Logotipo completo Tribuna Gol

Nicolás Otamendi se despide de la Selección: adiós al último caudillo

Nicolás Otamendi eligió el miércoles para escribir el mensaje que sabía inevitable y que, a la vez, nadie quería leer. Lo hizo a su manera: sin estridencias, sin conferencia de prensa, sin cámaras. Un posteo en Instagram, unas líneas directas al corazón de la Selección. Y una fecha marcada a fuego: el final de su ciclo con Argentina tras el Mundial 2026.

“Hoy me toca escribir las palabras más difíciles de mi vida”, arrancó el defensor, ex Manchester City y Benfica. No exageraba. Detrás de esa frase se cerraba una etapa que empezó como un sueño de barrio y terminó en lo más alto del fútbol mundial.

Otamendi recordó que vestir la camiseta argentina fue “un sueño de la infancia” y “el mayor privilegio” de su carrera. No fue una frase hecha: la respaldan casi dos décadas de Selección, desde aquel pibe aguerrido de Vélez Sarsfield en 2008 hasta el veterano que se marchó como campeón del mundo y subcampeón en 2026.

“Defendí esta camiseta con todo mi corazón, con orgullo y con responsabilidad, sabiendo lo que significa para millones de argentinos”, escribió. Esa declaración condensa su perfil: rudeza, sí; pero también una conciencia permanente del peso del escudo.

Dolor por la final perdida, paz por lo entregado

En su mensaje, Otamendi no esquivó la herida reciente: la derrota en la final del Mundial 2026. La espina está ahí, fresca. La admite. Pero la equilibra con otra sensación: se va “con la tranquilidad de haberlo dado todo”.

No hay dramatismo impostado. Hay un tipo de 38 años que sabe que el fútbol no perdona el paso del tiempo, que entiende que su cuerpo ya no responde como antes, que asume que el recambio es ley. Y aun así, se despide desde un lugar de plenitud: cumplió el sueño máximo, ser campeón del mundo con Argentina.

Otamendi aprovechó el mensaje para agradecer a los hinchas y a su familia, los que lo acompañaron “en las buenas y en las malas”, y dejó una frase dirigida a los que vienen: pidió a la próxima generación que “nunca deje de creer”. No es casual: el camino de esta Selección, de las finales perdidas al título en Qatar, se construyó justamente sobre esa obstinación.

“Gracias, Argentina. Gracias por dejarme cumplir el sueño de ser campeón del mundo y vestir la camiseta más linda del mundo”, cerró. Punto final. No hay espacio para el replanteo. Su historia con la Albiceleste está escrita.

La avalancha de mensajes: respeto ganado, legado asumido

La publicación no tardó en llenarse de mensajes. No de cortesía, sino de verdadera admiración. Excompañeros, hinchas, colegas. Todos con el mismo tono: reconocimiento a un líder que quizá habló poco, pero marcó mucho.

Alexis Mac Allister lo definió como “un ejemplo de lucha, resiliencia y amor por la camiseta”. Germán Pezzella fue por el mismo carril: lo llamó “un guía para todos nosotros”. No son palabras livianas: hablan del peso específico de Otamendi puertas adentro, en el vestuario y en la cancha.

También se sumaron Paulo Dybala, Marcos Senesi, Mariano Andújar y Gianluca Prestianni, entre otros, con mensajes de gratitud. Cada uno, a su modo, dejó claro que se va algo más que un marcador central: se va una referencia.

El más profundo, por ahora, fue el de Rodrigo De Paul, que eligió una historia de Instagram para despedir al subcapitán. “Desde el día que llegué a la Selección me abriste la puerta de tu habitación y desde ese día mantenemos los mismos rituales”, escribió. Y siguió: “Mi agradecimiento hacia vos, hermano, es eterno. Fuiste un ejemplo a seguir y uno de los líderes de la hermosa historia que construyó este equipo. Gracias por todo, te voy a extrañar”.

No es sólo cariño. Es jerarquía reconocida por quienes compartieron la trinchera.

Un adiós anunciado, pero igual emotivo

La noticia golpea en lo emocional, pero no sorprende. A los 38 años, Otamendi ya figuraba en todas las listas imaginarias de posibles ausentes en los próximos compromisos de la Selección. El fútbol de elite es implacable con la edad, incluso con los cuerpos más preparados.

En Qatar 2022 fue titular indiscutido, uno de los hombres de máxima confianza de Lionel Scaloni. Cuatro años después, su rol mutó. Pasó de ser la columna vertebral de la zaga a ocupar un lugar de respaldo, con Lisandro Martínez afianzado junto a Cristian “Cuti” Romero como dupla central principal.

Ese cambio no le restó influencia. La experiencia, el carácter y el conocimiento de los grandes escenarios lo mantuvieron como referencia para el grupo, aunque sus minutos en cancha fueran menos. Otamendi entendió el contexto, aceptó el nuevo papel y siguió empujando desde donde le tocara.

De Vélez al Olimpo de los defensores argentinos

Su historia con la Albiceleste se remonta a 2008, cuando irrumpió como defensor firme, áspero y confiable en Vélez Sarsfield. Desde ahí saltó a Europa y fue moldeando su carácter en ligas y clubes donde el margen de error es mínimo.

Su estilo nunca fue delicado. Rugoso, combativo, a veces al borde. Un defensor que no negocia el choque, que disfruta el duelo, que se agranda en la fricción. Pero detrás de esa dureza hubo siempre un rasgo que lo distinguió: una tenacidad inagotable.

Su dominio aéreo es la mejor prueba. Con 1,83 metros, no es un gigante en el contexto internacional. Sin embargo, se cansó de ganar duelos por arriba. El ejemplo más recordado: la imagen de Qatar 2022, en el cruce de octavos de final ante Australia, cuando se lo ve imponiéndose en el salto sobre Harry Souttar, de 1,98. Una foto que se volvió símbolo: el defensor argentino más bajo, superando al torreón rival a pura decisión.

Otamendi se va dejando una herencia clara: determinación, fiereza, competitividad. Cualidades que no figuran en las estadísticas, pero que se sienten en cada cruce, en cada anticipo, en cada grito para ordenar la línea de fondo.

Un lugar entre los grandes

Con su despedida, se cierra la etapa del último gran caudillo clásico de la defensa argentina. En la memoria colectiva ya se lo empieza a ubicar en la misma mesa que Daniel Passarella, Oscar Ruggeri y Roberto Ayala. Distintos perfiles, distintas épocas, un mismo denominador: líderes que marcaron generaciones.

Otamendi no fue el más elegante ni el más técnico. Fue otra cosa. El que nunca se guardó nada, el que se plantó en finales perdidas y en finales ganadas, el que encarnó el carácter de una Selección que aprendió a levantarse después de cada golpe.

Ahora el desafío queda del lado de los que vienen. Lisandro Martínez, Cuti Romero y la nueva camada de defensores tendrán que sostener esa vara, esa mezcla de oficio y coraje que convirtió a la camiseta número 19 en un símbolo de combate.

Otamendi ya dijo adiós. La Selección seguirá su camino. La pregunta es quién tomará ahora ese lugar de caudillo en la última línea cuando suene el próximo himno en un gran torneo.