Xhaka y el pequeño Arsène Wenger en Sunderland
Granit Xhaka ha pasado por algunos de los banquillos más influyentes del fútbol europeo. Arsène Wenger, Unai Emery, Mikel Arteta, Xabi Alonso. Arsenal, Bayer Leverkusen, Basel, Borussia Mönchengladbach. Pocas carreras ofrecen un máster tan completo en gestión, táctica y liderazgo.
Por eso su opinión pesa. Y mucho.
En la previa del duelo enorme entre Sunderland y su antiguo club, Arsenal, el suizo dejó una comparación que ya recorre la Premier: ve a su actual técnico, Régis Le Bris, como una versión en miniatura de una de las mayores leyendas del banquillo.
“Le llamo el pequeño Arsène Wenger”, confesó Xhaka en declaraciones a TNT Sports. “Como ser humano, es top. Es muy tranquilo, no es un tipo que grita, tiene todas las soluciones y, tácticamente, es increíble. Y para él, conseguir un nuevo equipo, ahora otra vez con nuevos jugadores, creo que no es fácil. Pero ha demostrado que es un gran entrenador, que puede mejorar a este equipo y a los jugadores. Yo estoy muy agradecido de poder tener un técnico como él”.
Un fichaje que cambió el tono de Sunderland
Le Bris llevó a Xhaka al Stadium of Light el verano pasado, arrancándoselo al Leverkusen y enviando un mensaje claro: Sunderland no había regresado a la élite para pasearse. Había ambición.
La respuesta en el campo fue contundente. En su primera temporada de vuelta en la Premier League, Xhaka capitaneó al equipo hasta un séptimo puesto extraordinario, billete para la Europa League y un rendimiento muy por encima de casi todas las previsiones de agosto.
Ese salto no se explica solo por nombres o inversión. Xhaka lo atribuye, sobre todo, a la forma casi obsesiva con la que Le Bris disecciona el juego.
“Es muy detallista. Cuando analiza algo –no solo al rival, también a nosotros, y más aún en las reuniones individuales–, es muy minucioso”, explicó el capitán de Suiza. “Entra en detalles que no he visto a menudo en un entrenador. Cada jugador aquí ha mejorado en los últimos 16 meses y creo que todavía hay margen para que todos sigan creciendo”.
El puente entre el banquillo y un vestuario joven
En este Sunderland, Xhaka no solo mueve el balón. Mueve el vestuario. Con diferencia, es el futbolista más experimentado de la plantilla y Le Bris le ha entregado una misión clara: liderar desde el frente, marcar el tono competitivo día a día.
Su papel va mucho más allá del pase largo o el cambio de orientación. Es el enlace directo entre las exigencias tácticas del técnico y una plantilla joven que se abre paso en la Premier.
“Si yo no soy el tipo que da el primer paso, ¿quién me va a seguir?”, lanzó el mediocentro. “Soy alguien que se exige mucho a sí mismo. Es lo primero que me pido. Nunca señalo a otros antes de señalarme a mí. A veces la gente olvida la diferencia entre exigir y quejarse porque, para mí, son dos cosas totalmente distintas. Yo quiero ganar. Quiero ganar en casa, quiero ganar cuando estoy en el campo entrenando y quiero ganar en los partidos del fin de semana. Así soy”.
Ese carácter, tan discutido y tan visible en su etapa en el Arsenal, hoy se ha convertido en el motor competitivo de un Sunderland que ya no mira solo hacia abajo en la tabla.
Un reencuentro cargado de significado
El choque contra el Arsenal de Arteta no es un partido cualquiera para Xhaka. Es un examen. Una medida real de cuánto ha crecido Sunderland bajo la mano del “pequeño Wenger”.
Enfrente estará un equipo que ha arrancado la temporada con un pleno de victorias y que aspira de nuevo al título. Para contener a un bloque tan afinado, Sunderland necesitará exprimir hasta el último gramo de preparación táctica de Le Bris.
El centro del campo será el termómetro. La sociedad de Xhaka con Diarra y Sadiki se antoja clave para romper el ritmo de su antiguo club, incomodar las líneas de pase y obligar al Arsenal a jugar un partido distinto al que desea.
Xhaka sabe lo que viene. Conoce el Emirates, conoce a Arteta, conoce la exigencia de un equipo que ya le vio mandar desde el círculo central. Ahora le tocará intentar frenar a ese mismo gigante con otra camiseta, otro escudo y otra responsabilidad.
Antes del reencuentro con los Gunners que pelean por la cima, el capitán dejó un último mensaje a una afición que vuelve a soñar con noches grandes en Europa y golpes sobre la mesa en la Premier: “Nunca nos rendiremos”.
La pregunta, a partir de ahora, es sencilla y brutal: ¿hasta dónde puede llegar este Sunderland si el “pequeño Wenger” y su general en el campo siguen empujando en la misma dirección?






