Tottenham renueva su ambición bajo Roberto De Zerbi
Micky van de Ven no necesitó rodeos para describir lo que se vive hoy en Tottenham. Tras dos temporadas seguidas terminando 17º en la Premier League y coqueteando con el desastre, el central habla de un club que, por fin, ha decidido mirarse al espejo y gastar como un grande. No solo por gastar, sino para cambiar de piel.
El verano ha sido un golpe de efecto: 237 millones de libras puestos en manos de Roberto De Zerbi, el nuevo técnico, para remodelar una plantilla que venía rota anímicamente. Para Van de Ven, ese gesto del consejo de administración era justo lo que pedía el vestuario.
«Es muy bueno ver que el club ha hecho algunos cambios», contó a BBC Sport durante la gira de pretemporada en Australia. «Puedes ver que el club tiene una nueva ambición. Es algo muy importante para los jugadores que han estado aquí mucho tiempo. La temporada pasada fue estresante, inaceptable por nuestra parte, así que dejar todo eso atrás y entrar en la nueva temporada frescos significa mucho».
De la contención al balón
La llegada de De Zerbi a finales de marzo supuso una ruptura clara con el pragmatismo de sus predecesores. Se acabó el miedo, se acabó el bloque bajo permanente. El italiano ha empezado a imponer una idea reconocible: más balón, más iniciativa, más riesgo.
Van de Ven lo nota cada día en el césped. Y le gusta.
«Va a ser diferente comparado con el entrenador que tuvimos la temporada pasada», explicó el central. «Va a ser más con el balón, creo, más de jugar al fútbol. Creo que también va a ser más disfrutable para la gente porque jugaremos un fútbol ofensivo».
No es solo un cambio táctico. Es un cambio de pulso. «Se ve que él ha traído mucha pasión a nuestro grupo, mucho en términos de mentalidad y pasión en el campo. Era algo que necesitábamos porque todos estábamos un poco bajos. Trae mucha energía positiva y, desde la pretemporada, hemos tenido realmente tiempo para meter su fútbol en el equipo. Eso es algo que se disfruta».
Un vestuario que hace unos meses jugaba con el miedo en el cuerpo habla ahora de disfrute. El contraste es brutal.
Fichajes de peso y un mensaje claro
Las palabras de Van de Ven no se sostendrían sin hechos. Y los hechos, este verano, se han medido en cheques. Tottenham ha roto su récord de traspaso dos veces en apenas 48 horas, una declaración de intenciones en toda regla.
- Primero llegó Mateus Fernandes desde West Ham por 85 millones de libras.
- Pero duró poco como fichaje más caro de la historia del club: Sandro Tonali aterrizó desde Newcastle United por 100 millones, una operación que sacudió el mercado y colocó al italiano en el centro del nuevo proyecto.
- En defensa, otro neerlandés: Jan Paul van Hecke, procedente de Brighton por 52 millones, para apuntalar la zaga y darle a De Zerbi más recursos para su salida de balón.
- Y, alrededor de esas grandes inversiones, un trío de veteranos sin coste de traspaso que aporta experiencia y carácter: Andrew Robertson, Marcos Senesi y Martin Dubravka.
No son nombres aleatorios. Son piezas para cambiar el tono competitivo del equipo.
Van de Ven ya percibe el impacto en el día a día, incluso lejos de Londres, en plena gira por Oceanía. «La sensación del equipo es realmente buena, siendo honesto», añadió. «He disfrutado mucho trabajando con él. Eso es lo que hemos estado haciendo en esta pretemporada, y los chicos que han llegado han estado increíbles también. Se han integrado muy bien en el grupo».
Un vestuario que se mira y, por fin, se reconoce como algo más que un candidato al sufrimiento.
De las palabras a los puntos
El reto ahora es simple de describir y complicado de ejecutar: trasladar esta ola de optimismo al marcador cada fin de semana. De Zerbi ya ha dejado claro que no quiere pasajeros. Cualquiera que no encaje con la nueva dirección tiene la puerta abierta.
El mensaje es duro, pero coherente con el giro que busca el club. Se acabaron las medias tintas. O se corre con la idea, o se sale del camino.
Para Van de Ven y el núcleo duro del vestuario, el foco está puesto en una sola cosa: hacer que esta visión se vea en el césped, que el Tottenham que sufrió para salvarse se convierta en un equipo capaz de competir con balón, de mandar y de entretener. Que el proyecto no se quede en un verano de titulares.
Mientras tanto, el equipo sigue su gira por Oceanía. Tras vencer a Auckland FC en Nueva Zelanda, el siguiente examen será Sydney FC el miércoles. No es un partido de Premier League, no hay puntos en juego, pero sí algo igual de valioso para un grupo que quiere reinventarse: la oportunidad de demostrar que este Tottenham ya no juega con miedo.






