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Una semana sin balón pero llena de fútbol

No hay partidos, pero el fútbol no se ha detenido ni un segundo. Entre debates tácticos, recuerdos de México 86, el futuro del Mundial y hasta la economía de los pubs ingleses, esta semana sin balón se siente menos a pausa y más a respiro profundo antes del último sprint.

Inglaterra, Messi y un viaje que ya es recuerdo

En New Jersey, bajo la lluvia constante y el hormigón gris del MetLife, un hincha celebró el 70 cumpleaños de su madre viendo a Inglaterra contra Panamá. Ahora, ese mismo aficionado ha llevado la devoción un paso más allá: entradas para la semifinal, vuelo Manchester–París–Atlanta, hotel junto al estadio y un hijo de ocho años que no se cree lo que está a punto de vivir.

Cinco hijos y otro en camino, ansiedad por las nubes, pero la decisión tomada a última hora: reservar antes de saber el resultado del sábado. El partido se vio casi entre los dedos, la voz se quedó por el camino, pero la recompensa es enorme: Inglaterra en una semifinal y la posibilidad de presenciar, quizá, el último partido de Lionel Messi con su selección. Memorias de una vida, pase lo que pase en el marcador.

Spence, James, Stones y el rompecabezas defensivo

Mientras los aficionados hacen malabares con vuelos y familias numerosas, los seleccionadores hacen lo propio con sus plantillas. Djed Spence aparece como ese revulsivo que descoloca defensas: velocidad, rupturas al espacio, un tipo de amenaza distinta. Todo apunta a Reece James como titular en el lateral derecho y a Nico O’Reilly en la izquierda, aunque hay quien pondría por delante a Lewis Hall o Luke Shaw… si no estuviesen ya en casa.

En el centro de la zaga, John Stones sigue generando debate. Como futbolista, pocos dudan de su calidad. Como defensor puro, la conversación cambia de tono. Su falta de velocidad puede ser un problema serio ante delanteros como Julián Álvarez o Lautaro Martínez, y la duda es si tiene el colmillo suficiente para seguirle la pista a Messi. El juicio llegará en el césped.

Portugal, un lujo desaprovechado

La otra gran conversación gira en torno a Portugal. Pocas selecciones pueden presumir de un doble pivote campeón de Europa en la Champions, con Bruno Fernandes por delante. Aun así, el equipo ha ofrecido una versión plana, gris, muy por debajo del talento que reúne.

Dejar fuera a Bernardo Silva o sustituir pronto a Bruno Fernandes casi nunca es la solución a un problema. Bruno necesita tiempo, porque vive de insistir, de probar, de forzar la jugada que rompe el partido. Si se le resta veinte minutos, se le quita margen para equivocarse… y también para acertar. Y si además baja demasiado a recibir del cuarteto defensivo, se le aleja de la zona donde realmente marca diferencias.

En medio de todo, aparece una figura que sobrevuela el banquillo luso desde hace años: José Mourinho. Muchos pensaban que ya habría dado el salto a una selección, y no faltaron quienes lo imaginaron al mando de esta generación portuguesa. No ha sido así. En su lugar, Roberto Martínez ha logrado algo difícil: hacer aburrido un centro del campo que debería dominar partidos.

Mourinho, mientras tanto, prepara su regreso a un gigante como Real Madrid y protagonizará una serie en Netflix. Es puro espectáculo. Otra cosa es que el fútbol de Portugal, sin él, haya estado a la altura.

Francia en el horizonte: ¿quién puede con ellos?

Con el torneo acercándose a su desenlace, una pregunta manda: ¿quién puede frenar a la actual Francia? Entre las posibles respuestas, España parece la candidata más seria. El regreso de Rodri a un nivel cercano al de antes de su lesión cambia el rostro del equipo, aunque la selección de Luis de la Fuente necesita más de Lamine Yamal, que todavía no luce al cien por cien físicamente.

Inglaterra tiene piernas para correr más que los franceses en el centro del campo, pero arrastra dudas atrás. Da la sensación de que, con el paso de los minutos, su defensa acabaría pagando el precio. Argentina, por su parte, depende demasiado de Messi en una zona del campo donde Francia impone físico, ritmo y alternativas.

Bellingham, Tuchel y un roce que no pasará a mayores

En el otro gran foco mediático, Jude Bellingham y Thomas Tuchel han dejado algún gesto y palabras calientes en momentos de alta tensión y alivio. Nada que no se haya visto antes en la élite. Los dos son competitivos hasta el extremo, los dos quieren ganar por encima de cualquier ego y los dos se necesitan mutuamente. Lo normal es que el episodio se disuelva con la misma rapidez con la que se encendió.

Diego, Messi y un recuerdo que no envejece

En medio del presente, siempre vuelve el pasado. México 86 sigue siendo una herida abierta y, a la vez, un tesoro para quienes lo vivieron. Para muchos fue el primer Mundial, el torneo que lo cambió todo. Aquel segundo gol de Diego Armando Maradona ante Inglaterra marcó una generación.

Barry Davies gritó “tienes que decir que eso es magnífico”. Un niño de siete años, frente al televisor, respondió que era “mejor que magnífico”. Lo que no sabía es que acababa de ver algo irrepetible. Creyó que un futbolista podía regatear a todo un equipo de vez en cuando. El tiempo demostró que no: eso solo lo hizo Diego.

Messi ha construido una carrera de una regularidad y una longevidad casi inhumanas. Para muchos, es el mejor de la historia. Pero el pico de Maradona en aquel mes de 1986, prolongado luego en el scudetto con Napoli, sigue siendo una cima que pocos se atreven a comparar.

Pubs vacíos, Mundial lleno

Lejos de los grandes estadios, el Mundial también se juega en las barras de los pubs. No todos están viviendo una bonanza. El Shovel Inn, en Stourbridge, el pueblo donde nació Bellingham, es un ejemplo doloroso. Su dueño, Steve Hopkins, ha decidido dejar el negocio tras el torneo.

Seis Mundiales a sus espaldas, casi todos buenos para la caja. Esta vez, no. La gente llega tarde, si es que llega. Antes, un partido de las 20.00 llenaba el local a las 15.00 o las 16.00. Ahora, la costumbre ha cambiado desde la pandemia: más sofá, menos taburete.

Un buen día de semifinal debería rondar las 3.000 libras en caja. Hopkins dice que, si llega a 1.000, podrá darse por satisfecho. Después de toda una vida detrás de la barra, a los 64 años, se marcha con una certeza: la forma de vivir el fútbol también ha cambiado.

El Mundial que viene: 64 equipos, más ruido, más mundo

Por encima de todo planea la gran transformación: el Mundial ampliado. La idea de pasar a 64 selecciones genera rechazo instintivo en muchos aficionados, sobre todo porque todo lo que toca Gianni Infantino huele a negocio. Pero la discusión va más allá de la desconfianza.

Hay quien defiende que la diferencia de nivel entre la selección número 48 del ránking y la 64 no es tan grande como para hablar de torneo desvirtuado. A cambio, se recuperaría un formato más limpio: solo pasan los dos primeros de cada grupo, se acabó la clasificación de terceros que sobreviven con una sola victoria ante el rival más débil. Menos cálculo, más riesgo.

El problema se traslada a otro lado: la logística. Más equipos implican más estadios, más hoteles, más ciudades con infraestructura, más centros de entrenamiento, más medios de comunicación desplazados. El riesgo es evidente: que solo un puñado de países puedan organizar una Copa del Mundo.

La nostalgia pide volver a 24 selecciones. La realidad económica y geopolítica empuja hacia lo contrario. El número “perfecto” para muchos es 32, pero el fútbol ya ha demostrado que, cuando huele dinero, rara vez se queda en el punto justo.

Un respiro antes del desenlace

Así transcurre esta extraña travesía de 63 horas sin partidos: debates sobre sistemas y entrenadores, recuerdos de Diego, dudas sobre el futuro del Mundial, historias de pubs que cierran y de padres que cruzan medio planeta para que sus hijos vean, quizá, el último baile de Messi.

No rueda el balón, pero el fútbol no ha bajado el volumen. Y cuando vuelva a sonar el himno, cuando se enciendan los focos de la semifinal, todas estas conversaciones se concentrarán en 90 minutos que pueden cambiar carreras, negocios, ciudades enteras.

La pregunta es sencilla y brutal: cuando esto termine, ¿quién podrá decir que aprovechó de verdad su momento en este Mundial que ya empieza a oler a despedida?