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Andrich reafirma su compromiso en Leverkusen y aborda la capitanía

Robert Andrich no se mueve. Al menos, no mientras sienta que en el vestuario del Werkself siguen contando con él como uno de los pilares del proyecto. El centrocampista alemán, que ha visto cómo su nombre circulaba en las últimas semanas en las habituales quinielas de salidas, marcó posición en una entrevista con Kicker.de: no piensa en un traspaso mientras el club le haga sentir importante.

“Por supuesto, me entero por algunos canales, pero fuera no solo se habla de mí, también de otros”, explicó. Y ahí puso el freno de mano: mientras no perciba que en el BayArena quieren abrirle la puerta, el tema mercado no entra en su agenda. “Mientras no tenga la sensación de que el club quiere deshacerse de mí –y ahora mismo no tengo esa sensación– no me preocupo por un traspaso”.

No es solo una cuestión de futuro contractual. Es también una cuestión de jerarquía. Andrich se ve, y se reivindica, como referencia en el campo y en el vestuario. “Me veo como número uno en cuanto se me confirma en ese rol. Por supuesto, por ahora doy por hecho que seguiré siendo capitán. No he oído nada distinto todavía”, apuntó, dejando claro que no se baja del liderazgo salvo comunicado oficial en sentido contrario.

Ahí aparece otro nombre propio: Eddy Tapsoba. Entre ambos se ha repartido el brazalete en los últimos tiempos, y Andrich asume que la decisión final puede estar entre los dos. “Hasta que no se comunique nada oficialmente, cualquier cosa puede pasar. Eddy y yo hemos llevado el brazalete últimamente: podría decidirse entre nosotros”, deslizó, abriendo la puerta a una pugna sana por la capitanía.

Nuevo técnico, otro clima

Las palabras del mediocentro llegan después de meses agitados en el banquillo. La salida de Xabi Alonso abrió una etapa convulsa: Erik ten Hag apenas resistió tres partidos antes de ser relevado por Kasper Hjulmand, que tampoco duró demasiado. Demasiados cambios, demasiado ruido para un vestuario que pedía estabilidad.

Con Carles Martinez Novell al mando, el ambiente ha cambiado de tono. Sin estridencias, sin grandes titulares, pero con un efecto claro dentro del grupo: calma. El clima, según se respira desde dentro, está a años luz del de hace un verano, cuando las idas y venidas marcaban el día a día.

Andrich lo resumió con sencillez, pero con peso: “Ahora mismo tenemos un ambiente muy bueno en el equipo; no hay la inquietud que hubo el verano pasado, cuando hubo tantos cambios”. Esa frase, en un club que viene de una etapa de sobresaltos en el banquillo, suena casi a declaración de principios.

Aprender a sufrir… y golpear de vuelta

El centrocampista no se quedó solo en el elogio al momento actual. También lanzó un aviso interno, una especie de hoja de ruta para cuando vuelvan los baches, que llegarán. Siempre llegan.

“En las fases difíciles, en el futuro tenemos que mantenernos más unidos”, reclamó. No habló de sistemas, ni de pizarras. Habló de carácter. De saber resistir cuando el rival aprieta y el partido se tuerce. Y ahí dejó una idea muy concreta: “Ponernos en una posición en la que podamos simplemente devolver el golpe después de 15, 20 minutos duros”.

Es una frase que retrata bien el tipo de capitán que quiere ser: menos discurso vacío, más respuesta sobre el césped cuando el equipo se tambalea.

Entre rumores de mercado, cambios en el banquillo y una capitanía todavía pendiente de sello oficial, Andrich ha elegido su sitio: dentro, en el centro del proyecto, con el brazalete en disputa y la mirada puesta en algo tan simple y tan difícil como esto: que cuando lleguen esos 20 minutos de tormenta, el Leverkusen esté preparado para contraatacar.