Alemania empata con Grecia y destaca a Urbig en portería
Alemania se estrella contra el muro griego, pero Urbig se consolida bajo palos
La selección alemana aterrizó en Tesalónica con una idea fija: ajustar cuentas tras el 1–0 encajado la semana pasada en la UEFA Nations League. Salió con personalidad, con cuatro jugadores del Bayern en la convocatoria y con el orgullo tocado. Se marchó con un 0–0 que sabe a poco… pero con un portero que se agiganta.
Urbig, un seguro desde el primer minuto
Ni tiempo para acomodarse en el asiento tuvieron los aficionados. En el primer minuto, Grecia avisó con un cabezazo de Giorgos Masouras que olía a gol. Jonas Urbig, en su segunda aparición con la absoluta, reaccionó a quemarropa y sacó una mano salvadora sobre la línea. Acción de portero grande. Acción que marca un partido.
A partir de ahí, el guardameta del Bayern se mostró firme, sereno, sin estridencias. Blocajes seguros, buena colocación, cero concesiones. No necesitó adornarse: transmitió calma a una Alemania que se instaló en campo rival casi desde el saque inicial.
Por delante, Tom Bischof y Aleksandar Pavlović se adueñaron del centro del campo. El primero regresó al once titular después de estrenarse como goleador en el 2–0 ante Serbia y mantuvo el pulso del equipo hasta el minuto 83. Pavlović, siempre disponible para recibir, dio continuidad al juego y sostuvo la estructura. A su lado, Lennart Karl también partió como titular antes de ser sustituido en la segunda mitad.
Alemania mandó con autoridad en el primer acto. Más del 75 % de posesión, ritmo alto, balón circulando con paciencia pero con intención. Las cifras lo retratan: 21 remates germanos por solo 5 de Grecia a lo largo de los 90 minutos. El problema no estuvo en la producción, sino en la puntería.
Hubo incluso un momento de alivio que se convirtió en frustración. Un gol de Burkardt encendió la celebración alemana, pero el VAR detectó una mano previa y el tanto quedó anulado. El marcador volvió a cero y la sensación de ocasión perdida se instaló en el banquillo visitante.
Con el paso de los minutos, Grecia se replegó aún más. Bloque bajo, líneas juntas, mucha pierna y poca concesión de espacios. Alemania siguió empujando, pero cada ataque chocaba contra una muralla bien armada. El dominio fue indiscutible; el premio, inexistente.
El 0–0 final deja a Alemania con cinco puntos y anclada en la tercera plaza del Grupo A. Sensación de control, sí. De superioridad, también. De contundencia, todavía no.
Laimer, 90 minutos de oficio y un empate con sabor a alivio
Mientras tanto, en otro punto del mapa de la Nations League, Konrad Laimer vivió una noche distinta con Austria, aunque igualmente tensa. El defensor del Bayern actuó como lateral izquierdo durante los 90 minutos en el duelo ante Kosovo y tuvo que remar contracorriente casi todo el encuentro.
Kosovo, esta vez sin Erblin Osmani sobre el césped, se adelantó con un tanto de Fisnik Aslani que descolocó a los austríacos. El líder del Grupo 3 de la League B se vio obligado a reaccionar y lo hizo tarde, pero a tiempo para evitar la derrota.
El héroe inesperado fue Christoph Lang. El delantero de LASK saltó desde el banquillo y, a cinco minutos del final, firmó el 1–1 que rescató un punto valioso para mantener a Austria en lo más alto del grupo. Laimer cumplió atrás, ofreció salida de balón desde el costado y cerró su actuación con una noche completa en cuanto a minutos y responsabilidad.
Un noviembre que no admite despistes
El calendario no da tregua y el margen de error se estrecha. Alemania se jugará buena parte de su credibilidad en la Nations League en dos duelos de alto voltaje: primero ante Serbia, el 13 de noviembre, y después frente a Países Bajos, el 16. Dos exámenes serios para medir si el dominio sin gol en Grecia fue un accidente o un síntoma.
Kosovo recibirá a Israel el 14 de noviembre y visitará Irlanda el día 17, obligado a convertir en puntos las buenas fases de juego que se le han visto por momentos.
Austria, por su parte, afrontará un doble compromiso que puede definir su techo en esta edición: Irlanda el 14 de noviembre e Israel el 17. Con Laimer asentado en la zaga y el liderato entre manos, el reto ya no es solo mantenerse arriba, sino demostrar que pertenece a un escalón superior.






