estalló el estadio. Pero el VAR entró en escena y anuló el tanto por fuera de juego. Otra puñalada para un equipo que vive al borde del colapso emocional.
James Maddison saltó al césped para intentar aportar pausa y claridad. No tuvo ni tiempo. Segundos después, Aston Villa castigó de nuevo.
Van Hecke midió mal un balón largo, Jackson protegió, giró sobre Van de Ven y colocó un disparo preciso al palo largo. 0-2 y sensación de sentencia. El sector visitante se encendió. El resto del estadio, enmudecido.
Buendia firma la obra de arte y desata los cánticos
Si quedaba alguna duda, Emi Buendia la borró de un zapatazo. A once minutos del final, el argentino recibió a unos 25 metros de la portería, levantó la cabeza y soltó un disparo extraordinario, seco, teledirigido a la escuadra. Kinsky voló para la foto; el balón ya estaba dentro. Un golazo que cerraba el partido y abría la herida.
Desde la grada visitante bajó el mensaje, claro y cruel: “you’re getting sacked in the morning”. La paciencia con De Zerbi se agrieta, y no solo fuera del campo.
Tottenham, al menos, rompió por fin su maldición de cara al gol. En el 87, Kudus apareció por la derecha y puso un centro tenso que Conor Gallagher empujó desde muy cerca. Primer tanto liguero del curso para los Spurs. Demasiado tarde para cambiar el destino de la tarde, pero un pequeño alivio estadístico.
Ya en el añadido, Van Hecke se redimió parcialmente con un cabezazo a la red tras una falta lateral botada por Robertson. 2-3. Sin tiempo para más.
Un dato que duele
El pitido final llegó acompañado de abucheos. No era solo por el resultado. Era por la sensación de déjà vu, por la fragilidad, por la inversión millonaria que todavía no se traduce en un equipo reconocible.
Las cifras son demoledoras: Tottenham solo ha ganado tres de sus últimos 25 partidos de Premier League en casa. Con este nuevo tropiezo, el parón internacional llegará con los Spurs instalados en la zona de descenso.
La inversión está hecha. El banquillo, cuestionado. El estadio, inquieto. ¿Cuánto tiempo más tardará este proyecto en parecerse al club que dice querer ser?






