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La PFA lanza campamento de pretemporada para jugadoras sin contrato

En pleno verano, las redes se llenan de las mismas escenas: grupos de jugadoras entrando a los campos de entrenamiento, abrazos con viejas compañeras, primeras carreras bajo el sol y las fotos de rigor con el mensaje de “de vuelta al trabajo”. Para muchas, es el inicio de otra temporada. Para otras, es un recordatorio incómodo de que, de momento, no tienen dónde volver.

Ese vértigo es el que quiso atacar de frente la Professional Footballers’ Association (PFA). Este verano, el sindicato lanzó por primera vez un campamento específico de pretemporada para jugadoras sin contrato de la Women’s Super League (WSL) y de la Women’s Super League 2 (WSL2), un paso que encaja con la nueva dimensión profesional del fútbol femenino en Inglaterra.

“Todas las jugadoras con las que hablé mencionaron ese momento”, explica Victoria Williams, responsable de fútbol femenino en la PFA y exjugadora de Chelsea y Brighton & Hove Albion. “Habían tenido buenas temporadas o volvían de una lesión, pero cuando empezaron a ver a las demás regresando a los clubes, la cabeza se les disparó”.

Un campamento para no quedarse atrás

El programa se desarrolló durante las semanas del 15 y del 22 de julio. No fue un simple espacio para “mantenerse en forma”. La PFA montó un entorno que imitaba, con rigor, el día a día de un club profesional: sesiones de campo, trabajo en gimnasio, planificación de cargas. A eso se sumaron los equipos de bienestar, desarrollo personal y la business school del sindicato, para que las jugadoras trabajaran tanto el físico como el futuro.

La iniciativa llega en un contexto muy concreto. La WSL2 se ha profesionalizado de cara a la temporada 2025/26 y la PFA ha ampliado su membresía a las dos primeras categorías, con más futbolistas que nunca bajo su paraguas. El nivel sube, el mercado se endurece, el talento internacional mira a Inglaterra y, con ese escenario, quedarse sin contrato ya no es un bache menor: puede ser un punto de inflexión en una carrera.

“La intención siempre ha sido tener un campamento femenino paralelo al masculino”, apunta Williams. “Ahora que la WSL2 es plenamente profesional, vemos más jugadoras que de verdad quieren construir una carrera en el fútbol. Si se quedan sin contrato, sobre todo en WSL2, bajar a la tercera categoría no es tan sencillo por las diferencias en las condiciones profesionales”.

El mensaje es claro: cuanto más crece el juego, más necesaria se vuelve una red de seguridad de este tipo.

Mucho más que correr y levantar pesas

El campamento no se planteó como refugio de descarte, sino como una plataforma de élite. Williams lo resume con firmeza: “A veces se ve estos campamentos como el lugar al que van las jugadoras porque no tienen club, pero no es eso. Están ahí para entrenar en un entorno de alto nivel mientras tienen tiempo y espacio para tomar la mejor decisión para ellas mismas”.

El objetivo: que ninguna futbolista firme por urgencia, por miedo a quedarse atrás en la preparación. Si la PFA puede replicar el estándar de un club, la prisa deja de ser un argumento.

Para Libby Smith, exdelantera del Nottingham Forest, el impacto fue inmediato. Volver a un contexto profesional, en un momento en el que la incertidumbre puede mermar la confianza, marca la diferencia.

“Las instalaciones son de primer nivel. Todo es profesional. Está todo muy bien organizado”, cuenta Smith. “Marca una diferencia enorme. Mantiene la motivación alta y te ayuda a superar las sesiones. Estar aquí ha mantenido mi condición física y me ha permitido trabajar en cosas individuales que quería mejorar”.

El detalle también se notó en el cuerpo técnico. “Los entrenadores han sido brillantes, preguntando si había algo específico en lo que quería ayuda. Me va a permitir llegar a un nuevo club lista para rendir desde el primer día”.

Volver a tener un lugar al que ir

Más allá de los datos y las cargas de trabajo, muchas jugadoras valoraron algo más básico: volver a sentir que pertenecen a un grupo.

“Llega ese momento en verano en el que piensan: ‘Menos mal que tengo un sitio al que subirme al coche, ir y estar rodeada de jugadoras’”, relata Williams. “Es exactamente lo que escuchamos en los campamentos masculinos. Es esa sensación real de: ‘Tengo un propósito, un lugar donde me siento apoyada y un poco de control sobre mi futuro’”.

En un fútbol femenino que se profesionaliza a toda velocidad, los periodos entre contratos se vuelven más delicados. Hay presión económica, circunstancias personales, la sensación de que el reloj corre demasiado rápido. Cuando los equipos ya están en pretemporada y una jugadora aún no sabe dónde va a jugar, la inestabilidad se dispara.

“Cuando entrenas sola y no sabes qué te espera, eso te desgasta mucho”, admite Williams. “Si podemos recrear ese entorno de club, recordarles de lo que son capaces y ayudarles a irse con confianza en su talento, sabiendo que hay gente que cree en ellas, entonces es un éxito enorme”.

Un estreno con efecto inmediato

El primer campamento dejó señales alentadoras. Varias jugadoras recibieron ofertas antes incluso de que terminaran las dos semanas de trabajo. No es casualidad: ritmo competitivo, exposición ante clubes atentos al mercado y futbolistas preparadas para responder.

La PFA ya está usando el feedback de las participantes para ajustar la próxima edición: se valora empezar antes en el verano y, a medio plazo, introducir amistosos que terminen de replicar la estructura del programa masculino, mucho más consolidado.

“Queremos que esto se convierta en un fijo del calendario estival”, afirma Williams. “Mientras las jugadoras lo quieran, lo vamos a seguir haciendo. Hemos aprendido muchísimo en este primer año y ahora se trata de hacer el campamento del año que viene aún más grande y mejor”.

Las pioneras de este verano han dejado algo más que buenas sensaciones. Han puesto los cimientos de un recurso que puede cambiar la manera en que las futbolistas viven ese tramo más frágil de su carrera.

“Doy mucho mérito a la valentía de las jugadoras que vinieron”, reconoce Williams. “No sabían cómo iba a ser. No tenían un campamento anterior como referencia, ni otras mujeres que lo hubieran hecho antes. Vinieron, trabajaron increíblemente duro y sacaron muchísimo provecho”.

La próxima vez que el verano traiga esas fotos de regresos y pretemporadas, muchas jugadoras sin contrato ya sabrán que hay un lugar donde entrenar, pensar y decidir sin miedo. La pregunta ahora es cuántas más se atreverán a dar ese paso y reclamar, también en la incertidumbre, un espacio profesional a su altura.

La PFA lanza campamento de pretemporada para jugadoras sin contrato