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Arne Slot: De la ovación en De Kuip a la prueba en Anfield

El último partido de la temporada en Anfield, este domingo ante Brentford, no será un simple cierre de curso para Liverpool. Será el punto y aparte de un año áspero para Arne Slot, un técnico que aterrizó en Inglaterra con la aureola de campeón y que ahora se asoma al verano sin títulos y con un quinto puesto que sabe a poco en la mitad roja de la ciudad.

Hace apenas un año, el holandés abandonaba Feyenoord entre lágrimas contenidas y un himno que lo acompañó en su viaje. De Kuip se puso en pie, lo despidió con una ovación cerrada y lo arropó con un ‘You’ll Never Walk Alone’ atronador, consciente de que aquel entrenador que había devuelto al club a la cima de la Eredivisie y luego a un sólido segundo puesto ponía rumbo a Liverpool para suceder nada menos que a Jürgen Klopp.

La escena fue poderosa: Slot caminando por el césped, saludando a cada esquina del estadio, mientras la grada le regalaba un himno que pertenece tanto a Rotterdam como a Anfield. Feyenoord también ha hecho suyo ese canto, así que el técnico llegó a su nuevo hogar sabiendo de memoria cada verso. No necesitó traducción ni adaptación. La transición, al principio, pareció casi natural.

Su primer año en Inglaterra fue de impacto inmediato. Slot encajó, conectó con el vestuario y con la grada, y remató la temporada levantando la Premier League, apenas el segundo título de liga del club en la era moderna. El último partido en Anfield de aquel curso fue una fiesta desatada: el entrenador, con el micrófono en la mano, entonando la canción de Klopp, empapado en champán, con la afición entregada a un nuevo héroe en el banquillo.

Una segunda temporada cuesta arriba

Liverpool llega a la cita ante Brentford tras una campaña marcada por el desgaste. Sin títulos. Fuera de la pelea en los momentos clave. Y con ese quinto puesto que, aunque asegura presencia europea, se queda muy lejos de las expectativas que genera un campeón reciente de la Premier League.

Slot ha vivido de lleno el llamado “síndrome de la segunda temporada”. El equipo se descolgó en otoño, encadenando una racha demoledora: seis derrotas en siete partidos que hicieron saltar todas las alarmas. Hubo quien dudó de que el holandés llegara siquiera al final del curso. La presión se disparó, el ruido alrededor del banquillo creció y la comparación constante con la era Klopp se hizo más pesada cada semana.

Pero la cúpula del club no se movió. El mensaje ha sido claro: Slot sigue siendo el proyecto. El holandés cuenta con respaldo interno para reconstruir, ajustar y corregir rumbo. Y el ambiente del domingo debería reflejarlo.

Anfield, llamado a responder

El Kop, tantas veces termómetro emocional del club, tendrá un papel clave. No habrá celebración de título, ni champán, ni discursos eufóricos a pie de campo. Lo que se espera es otra cosa: una grada que reconozca el desgaste de la temporada, que asuma la decepción, pero que al mismo tiempo muestre que no se baja del barco a las primeras de cambio.

Esa energía ya la vivió Slot en Rotterdam. Feyenoord no levantó trofeos en su último año allí, pero la afición entendió el recorrido, valoró el trabajo y lo despidió como a un campeón. El técnico se ganó ese respeto con fútbol, resultados y personalidad. En Liverpool, pese al tropiezo de este curso, no hay nada que impida que la historia acabe siguiendo un guion parecido con el tiempo.

La figura de Mohamed Salah añade otra capa emocional al choque. El egipcio, leyenda absoluta del club, ha dejado clara su postura sobre Slot en la antesala de lo que se espera sea su último partido con la camiseta de Liverpool. Su palabra pesa. Mucho. Y su respaldo al entrenador ayuda a rebajar tensiones y a marcar un tono para el futuro inmediato.

El domingo, Anfield tendrá dos despedidas en paralelo: la del “Rey Egipcio”, camino de un adiós merecido, y la de un Liverpool versión 2023/24 que no ha estado a la altura de sus propias ambiciones. Entre ambas, Slot se juega algo más sutil pero igual de importante: una segunda oportunidad plena, con la grada a favor, para demostrar que lo vivido este año ha sido un bache y no un techo.

No habrá himnos improvisados con micrófono ni baños de champán. Pero sí puede haber algo igual de valioso para un entrenador: la sensación, al escuchar de nuevo ‘You’ll Never Walk Alone’, de que todavía camina de la mano de su gente. La próxima temporada dirá si esa confianza se transforma en algo más que un gesto.

Arne Slot: De la ovación en De Kuip a la prueba en Anfield