Nueva Zelanda se desmarca de Infantino mientras Oceanía apoya a la FIFA
Gianni Infantino afronta el momento más incómodo de su mandato al frente de la FIFA. Y ahora, una voz que solía ser discreta ha decidido alzarse: Nueva Zelanda ha retirado su apoyo a la reelección del suizo, mientras la confederación de su región, la Oceania Football Confederation (OFC), mantiene su respaldo al liderazgo actual del organismo.
Todo gira en torno a un plan que ya ha sido abortado, pero que sigue dejando heridas abiertas: la venta de una participación en los derechos comerciales de competiciones de la FIFA a inversores privados.
La grieta: Nueva Zelanda rompe filas
Nueva Zelanda, único país de la OFC que disputará el Mundial de este año, anunció el viernes que ya no respalda la candidatura de Infantino para un cuarto mandato, que se someterá a votación en el Congreso de la FIFA del próximo año.
El detonante es claro: la propuesta para escindir los derechos comerciales de la Copa del Mundo y vender un 20 por ciento a capital privado, una operación estimada en unos 4.200 millones de dólares, que fue retirada tras la fuerte reacción interna.
La federación neozelandesa exige ahora que la revisión de esa propuesta no quede en manos de la propia FIFA. Quiere una auditoría externa, real, con margen para señalar responsabilidades.
“Hemos pedido una revisión independiente específicamente porque lo que no queremos ver es una especie de lavado rápido interno”, explicó el director ejecutivo de New Zealand Football, Andrew Pragnell, en declaraciones a la agencia Reuters. Para él, solo un análisis externo puede empezar a recomponer “la confianza perdida” en la cúpula del organismo.
Nueva Zelanda no está sola en esa demanda. Otras confederaciones ya han reclamado el mismo tipo de investigación, y Pragnell insiste en que el alcance de esa revisión debe ser acordado por todas las regiones y arrancar “con urgencia”.
OFC respalda, pero pide cambios
Mientras Wellington se desmarca, la OFC opta por una postura mucho más conciliadora. En un comunicado, la confederación oceánica celebró la decisión de la FIFA de retirar la propuesta de venta y subrayó que el fútbol en la región ha crecido en la última década bajo la actual dirección del organismo.
La OFC “reconoce el progreso” logrado en el desarrollo del fútbol en Oceanía y anima a la FIFA a utilizar la revisión del fallido proyecto como una oportunidad para “identificar e implementar los cambios que puedan ser necesarios”.
Es un mensaje doble: apoyo político a Infantino, pero también una invitación a corregir el rumbo tras un episodio que ha sacudido la confianza de buena parte del mundo del fútbol.
Rebelión en tres continentes
El caso no es menor. El plan de Infantino no solo buscaba una inyección multimillonaria para las competiciones, sino que venía acompañado de un incentivo directo: una subvención de 20 millones de dólares para cada asociación miembro en el próximo ciclo de financiación, cantidad que podría haberse duplicado si se firmaba el acuerdo.
La propuesta, sin embargo, desató un auténtico levantamiento institucional. Tres confederaciones –UEFA (Europa), la Asian Football Confederation (AFC) y CONCACAF (Norte y Centroamérica y Caribe)– exigieron una revisión del liderazgo de Infantino y criticaron con dureza su gestión del proyecto.
Tras una reunión de crisis en Marruecos la semana pasada, la FIFA dio marcha atrás, pidió disculpas a sus 211 asociaciones por los errores en el manejo de la operación y afirmó que su dirección mantiene el “pleno apoyo” a Infantino. Pero el ruido no ha cesado.
Las tres confederaciones rebeldes representan 136 de las 211 asociaciones con derecho a voto en las elecciones presidenciales de marzo. Una masa crítica que, si se coordina, puede poner en aprietos reales al actual presidente.
Aliados clave y un tablero dividido
Pese a la presión, Infantino no está aislado. De hecho, conserva apoyos poderosos.
Seis presidentes de federaciones árabes, entre ellos los de Qatar y Marruecos –este último, coanfitrión del Mundial de 2030–, ratificaron el jueves su respaldo “firme” al dirigente suizo y destacaron sus “esfuerzos sostenidos para hacer avanzar el fútbol a nivel global”.
La Confederation of African Football (CAF) también ha cerrado filas. Su comité ejecutivo confirmó de forma unánime su apoyo a Infantino, aunque eso no garantiza que las 54 asociaciones africanas voten en bloque llegado el momento.
En Sudamérica, la estructura sigue alineada con el presidente de la FIFA, mientras que en Asia la situación es más matizada: la AFC ha pedido una revisión independiente del proyecto, pero no todas sus federaciones han cuestionado directamente el liderazgo del suizo.
Australia, miembro de la AFC, se ha sumado a la petición de investigación externa, sin pronunciarse públicamente sobre la continuidad de Infantino. “En base a lo que hemos visto, incluida la adhesión de Australia al comunicado de la AFC, estamos fuertemente alineados”, señaló Pragnell, apuntando a una sintonía clara entre Nueva Zelanda y el bloque asiático en cuanto a la necesidad de transparencia.
Preguntas incómodas sobre Thrive Capital
Para Nueva Zelanda, el asunto no se limita a una mala comunicación o a un error táctico. Pragnell insiste en que la revisión independiente debe arrojar luz sobre cómo se toman las decisiones en la FIFA, qué mecanismos de supervisión existen realmente y quiénes participaron en la gestación del proyecto.
Un punto especialmente sensible es el papel previsto para Thrive Capital, firma de inversión con estrechos vínculos familiares con el expresidente de Estados Unidos, Donald Trump. La investigación, reclama el dirigente neozelandés, debe aclarar por qué se eligió a esa empresa y qué grado de influencia iba a tener en la explotación de los derechos comerciales.
La FIFA ha prometido revisar el proceso. Pero son las asociaciones, divididas entre la lealtad política y la desconfianza creciente, las que decidirán si esa revisión basta para sostener a Infantino en un cuarto mandato.
Con el Congreso del próximo año en el horizonte, la pregunta ya no es solo quién apoya al presidente. La cuestión, más bien, es cuánta presión están dispuestas a ejercer las federaciones que han perdido la confianza en la cúpula del fútbol mundial. Y cuánto tiempo puede resistir ese equilibrio frágil antes de romperse.






