Análisis del partido Oviedo vs Alaves: tácticas y realidades opuestas
En el Nuevo Carlos Tartiere, el 1-0 para Alaves no fue solo un marcador; fue el retrato de dos proyectos que llegan al tramo final de La Liga con identidades muy definidas. Following this result, Oviedo permanece anclado en la 20.ª posición con 29 puntos y una diferencia de goles total de -31 (26 a favor, 57 en contra), condenado ya al abismo de la LaLiga2. Alaves, en cambio, se asienta en la 14.ª plaza con 43 puntos y un goal average global de -11 (43 tantos marcados, 54 recibidos), cerrando una temporada de supervivencia solvente.
I. El gran cuadro táctico: un 4-2-3-1 contra un 3-5-2 pragmático
Guillermo Almada apostó por su libreto más utilizado: el 4-2-3-1 que ha alineado en 25 ocasiones esta temporada. H. Moldovan bajo palos, una línea de cuatro con L. Ahijado y J. Lopez en los costados, D. Costas y D. Calvo como centrales, y un doble pivote con N. Fonseca y S. Colombatto. Por delante, una línea de tres mediapuntas —H. Hassan, S. Cazorla y A. Reina— tratando de conectar con F. Viñas, el delantero referencia y máximo goleador liguero del equipo.
Enfrente, Quique Sánchez Flores sorprendió menos: un 3-5-2 de manual, que encaja con una de las estructuras que Alaves ha utilizado esta campaña, aunque su dibujo más repetido haya sido el 4-4-2. A. Sivera en portería, una zaga de tres con N. Tenaglia, V. Koski y V. Parada, carrileros largos con A. Pérez y A. Rebbach, y un triángulo interior con J. Guridi, Antonio Blanco y D. Suárez. Arriba, la doble punta formada por I. Diabaté y Toni Martínez, éste último uno de los artilleros de la liga con 13 goles y 3 asistencias en 36 apariciones.
La estructura del partido reflejó las tendencias de la temporada: Heading into this game, Oviedo solo había marcado 9 goles en casa en 19 partidos, una media de 0.5 por encuentro, y había fallado en ver puerta en 10 de esos 19 duelos. La apuesta por un mediapunta veterano y cerebral como S. Cazorla buscaba precisamente compensar esa anemia creativa. Pero el 3-5-2 albiazul, compacto y escalonado, obligó a Oviedo a circular lejos del área, sin la profundidad necesaria para liberar a Viñas.
II. Vacíos y ausencias: una plantilla coja en el momento decisivo
El parte médico de Oviedo pesó más de lo que indicaba el acta. Sin L. Dendoncker, B. Domingues y O. Ejaria —todos ausentes por lesión— Almada perdió músculo, altura y recorrido en la sala de máquinas. El doble pivote Fonseca-Colombatto tuvo que multiplicarse: uno para sostener la salida y el otro para corregir a los laterales proyectados, lo que dejó al equipo sin un interior capaz de romper líneas en conducción o llegar desde segunda línea.
En Alaves, la baja de F. Garcés por sanción recortó una opción más defensiva para la línea de atrás, pero el trío Tenaglia–Koski–Parada respondió con sobriedad. La estructura de cinco en fase defensiva, con los carrileros cerrando, asfixió las recepciones entre líneas de Hassan y Reina, empujando a Oviedo a centros lejanos y previsibles.
En términos disciplinarios, el contexto de la temporada ya anunciaba un partido de fricción. Oviedo presenta un reparto de tarjetas amarillas muy cargado entre el 61’ y el 75’ (25% del total) y entre el 46’ y el 60’ (18.75%), tramos donde el equipo suele llegar tarde a los duelos. Alaves, por su parte, concentra un 21.51% de sus amarillas entre el 76’ y el 90’ y un 17.20% entre el 91’ y el 105’, reflejo de un conjunto que defiende su ventaja con agresividad en los minutos finales. El guion encajó: un Oviedo obligado a remar contracorriente frente a un Alaves cada vez más áspero conforme se acercaba el pitido final.
III. Duelo clave: el cazador y el escudo, el motor y el ancla
El “Hunter vs Shield” estaba claramente definido. Por Oviedo, F. Viñas llegaba como referencia ofensiva: 9 goles y 1 asistencia en liga, 48 disparos (21 a puerta) y un volumen de duelos altísimo (494 disputados, 260 ganados). Un delantero que vive del choque, del juego directo y de atacar centros. Pero se topó con una defensa visitante acostumbrada a sufrir: Heading into this game, Alaves encajaba 1.6 goles de media fuera de casa (31 tantos recibidos en 19 salidas), pero la protección de tres centrales redujo la zona de impacto de Viñas.
En el otro área, Toni Martínez encarnó el ariete de un equipo que, en total esta campaña, promedia 1.2 goles por partido y ha encontrado fuera de casa un registro digno: 19 tantos en 19 desplazamientos, 1.0 por encuentro. Su 1-0 fue la culminación de un plan sobrio: pocos ataques, pero bien seleccionados, explotando las dificultades de Oviedo para defender en bloque bajo tras pérdida.
En la “Engine Room”, Antonio Blanco fue el metrónomo y el muro a la vez. Con 1794 pases totales y un 85% de acierto, 93 entradas y 53 intercepciones en la temporada, el mediocentro de Alaves gobernó la zona donde Oviedo más sufre: la transición defensiva. Cada recuperación suya cortaba la circulación de Cazorla y lanzaba a los carrileros al espacio, obligando a Fonseca y Colombatto a retroceder siempre a destiempo.
IV. Diagnóstico estadístico y pronóstico táctico
Los números de la temporada dibujan dos realidades opuestas. Oviedo, en total, marca solo 0.7 goles por partido (26 en 37 jornadas) y encaja 1.5, con un bloque que, pese a sus 10 porterías a cero globales, se descompone cuando debe llevar la iniciativa. Su 4-2-3-1 se ha vuelto previsible: mucha posesión lateral, poca amenaza interior y una dependencia excesiva de Viñas como única vía de gol.
Alaves, en cambio, ha construido su permanencia desde la flexibilidad. Ha utilizado hasta seis sistemas distintos (del 4-4-2 al 3-5-2), se siente cómodo en partidos largos y sufre, pero resiste. Sus 5 porterías a cero totales y su 100% de eficacia desde el punto de penalti (7 penaltis transformados, ninguno fallado) hablan de un equipo que maximiza cada ocasión clara.
Following this result, la lectura táctica es nítida: el 3-5-2 de Quique Sánchez Flores supo explotar la anemia ofensiva de un Oviedo que, en casa, vive en el filo con 9 goles a favor y 18 en contra. El gol de Toni Martínez no fue un accidente, sino la consecuencia lógica de un plan que cruzó a la perfección la pegada de su “hunter” con la fragilidad estructural de un colista sin respuestas.
Para Oviedo, el futuro inmediato pasa por rearmar su centro del campo —recuperar perfiles como Dendoncker o Domingues será clave— y diversificar su amenaza más allá de Viñas. Para Alaves, este triunfo confirma que su identidad de bloque camaleónico, sostenido por la jerarquía de Antonio Blanco y la eficacia de su dupla ofensiva, es una base sólida sobre la que construir algo más que mera supervivencia.





