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La salida de Jermain Defoe de Woking: tensión y ruptura

La etapa de Jermain Defoe al frente de Woking ha durado cuatro meses y ha terminado envuelta en tensión, reproches y una sensación clara de ruptura entre el técnico y la estructura del club. Lo que empezó como un fichaje ilusionante para liderar “una nueva era” en la National League ha acabado en una salida por “mutuo acuerdo” que, a la vista de las palabras de la entidad, tuvo poco de amistosa.

El exdelantero de Tottenham y de la selección de Inglaterra, en su primera aventura como entrenador principal, dejó un balance de dos victorias y una derrota en seis partidos. Números discretos, pero lejos de un desastre deportivo. El problema, según Woking, estaba en otro sitio.

Defoe había explicado que le resultaba “imposible continuar” y calificó su paso por el club de Surrey como una experiencia “reveladora”. Sonaba a decepción personal, a choque con la realidad del fútbol modesto inglés. Sin embargo, la respuesta del club, hecha pública el sábado, levantó el tono del debate.

Jody Brown asume la elección… y destapa las grietas

Jody Brown, director de fútbol de Woking, no se escondió. Reconoció que la apuesta por Defoe fue suya y que asume “toda la responsabilidad” por esa decisión. Tras varias reuniones, estaba convencido de que el exdelantero era el hombre adecuado para encabezar un proyecto ambicioso, diferente, casi un cambio de piel para el club.

Esa narrativa duró poco.

“En las últimas semanas”, explicó Brown, empezaron a llegar “comentarios desde todo el club, incluidos jugadores, cuerpo técnico y otros departamentos”, señalando “preocupaciones crecientes”. Es decir, el malestar no era puntual ni aislado. Se extendía por varias capas de la entidad.

La dirección deportiva quiso entonces una radiografía clara de la situación. Brown pidió a Defoe y a su asistente, Paul Bracewell, un informe breve sobre la profundidad de la plantilla, los objetivos de fichajes y cualquier problema operativo que estuviera frenando el trabajo. Una petición lógica en plena planificación de temporada, clave para ajustar recursos, cerrar llegadas y anticipar soluciones.

Ese informe nunca llegó. Pese a ser solicitado “en más de una ocasión”, según el propio Brown.

Ausencias en los entrenamientos y una relación rota

El desencuentro no se quedó en un simple cruce de correos sin respuesta. Brown fue más allá y aseguró que Defoe dejó de presentarse a los entrenamientos. Para un club de National League, donde la proximidad entre vestuario, oficinas y afición es máxima, la ausencia del entrenador en el día a día no es un detalle menor: es un síntoma de una relación ya prácticamente rota.

La sensación, vista desde fuera, es la de un proyecto que se deshilacha por falta de alineación entre el banquillo y la estructura deportiva. Woking buscaba un líder visible, un nombre con peso para impulsar al club. Lo encontró en Defoe. Pero el choque entre expectativas, exigencias internas y forma de trabajar terminó por dinamitar el experimento.

Mientras Defoe se marcha con la impresión de haber vivido una etapa “que le abrió los ojos”, el club responde con un mensaje contundente: la decisión de traerle fue valiente, pero el funcionamiento interno, según su versión, nunca alcanzó el nivel de compromiso y claridad que exigía la planificación de la temporada.

Ahora, con la campaña en el horizonte y un proyecto que vuelve al punto de partida, la pregunta es evidente: ¿quién se atreverá a recoger el testigo en Woking tras el breve y agitado paso de una estrella del fútbol que no llegó a consolidarse como técnico en la banda?