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Aston Villa conquista la Europa League tras 44 años

Cuarenta y cuatro años después de tumbar al Bayern Munich para alzar la Copa de Europa, Aston Villa vuelve a reinar en el continente. El puente entre aquellas noches en Rotterdam y este triunfo en Estambul tiene nombre y apellido: Unai Emery.

El técnico de 54 años se ha convertido en la certeza más cercana que existe en esta competición. El maestro de la Europa League ya suma cinco títulos con cuatro clubes distintos. Esta vez, con un Villa que ha pasado de tocar fondo en la Premier League a firmar la cumbre de su historia moderna.

De Preston a Estambul: la resurrección de un club

Los goles de dibujo animado de Youri Tielemans y Emi Buendía, coronados por el tercero de Morgan Rogers, destrozaron a un Freiburg irreconocible en una final sin equilibrio en el Besiktas Park. Fue un 3-0 que no solo rompió una sequía de 30 años sin títulos, también cerró un círculo que empezó en los días grises de Championship y desplazamientos entre semana a Preston.

La imagen que quedará para siempre es la de John McGinn levantando el trofeo. El escocés, que hace siete años ayudó a devolver al club a la Premier con aquella victoria ante Derby County en Wembley, se ha ganado este momento a base de constancia, kilómetros y carácter. De ser el pulmón en Segunda a capitán de una noche grande en Europa.

A su alrededor, una columna vertebral que ha crecido con él. Tyrone Mings y Tammy Abraham formaban parte de aquel grupo de 2019. Ezri Konsa, Emi Martínez, Ollie Watkins o Matty Cash se fueron sumando en los doce meses posteriores. Entre todos han construido un equipo que llevaba tiempo pidiendo una noche así.

Amenazaron con dar el salto definitivo, pero se quedaron a las puertas: semifinales de Conference League en 2024, cuartos de Champions la temporada pasada, eliminados por el que luego sería campeón, Paris Saint-Germain. Esta vez no hubo dudas. En la capital turca, Villa aplicó todo lo aprendido en ese recorrido: controló la distancia, enfrió a Freiburg y asestó tres golpes limpios, sin titubeos.

En Estambul, estos jugadores han bordado sus nombres en la historia del club junto a leyendas como Paul McGrath o Peter Withe. De la nada al Olimpo en una década.

Emery, el señor de la Europa League

Thomas Tuchel lo dijo antes de la Supercopa de 2021 entre Chelsea y el Villarreal de Emery: la UEFA podría acabar rebautizando el trofeo con su nombre. No iba desencaminado. Con la victoria a orillas del Bósforo, el técnico vasco ha levantado la copa de 47 kilos cinco veces con cuatro equipos distintos.

En el contexto de los grandes torneos europeos solo Carlo Ancelotti, con cinco Champions League, ha ganado una competición continental tantas veces como Emery ha conquistado la Europa League. Pero hay un matiz que lo distingue: es el primero que lo logra con tres clubes diferentes, tras sus tripletes con Sevilla, el éxito con Villarreal y ahora este título con Aston Villa.

Él insiste en que no es el “rey” del torneo. Sin embargo, para los 11.000 aficionados vestidos de claret and blue en la grada, entre los que se encontraba el propio príncipe William, Emery es algo muy parecido a una figura de culto. En cuatro años ha llevado al equipo del 17º puesto en la Premier a la zona Champions y a un título europeo mayor.

También restó importancia a su pasado en la previa, asegurando que sus éxitos previos no influirían en esta final. Pero su plan de partido contó otra historia. Diseñó un encuentro que subrayó la superioridad física y técnica de su equipo, y desde el momento en que Tielemans conectó su volea, el resultado dejó de parecer un interrogante.

Conviene recordar de dónde venía este Villa. No ganó ninguno de sus cuatro primeros partidos de la temporada y no marcó hasta finales de septiembre. Desde ahí, Emery enderezó el rumbo, llevó al equipo a los puestos de Champions y ahora añade un título europeo a la vitrina. Su estatus de gran entrenador de la era moderna ya no admite discusión.

Un plan directo, dos golazos y un final sin sobresaltos

Durante 40 minutos, nada hacía presagiar la exhibición que se venía. El partido nació trabado, con faltas constantes y poco ritmo. Ninguno de los dos lograba mandar. Villa parecía atascado, pero el guion escondía una trampa: Emery había preparado a los suyos para saltarse la presión de Freiburg a base de balones largos hacia Watkins.

El duelo se hacía pesado hasta que apareció el laboratorio de Austin MacPhee. Un córner en apariencia inofensivo, un saque en corto de Lucas Digne que pilló dormida a la zaga alemana, Morgan Rogers con tiempo para levantar la cabeza y medir el envío. El balón cayó, milimétrico, en la frontal del área. Allí esperaba Tielemans, que soltó una volea seca, violentísima, que pasó como un misil junto a Noah Atubolu. Uno de esos goles que cambian un escenario entero.

La presión se abrió como una presa. Villa ha vivido de lo espectacular todo el año, con cifras goleadoras por encima de sus números esperados. Volvió a hacerlo. Esta vez, con la zurda “mala” de Buendía. Recibió al borde del área, acomodó el cuerpo y dibujó un disparo enroscado que se coló en la escuadra, fuera del alcance de la mano desesperada de Atubolu.

Ver la pelota describir esa curva y besar la red lateral fue un lujo. François Letexier, el árbitro francés, ni esperó a que se enfriara el rugido: pitó el descanso casi de inmediato, como si entendiera que no podía haber mejor cierre para la primera parte.

El tercero, obra de Rogers, no tuvo la misma belleza plástica, pero sí la contundencia que pedía la final. Inteligente en el área, rápido para atacar el espacio y rematar, el joven inglés selló el 3-0 y, de paso, un registro histórico: con 23 años y 298 días, se convirtió en el inglés más joven en marcar en una gran final UEFA desde Steven Gerrard en la UEFA Cup de 2001.

Freiburg corrió más —102,9 kilómetros por los 100,4 de Villa—, pero siempre a contracorriente. Esfuerzo sin premio, desgaste sin colmillo. El marcador no se movió porque ya no lo necesitaba.

Noche de récords y cambio de guardia

La final dejó también huella en los libros de estadísticas. McGinn se convirtió en el primer escocés en capitanear a un equipo en una gran final europea desde Barry Ferguson con Rangers en la UEFA Cup de 2008, y el primero en hacerlo con un club inglés desde Graeme Souness en la Copa de Europa de 1984 con Liverpool.

El propio Aston Villa cerró un paréntesis llamativo: 44 años entre finales europeas importantes, la tercera espera más larga tras los 51 años de Manchester City y los 47 de West Ham United. El dato habla tanto de decadencia como de reconstrucción.

La tendencia también es inglesa. Con el título de Spurs el curso pasado, es la primera vez desde las dos primeras ediciones de la UEFA Cup, en 1971-72 y 1972-73, que clubes de la Premier levantan el trofeo en temporadas consecutivas.

Y en medio de todo, otra historia singular: Jadon Sancho se convirtió en el primer futbolista que disputa tres finales distintas de grandes competiciones europeas en tres temporadas seguidas: Champions League en 2023-24, Conference League en 2024-25 y ahora Europa League en 2025-26. Tres caminos diferentes hacia la misma élite.

La última curiosidad se queda para los amantes de los patrones: las tres últimas finales de Europa League que llegaron al descanso con una ventaja de dos goles terminaron 3-0. Atlético de Madrid ante Athletic Club en 2012, Atalanta frente a Bayer Leverkusen en 2024 y ahora este Aston Villa–Freiburg. Cuando alguien se va 2-0 al vestuario en esta competición, suele rematar sin concesiones.

Villa ya sabe lo que es. De la caída a Segunda en 2016 a una noche de gloria en Estambul. De los martes anónimos en Championship a las grandes citas europeas. Con Emery en el banquillo y un grupo que ha aprendido a ganar a base de golpes, la pregunta ya no es si este título es un punto final. La cuestión es hasta dónde puede llegar este equipo ahora que, por fin, ha recordado lo que se siente al reinar en Europa.