Sevilla expone la fragilidad de Croacia: Bilic no oculta su decepción
La noche en Sevilla no solo dejó un marcador duro para Croacia. Dejó, sobre todo, una radiografía incómoda. Un equipo pequeño ante un gigante. Y un seleccionador, Slaven Bilic, furioso con lo que vio.
España pasó por encima de los Vatreni con una autoridad que dolió más por la forma que por los goles. Bilic, visiblemente abatido, no buscó refugio en los tópicos. Señaló a su equipo, al carácter, a la falta de alma en un escenario grande.
“Una noche difícil para nosotros. Estuvimos mal en todo, estamos decepcionados”, arrancó el técnico, sin rodeos. Reconoció el peso del rival, campeón del mundo, y el momento de transición del combinado croata, pero no permitió que eso sirviera de coartada. “Podemos encontrar alguna excusa en el hecho de que es España, el campeón del mundo, y que nuestro equipo es nuevo, pero no podemos jugar con esa falta de agresividad, como si estuviéramos aquí solo para celebrar su victoria en el Mundial. No podemos venir solo a formar parte de la celebración. Eso no somos nosotros”.
Un inicio catastrófico
El partido se torció desde el primer suspiro. Gol encajado casi de inmediato, golpe directo al mentón de un equipo que ya llegaba con dudas. Cuando aún se estaban acomodando al ritmo de Luis de la Fuente y al ambiente de Sevilla, Croacia ya iba a remolque.
El primer tanto dejó al conjunto de Bilic aturdido. Le costó varios minutos recuperar el pulso, pero lo hizo. Llegó el empate, un pequeño brote de esperanza, una sensación de que el partido podía girar. Sin embargo, justo en el momento en que Croacia necesitaba cabeza fría, oficio y colmillo, volvió a derrumbarse.
“Cuando encajas un gol en el primer minuto contra el campeón del mundo, necesitas unos minutos para recuperarte. Empatamos, y cuando necesitábamos fuerza, calma e inteligencia para incomodarles, encajamos otro gol a balón parado, y quizá debería haber sido al revés”, lamentó Bilic.
Ahí se rompió el duelo. España olió la fragilidad croata y no la soltó. Cada balón parado fue una amenaza. Cada ataque, una prueba más de la diferencia actual entre los dos equipos.
Una defensa desbordada
Bilic no maquilló nada: el sistema defensivo se hundió. El seleccionador apuntó directamente a la zaga, superada una y otra vez por la movilidad de los atacantes españoles. La línea de atrás nunca encontró distancias, ni referencias, ni jerarquía.
“Jugamos mal, especialmente en defensa. Nuestra defensa no funcionó”, admitió sin titubeos.
España apretó con su presión alta, con posesiones largas y cambios de ritmo constantes. Croacia, por momentos, solo pudo perseguir sombras. Cuando intentó adelantar líneas, dejó espacios. Cuando se replegó, no defendió bien su área. Un escenario perfecto para que el campeón del mundo se sintiera cómodo.
Y, aun así, Bilic se aferró a pequeños destellos. No por consuelo fácil, sino para recordar que la materia prima existe. “A veces conseguimos superar su presión con Kovacic y Perisic, e individualmente podemos encontrar cosas buenas. Beljo jugó bien, no solo por el gol”, subrayó.
Kovacic y Perisic, con su capacidad para salir de la presión y conducir, ofrecieron alguna salida digna. Beljo, autor del tanto croata, dejó trabajo, movimientos y personalidad. Pero fueron chispazos aislados en una noche dominada de principio a fin por España.
Un proyecto en construcción, un golpe de realidad
Lo de Sevilla fue algo más que una derrota amplia. Fue un aviso serio al proyecto de reconstrucción de Bilic. El técnico sigue convencido del talento que ha elegido, pero dejó claro que el nivel competitivo mostrado está lejos de lo que exige la élite.
“Montamos este equipo por una razón. Sobre el papel, los chicos que jugaron esta noche lo tienen todo, pero mostramos muy poco”, reconoció.
La distancia entre ambos equipos no se midió solo en el marcador. Se vio en la intensidad física, en la ejecución táctica, en la manera de gestionar los momentos clave. España olió sangre en cada error croata. Croacia, en cambio, no supo castigar ni siquiera cuando el partido le ofreció una rendija.
Bilic insistió en una idea: el potencial está, pero falta mentalidad. Falta esa dureza competitiva que siempre ha distinguido a la selección croata en los grandes torneos. Sevilla, en ese sentido, sonó a traición a su propia identidad.
Inglaterra en el horizonte: partido de vida o muerte
No hay tiempo para lamentos. La derrota ante España deja a Croacia obligada a reaccionar de inmediato. El sábado espera Inglaterra, con ambos equipos igualados a tres puntos y persiguiendo a una España que manda en el grupo con seis.
El calendario aprieta. España recibirá a Czechia el sábado antes de viajar el martes a enfrentarse de nuevo a Croacia. Por eso, el duelo entre croatas e ingleses se convierte en una auténtica final anticipada. Para unos y para otros.
Para Croacia, ganar significaría mucho más que tres puntos. Sería limpiar la herida de Sevilla, adelantar a Inglaterra en la clasificación y llegar con vida y algo de impulso al choque contra el líder del grupo. Perder, en cambio, abriría una grieta difícil de cerrar en pleno proceso de reconstrucción.
La noche sevillana dejó a Bilic sin ganas de paños calientes. Su mensaje fue claro: el nombre, la historia y el talento no bastan. La próxima respuesta, para bien o para mal, llegará contra Inglaterra. Y ahí ya no habrá espacio para excusas.






