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Rúben Amorim defiende su proyecto y la confianza en Cissé

En la víspera de la visita del Milan al Lazio, Rúben Amorim apareció en la sala de prensa con las ideas muy claras: ni se esconde por las críticas tras el empate ante la Juventus, ni duda un segundo de que Alphadjo Cissé está preparado para dar el salto a la selección italiana.

El portugués, que ya ha vivido tormentas mayores, lo dejó caer con ironía: lo que escuchó en su anterior club, Manchester United, difícilmente será superado en San Siro.

Críticas al juego y autocrítica sin anestesia

El Milan llega al Olímpico con dos victorias y un empate, números sólidos pero sensaciones discutidas. El 1-1 ante la Juventus abrió un debate inmediato sobre el plan de juego de Amorim, acusado de ser demasiado defensivo.

El entrenador no rehuye el diagnóstico, pero matiza el relato: «El último partido no fue solo estático; creo que nos faltó energía», admitió. El equipo manejó la posesión, sobre todo en la primera parte, pero se apagó donde más duele, en el último tercio y dentro del área.

Ahí, según Amorim, se decidió todo. Pérdidas sin presión, pases descuidados, pequeños detalles que alimentaron las mejores ocasiones de la Juve. Esa secuencia le sirvió de material de trabajo durante la semana: corregir la salida de balón, ajustar la agresividad arriba, reducir al mínimo los regalos que cambian el impulso de un partido.

Gonçalo Ramos también quedó señalado por su actuación en Turín. Amorim, lejos de cargar contra su delantero, giró el foco hacia el colectivo. Recordó que el portugués brilló ante Torino y Venezia, y que precisamente por ese nivel, cualquier bajón se nota más. Para el técnico, el problema no fue un jugador, sino la lectura global del encuentro por parte de todo el equipo.

“El equipo, siempre primero”

Las críticas no le sorprenden. Las espera. Y las asume como parte del cargo. «La crítica es normal. Ya la viví en mi antiguo club. Más que eso, es imposible», soltó, en referencia a su etapa en Manchester United.

Entre pregunta y pregunta, Amorim fue marcando su territorio: su única promesa es que el equipo estará siempre por delante de todo. El encargo de la directiva fue claro: ser positivo, atacar, marcar goles. Él insiste en esa intención, aunque recuerda un detalle que a veces se olvida: hay un rival enfrente.

Citando a Luciano Spalletti y a Cesc Fàbregas, elogió a los técnicos que han sabido empujar a sus equipos hacia adelante y condicionar el plan del Milan. Ante la Juventus, el cuadro rossonero tuvo más balón, pero eso no bastó para imponer su voluntad. Para Amorim, el control no siempre se traduce en superioridad real.

Reivindicó también su trabajo táctico: aseguró que en su Milan nada es aleatorio, que cada movimiento responde a patrones exigentes para los jugadores. Sabe que no es sencillo que un entrenador extranjero llegue a Italia a explicar “cómo jugar al fútbol” y que muchos esperan el tropiezo para decírselo a la cara. Aun así, no se aparta de su idea: dominar los partidos, competir con los mejores y poner al club en el centro de todas las decisiones.

Cissé, entre San Siro y la Azzurra

En medio de la polémica por el estilo, una certeza ilusiona al entorno milanista: Alphadjo Cissé. El joven atacante ha marcado dos goles en las tres primeras jornadas de Serie A y su nombre ya suena con fuerza para la próxima convocatoria de la selección italiana.

Amorim no duda ni un segundo cuando le preguntan si está listo para la Azzurra: «Si pones a Cissé en el campo, va a jugar. Da igual si es con la selección, con Bastoni o con estos chicos. Va a jugar, libre. Para eso, está listo».

El técnico, sin embargo, pide paciencia. Ha detectado diferencias claras entre el Cissé que juega fuera de casa y el que actúa en San Siro. El peso del estadio, la presión, las expectativas… todo suma. Y todo requiere tiempo.

Su mensaje es doble: por un lado, asegura que el chico no se encoge, que no será tímido ni en los entrenamientos ni en los partidos con la selección; por otro, subraya que aún tiene mucho por aprender para convertirse en el jugador que puede llegar a ser. Crecer sin prisas, pero sin miedo. Ese es el plan.

Pulisic, molesto y a la espera

Entre los nombres propios también apareció Christian Pulisic. El estadounidense todavía no ha disputado un solo minuto esta temporada y Amorim confirmó que tendrá sus primeras apariciones en el curso 2026-27, aunque reconoció que el atacante está «molesto» por su falta de protagonismo en estas tres primeras jornadas.

El técnico no profundizó en el caso, pero el mensaje es claro: Pulisic forma parte del proyecto y tendrá su espacio. La cuestión es cuándo y cómo, en un equipo que aún está encontrando su versión definitiva.

Fábregas, Como y el espejo que Amorim rechaza

El buen arranque europeo de Como 1907 también se coló en la rueda de prensa. El equipo de Cesc Fàbregas fue el único italiano en ganar en la primera jornada de la fase de liga de la Champions League 2026/27, y lo hizo dominando con autoridad a RB Leipzig. La pregunta era inevitable: ¿es Como un modelo para el Milan?

Amorim cortó de raíz la comparación. Recordó que son entrenadores distintos, con trayectorias diferentes y en contextos de club también muy distintos. Aseguró que Gerry Cardinale nunca le ha señalado a Como como inspiración y defendió con firmeza su propio camino. Quien quiera un equipo que juegue como el de Fábregas, vino a decir, tendrá que fichar al técnico de Como.

El portugués reivindicó su identidad, su estilo y la dificultad del reto que afronta: entrenar al Milan, con la presión histórica de San Siro, no tiene nada de sencillo. Al mismo tiempo, reconoció el mérito enorme de lo que está logrando Como en Champions, pero dejó claro que su mirada no se distrae: su única obsesión es cómo debe jugar el Milan para ganar partidos.

La próxima prueba llega en Roma, ante un Lazio siempre incómodo. Críticas, comparaciones y debates tácticos seguirán girando alrededor del Milan. La cuestión es otra: ¿cuánto tardará el equipo de Amorim en convertir todo ese ruido en una respuesta contundente sobre el césped?