Wrexham: Crisis política y deportiva por su nueva ciudad deportiva
Wrexham vive días agitados lejos del foco habitual de las cámaras. Esta vez no se trata de un guion de Hollywood ni de un ascenso soñado, sino de una seria llamada de atención desde la política local por las obras en su nuevo campo de entrenamiento.
“Que se pongan en orden”
El concejal Mike Morris, presidente del comité de planificación del consejo comunitario de Gresford, no se mordió la lengua en una reunión reciente. El detonante: el club avanzó con la construcción de un nuevo pabellón en su futura ciudad deportiva sin contar aún con la aprobación formal de urbanismo.
La solicitud de planificación, de carácter retroactivo, llegó el mes pasado. Para entonces, los trabajos ya estaban en marcha.
Morris fue tajante: «Ojalá la gente se pusiera en orden y no presentara solicitudes retrospectivas solo porque les conviene; al final, de eso se trata. Queríais hacerlo en verano, y sabemos que habéis tenido buenos resultados, que el club lo está haciendo muy bien, todos aplaudimos eso, pero no es excusa para no seguir el procedimiento correctamente».
El mensaje fue claro: los éxitos deportivos no blindan frente a la burocracia.
El concejal insistió en que Wrexham no recibiría trato de favor pese a su fama global y al foco mediático que arrastra el proyecto: «No es diferente a cualquier otra solicitud retrospectiva. Será cuestión de que los miembros decidan si la apoyan o no, y eso se verá en el debate».
Disculpa oficial del club
La respuesta del club llegó en tono muy distinto. Aidan Miller, director de estrategia de Wrexham, presentó una disculpa formal tanto al comité como a los vecinos.
Miller explicó que el club priorizó el calendario deportivo y el impacto en la zona a la hora de arrancar las obras: «El club buscó realizar los trabajos durante el periodo de verano, cuando la actividad en el lugar se reduce de forma significativa, lo que permite gestionar la construcción y sus impactos dentro del propio recinto».
Reconoció, sin rodeos, que el orden legal de los hechos no fue el adecuado: el permiso debería haberse asegurado antes de mover una sola piedra. «El club reconoce que la autorización urbanística normalmente se obtendría antes de que comience el desarrollo, y pedimos sinceras disculpas al comité y a los residentes locales», añadió.
Miller defendió, eso sí, que Wrexham intentó actuar con responsabilidad: eligió un emplazamiento deportivo ya existente, aprovechó infraestructuras previas y diseñó una propuesta pensada para minimizar las molestias a los vecinos y al entorno más amplio.
El dirigente subrayó también que el club se ha volcado en el proceso de planificación: consultas previas, diálogo con organismos oficiales y respuestas específicas a las preocupaciones sobre aparcamiento, accesos viarios y medidas de mitigación de fosfatos.
Golpe en el London Stadium y dudas deportivas
Mientras se discute sobre licencias, planos y plazos, el balón tampoco trae buenas noticias. El equipo de Phil Parkinson encajó un durísimo 6-0 ante West Ham United en el London Stadium, una goleada que ha dejado cicatriz.
El marcador no solo fue abultado; llegó en un momento delicado. Wrexham ocupa el puesto 16 de la tabla y solo ha logrado una victoria en las primeras siete jornadas de la temporada. El impulso que rodea al club fuera del campo —nuevas instalaciones, ambición estructural, un proyecto que no deja de crecer— contrasta con un inicio de campaña que se ha quedado muy corto en resultados.
La presión ya no viene solo de los rivales o de la expectación global que rodea al club. También llega desde los despachos municipales. Y la pregunta es inevitable: ¿podrá Wrexham alinear su disciplina fuera del campo con el nivel de ambición que exige dentro de él?






