Richarlison se queda atascado: caos en su futuro con el Tottenham
El futuro de Richarlison entra en zona de turbulencias. Su esperado regreso a Brasil con Vasco da Gama se ha desplomado a última hora y todo apunta a que el delantero seguirá, a la fuerza, en el norte de Londres.
Según BBC Sport, Tottenham había alcanzado un acuerdo de traspaso con el club carioca, pero el choque en las condiciones personales convirtió la operación en imposible. El mercado brasileño cierra este viernes por la noche y el reloj ya no perdona: con el plazo agotándose, el jugador de 29 años se encamina a continuar en un club donde ya no se siente parte del proyecto.
De un fichaje roto a otro: caos en torno al brasileño
El desplome de la opción Vasco da Gama llega tras semanas caóticas para Richarlison. El atacante se quedó fuera de la lista de la Premier League después de que se viniera abajo, en el último día de mercado, un traspaso de 35 millones de libras a Everton. De posible regreso a Goodison Park… a quedarse sin hueco ni dorsal.
Tottenham y el jugador mantienen un pulso abierto por los nueve meses que restan de contrato. Nadie cede. Nadie afloja.
El brasileño, mientras tanto, se mueve. Explora salidas, consulta abogados, busca resquicios. Según la misma información, ya ha acudido a la FIFA en un intento drástico de romper su vínculo con los ‘Spurs’. No es un gesto simbólico: es una declaración de guerra.
El club, por su parte, lo ha relegado a entrenar con el equipo Sub-21. Para Richarlison, ese descenso de estatus no es solo una humillación deportiva; lo interpreta como una base legal para intentar rescindir su contrato de forma unilateral. Su titularidad en la derrota de la primera jornada a domicilio ante Brentford podría quedar, así, como su última aparición con la camiseta del Tottenham.
Everton, una puerta que también se cerró
Antes de mirar a Brasil, el camino parecía claro: volver a Everton, donde se convirtió en ídolo con 53 goles en 152 partidos. El reencuentro prometía ser una de las historias del verano.
No ocurrió.
El delantero rechazó finalmente la posibilidad de volver a ponerse a las órdenes de David Moyes, molesto por la forma en que se desarrollaron las negociaciones. Otro puente quemado. Otra vía de escape que desaparece.
De Zerbi se aparta del foco
En medio del incendio, el técnico del Tottenham, Roberto de Zerbi, no quiere entrar en el barro. En la rueda de prensa de este viernes, el italiano esquivó cualquier explicación sobre el conflicto.
«No lo sé. No es mi trabajo», respondió, cortante, cuando le preguntaron por la situación. Y dejó una frase cargada de intención: «Lo que puedo decir es que sé muy bien lo que el club ha hecho por Richarlison y sé muy bien lo que Richarlison ha hecho por el club en el último mes, dos meses. Yo lo sé, el club lo sabe, él lo sabe, su agente lo sabe. Todos lo saben mejor que ustedes. Mucho mejor».
Un mensaje claro: puertas adentro hay información, reproches y cuentas pendientes que no van a hacerse públicas tan fácilmente.
Para complicar aún más el tablero, el Tottenham conserva la opción de activar una extensión unilateral de 12 meses en el contrato del brasileño. Un arma poderosa en cualquier negociación y un elemento que endurece todavía más el pulso.
La vía FIFA y el espejo de Renan Lodi
Sin mercado y sin minutos, Richarlison mira ahora hacia Zúrich. Su objetivo es seguir el camino que abrió Renan Lodi, que el año pasado logró que la FIFA interviniera para romper su contrato y quedó libre para firmar fuera de la ventana de fichajes.
Si el organismo rector del fútbol le da la razón, el delantero podría fichar por un nuevo club incluso con el mercado cerrado. Sería un golpe durísimo para el Tottenham, que se arriesga a perder a un activo importante sin traspaso y con un precedente incómodo para el resto del vestuario.
En los despachos del club londinense se abre ahora una disyuntiva incómoda: pelear el caso hasta el final y entrar en una batalla legal larga y ruidosa, o sentarse a negociar una rescisión pactada que ponga fin al conflicto sin más desgaste.
El tiempo del mercado se ha acabado. El tiempo político, el de las decisiones duras, empieza ahora. Y en el centro de todo, un delantero que ya no quiere estar donde aún está obligado a jugar.






