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Rogers se une a Chelsea por Alonso y su amigo Palmer

La Premier League entera llamando a su puerta y, aun así, Morgan Rogers solo veía una camiseta. Londres, Stamford Bridge y un nombre propio en el banquillo: Alonso. Esa combinación inclinó definitivamente la balanza.

El internacional inglés, pretendido por otros gigantes del campeonato, se dejó llevar por la idea de jugar para uno de los colosos londinenses y, sobre todo, por la posibilidad de ponerse a las órdenes del técnico español. En su primera entrevista como jugador de Chelsea, Rogers explicó que el encaje futbolístico con su nuevo entrenador fue decisivo.

“He tenido unas cuantas conversaciones con él y creo que es importante para mí, para estar aquí, entender cómo es el míster, cómo es y cómo quiere operar”, contó a los medios oficiales del club. “Encaja muchísimo con cómo veo el juego, cómo quiero jugar y cómo quiero ser yo, ser libre y expresarme. Que él forme parte de eso ha sido un factor enorme para que yo esté aquí”.

No se trata solo de pizarras y sistemas. El fichaje también trae un componente emocional poderoso: el reencuentro con Cole Palmer. No es una simple coincidencia de vestuario, es una amistad de años, forjada desde adolescentes y elevada a categoría de leyenda en las inferiores.

Rogers y Palmer se conocen desde los 14 años, primero en las categorías juveniles de la selección inglesa y después en Manchester City. Esa conexión nunca se rompió. De hecho, el nuevo delantero blue reconoce que su amigo fue incansable durante las negociaciones, empujando desde dentro para que el acuerdo se cerrara.

“Hablo con Cole desde que tenía como 14 años, primero en las inferiores de Inglaterra y luego cuando estuvimos juntos en Man City”, recordó Rogers. “Llevamos hablando de esto un tiempo; siempre nos habría encantado jugar juntos. Así que, que haya pasado, estamos los dos muy ilusionados. No para de llamarme al móvil, de mandarme mensajes, y no puedo esperar. Creo que eso es probablemente lo más especial: jugar con uno de tus mejores amigos y estar con él cada día. Es algo que me emociona muchísimo”.

Detrás de esta operación hay también una historia de ascenso vertiginoso. Hace poco, Rogers peleaba en el día a día con la camiseta de Middlesbrough. Su salto a Aston Villa en 2024 cambió el escenario y, bajo la dirección de Unai Emery, su evolución se disparó.

Ese crecimiento le abrió las puertas de la selección de Thomas Tuchel para el Mundial 2026. No fue un invitado de piedra. Firmó un torneo de consagración, con titularidad en la semifinal ante Argentina y una asistencia clave para Anthony Gordon. Aquella actuación, sumada a su regularidad en la Premier League, terminó de convencer a Chelsea.

El club londinense ve en él el perfil ideal para liderar un ataque renovado desde este mismo curso. Un técnico con el que comparte mirada, un amigo íntimo convertido en socio en el campo y un escenario de máxima exigencia. Rogers ya ha elegido su camino. Ahora le toca demostrar si está listo para comandar la próxima versión de Chelsea.