Tottenham y su búsqueda de otra bomba en el mercado
Tottenham no levanta el pie del acelerador. Cuando el verano ya parecía agitado en el norte de Londres, Roberto De Zerbi avisa de que todavía falta el golpe más ruidoso. El técnico habla abiertamente de “otra bomba” en el mercado y se define a sí mismo “como un tiburón” cuando se trata de cerrar al jugador que quiere.
No es una bravuconada vacía. El club ya ha reventado su propio techo de gasto dos veces en la misma ventana. Primero, con Mateus Fernandes, fichado desde West Ham por 85 millones de libras. Después, con Sandro Tonali, llegado desde Newcastle en una operación que podría alcanzar los 100 millones. Dos movimientos que han cambiado el mapa salarial y la ambición declarada de un Tottenham que se comporta como un aspirante serio, no como un invitado ocasional.
A ese gasto se suman retoques quirúrgicos. Jan Paul van Hecke ha aterrizado procedente de Brighton para apuntalar la zaga. Andy Robertson y Marcos Senesi han llegado libres, operaciones de oportunidad que, en otros veranos, habrían sido el titular del día y ahora parecen casi notas a pie de página en medio del ruido millonario.
En paralelo, el club londinense aparece ligado a Savinho, extremo brasileño de Manchester City, otro nombre que encaja con la nueva línea: juventud, desequilibrio y margen de revalorización. No hay acuerdo cerrado, pero el simple hecho de que Tottenham se mueva en ese tipo de operaciones ya marca el cambio de escala.
De Zerbi, sin embargo, insiste en que el plan va por fases y que el trabajo aún no está ni mucho menos completo. “Hemos completado el 60% de nuestro proyecto en el mercado de fichajes. Ahora tenemos otra bomba”, explicó, en declaraciones recogidas por The Athletic. La palabra no es casual: “bomba” es el término que se ha instalado en las redes para definir ese fichaje inesperado que sacude el mercado y dispara las notificaciones en los móviles.
¿Está cerca esa “bomba”? De Zerbi no quiso vender humo, pero tampoco rebajar la expectativa. “Espero, pero no está cerrado, seguro”, admitió. El mensaje es claro: la operación avanza, pero todavía no hay punto final. Y mientras tanto, el técnico alimenta la intriga.
La imagen que eligió para describirse a sí mismo en este escenario es tan gráfica como reveladora. “En el mercado de fichajes, cuando quiero a un jugador, me convierto en un tiburón. No hay opción de decir que no”, lanzó, sin medias tintas. No habla de improvisar, sino de oler la oportunidad, rodearla y morder en el momento justo.
De Zerbi disfruta ese juego. No lo vive como una carga, sino casi como un tablero paralelo al césped. “Me encanta trabajar en el mercado de fichajes. No es presión, es una de las partes más bonitas de mi trabajo, de mi profesión”, añadió. Mientras otros entrenadores suspiran por la incertidumbre de las ventanas de traspasos, él se alimenta de ella.
Tottenham, que ya ha tenido que recurrir a los penaltis para superar a Sydney FC en un amistoso de pretemporada, todavía no ofrece en el campo la versión definitiva que pretende su entrenador. El propio De Zerbi, recientemente, fue tajante al hablar del caso Bergvall: dijo que no quiere convencer a nadie para que se quede si no está plenamente comprometido. La misma firmeza que muestra con los que dudan, la traslada a la hora de ir a por los que desea.
El verano en el norte de Londres ya es ruidoso. Pero si esa “otra bomba” que promete De Zerbi termina estallando, la sensación será que todo lo visto hasta ahora solo era el preludio de un Tottenham dispuesto a cambiar de estatus de forma definitiva.






