El nuevo Liverpool de Iraola: semilla de un proyecto en Chicago
Bajo el cielo gris de Chicago, el nuevo Liverpool de Andoni Iraola empezó a tomar forma. Al fondo, casi como un guiño del destino, Robert Lewandowski lanzaba penaltis para Chicago Fire en el mismo complejo de entrenamiento. El polaco, ahora con 37 años, mandó uno por encima del larguero justo cuando la sesión del técnico vasco echaba a andar. Dos generaciones, dos proyectos, compartiendo césped y telón de fondo.
Szoboszlai, Jones y una arenga que no pasó de ahí
El eco del último amistoso aún rondaba el ambiente. A mitad de semana, un vídeo en redes sociales mostró a Dominik Szoboszlai y Curtis Jones discutiendo acaloradamente tras la victoria ante Wrexham. La escena, amplificada por las cámaras de los móviles, encendió el debate. Jones, además, ha sido vinculado con un posible traspaso al Inter de Milán, lo que añadió más ruido.
Szoboszlai restó importancia al asunto el jueves. Insistió en que todos estaban “en el mismo barco”, empujando por lo mismo: el bien del club y del vestuario. Y el viernes, los gestos acompañaron las palabras.
Szoboszlai, Jones y Kostas Tsimikas, también presente en el famoso clip, saltaron al campo juntos, riendo, haciendo malabares con el balón y bromeando delante de las cámaras. Ni rastro de tensión. Solo complicidad.
El origen del rifirrafe se entendió como un detalle simbólico: Szoboszlai entregó el brazalete de capitán a Tsimikas en lugar de a Jones. Nada más. Un gesto que, en un vestuario de élite, puede encender el orgullo de cualquiera. Para entonces, el viernes, la historia parecía cerrada.
La escena dejó, eso sí, una lección para Iraola. En una era en la que cualquier aficionado puede grabar desde la grada, ciertas discusiones mejor que se queden en la intimidad del vestuario. Y recordó también una urgencia estructural: con la marcha de Andy Robertson, el puesto de vicecapitán sigue vacante. El nuevo entrenador tendrá que tomar esa decisión pronto.
Isak vuelve, Wirtz apunta al domingo
Entre las buenas noticias, el regreso al trabajo de Alexander Isak, fichaje récord del club. El delantero se reincorporó a los entrenamientos en Liverpool esta semana y ya trabaja a las órdenes de Iraola.
Isak, Florian Wirtz y Ryan Gravenberch no viajaron a Nueva York, donde el equipo venció 1-0 a Wrexham en el segundo amistoso de la pretemporada. Ahora se espera que los tres tengan minutos el domingo ante Leeds en Soldier Field, en Chicago.
No todos pudieron estar sobre el césped. Jeremy Jacquet se ausentó de la sesión grupal, aunque trabajó en el gimnasio mientras el club dosifica con cuidado su regreso tras la lesión de hombro sufrida en febrero. El central es duda para el fin de semana, pese a que el propio Iraola había sugerido días atrás que podría participar.
También se ejercitó en el interior Joe Gomez, ya descartado para el inicio de la Premier League. Otra pieza importante que el técnico no podrá tener de inmediato.
Iraola marca el ritmo
Una vez superados los ejercicios de calentamiento, la huella de Iraola se hizo evidente. Intensidad alta, órdenes claras, presencia constante. El técnico se involucró de lleno en cada ejercicio, corrigiendo, señalando líneas de pase, apretando el ritmo.
“Play in possession”, “quicker, quicker”. Las consignas se repetían, casi como un metrónomo, marcando el compás de la sesión. El mensaje era nítido: circulación rápida, valentía con balón, agresividad en la presión.
Cada gol en los minijuegos se celebraba con efusividad entre los jugadores. El ambiente, pese a la exigencia, fue ligero, con sonrisas y bromas, pero siempre bajo la mirada atenta de un entrenador que no dudó en parar el juego para hablar de posicionamiento o corregir un detalle táctico.
Después, el grupo se dividió. En un campo reducido, se organizó un nueve contra nueve para trabajar situaciones más reales de partido. En otra zona, el resto del equipo se centró en acciones a balón parado junto a los asistentes Tommy Elphick y Shaun Cooper.
Wirtz asumió la responsabilidad en los saques de esquina, afinando golpeo y trayectorias. Elphick incluso se puso un peto para participar en los ejercicios, subiendo un punto más la competitividad de la sesión.
Desde la banda, atento, observaba Mike Gordon, presidente de Fenway Sports Group y de nuevo al frente de las operaciones del club. Su presencia en Chicago subraya la importancia de esta nueva etapa. Se espera que también esté el domingo en Soldier Field.
Cerveza, historia y jerarquía
La construcción de un proyecto no se hace solo con pizarras y carreras. El jueves por la noche, la plantilla compartió una cena de equipo. Tras ella, Iraola se tomó una cerveza con dos símbolos del club: Phil Thompson y Robbie Fowler.
Thompson explicó a BBC Sport que hablaron de muchas cosas: de la temporada que viene, de fútbol, pero también de sus familias. Conversaciones sencillas que ayudan a tejer lazos entre el presente y la historia del club.
Hay un detalle que ilustra el cambio de eras: cuando Thompson levantó su tercera Copa de Europa con Liverpool, Iraola ni siquiera había nacido. Y, sin embargo, el nuevo entrenador se sienta con él, escucha, reconoce el peso de esas leyendas y lo que aún significan para el escudo.
Ese respeto por la historia, combinado con la energía de un cuerpo técnico nuevo, dibuja un punto de partida claro. No es solo un relevo en el banquillo. Es un intento de conectar pasado, presente y futuro.
Semillas en la Ciudad del Viento
A Iraola le quedan todavía tres semanas para su debut oficial en la Premier League como técnico de Liverpool. Tiempo para pulir automatismos, definir jerarquías, cerrar el debate del vicecapitán y recuperar piezas clave.
Pero las primeras semillas ya están en la tierra, plantadas en un centro de alto rendimiento de la MLS, bajo un cielo plomizo y con Lewandowski fallando un penalti en un campo contiguo.
En Chicago, lejos de Anfield, el nuevo Liverpool empezó a ensayar su identidad. La cuestión, a partir de ahora, es simple y enorme: ¿hasta dónde puede llegar este proyecto cuando el balón empiece a rodar de verdad?






