Parrott brilla en la victoria del Betis sobre el Real Madrid
El Estadio de La Cartuja rugió como si fuera mayo y no principio de temporada. Real Betis derribó a un gigante. Y el héroe inesperado se llama Troy Parrott.
El internacional irlandés, recién llegado desde AZ Alkmaar el mes pasado, necesitó apenas unos minutos para convertir su debut en casa en un recuerdo que le perseguirá toda la vida. Entró desde el banquillo y, en el minuto 82, desató la locura verdiblanca con el único gol del partido ante un Real Madrid que llegaba con pleno de victorias en La Liga.
El instinto del ‘9’
La jugada del gol nació en un córner, en un estadio que ya olía a nervios. Nelson Deossa se elevó y conectó un cabezazo brutal. Thibaut Courtois respondió con una parada de primer nivel, una de esas manos que suelen cambiar partidos. Esta vez, no bastó.
El rechace quedó muerto en el área pequeña. Un instante. Un parpadeo. Y allí apareció Parrott, el más rápido, el más despierto, para fusilar la portería y poner el 1-0. Puro instinto.
«Ese es el trabajo de un delantero», explicó después el dublinés. «Ir a por el balón y esperar que caiga delante de mí. Mira, en un partido puedo hacer esto diez veces y que no pase nada. Es una cuestión de mentalidad, de seguir entrando, de insistir, y hoy llegó».
Betis se adelantaba cuando el partido parecía encaminado a un empate de desgaste. El golpe dejó tocado al equipo de José Mourinho, pero no lo tumbó del todo.
VAR, suspense y un penalti al limbo
El Madrid, que había arrancado el curso con tres triunfos seguidos, creyó haber rescatado un punto en el 87. Carlos Espi conectó una acrobacia impecable dentro del área y silenció por unos segundos a la grada. La celebración duró poco.
El VAR trazó las líneas y determinó que Vinicius Junior estaba en fuera de juego en la acción previa. Gol anulado. El banquillo blanco se quedó helado, el estadio explotó de alivio.
Quedaba un giro más en el guion.
En el tiempo añadido, llegó la oportunidad que cualquier equipo sueña en un escenario hostil: penalti a favor. Killian Mbappé agarró el balón, asumió la responsabilidad y se plantó frente a la grada bética, encendida. Disparo. Y error. Otra ocasión de oro que se escapaba para los visitantes.
Betis, empujado por un público que olió la gesta, resistió los últimos minutos como se defienden las victorias grandes: con todo. Piernas al límite, despejes sin concesiones y una comunión total entre equipo y grada.
Betis se sube al tren de cabeza
El triunfo coloca al equipo de Manuel Pellegrini con nueve puntos tras cuatro jornadas, los mismos que el Real Madrid, y alarga un inicio de temporada que ya empieza a mirarse con respeto en el campeonato.
«No sé cómo perdimos porque jugamos muy bien colectivamente. No puedo reprochar la actitud de ninguno de mis jugadores. Merecimos ganar, pero merecer ganar no te da puntos», lamentó Mourinho tras el encuentro.
El técnico portugués defendió a su vestuario en bloque. «Estoy muy contento con mis jugadores, con todos. No puedo culpar a ninguno individualmente. En cuanto al penalti, cuando uno de nosotros da un paso al frente para tirarlo, todos estamos juntos».
También dejó un dardo sutil hacia el rival. «Los jugadores del Betis son más callejeros que los del Madrid, que son muy honestos. Con el apoyo de una afición fantástica, consiguen este tipo de ventajas».
Mientras Mourinho buscaba explicaciones, Parrott sonreía. Betis había firmado una victoria de esas que se recuerdan en mayo cuando se hace balance. Y el irlandés, en su primera noche grande en Sevilla, ya se ha ganado un lugar en las conversaciones de la ciudad. ¿Será solo el inicio de algo mucho más grande?






