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El Mundial más culé de la historia

Este Mundial, repartido entre Estados Unidos, México y Canadá, será el más grande de la historia. Y, probablemente, el más culé que se haya visto jamás. Donde mire un aficionado del FC Barcelona, encontrará un rastro azulgrana: en los banquillos, en las áreas técnicas, en las bandas, en las áreas rivales. En casi cada partido habrá un motivo para fijarse, más allá de la bandera.

Un vestuario repartido por medio mundo

La presencia actual del Barça en el torneo es abrumadora: 16 jugadores del primer equipo, distribuidos en ocho selecciones distintas. Una colonia culé a escala mundial. No es solo una cuestión de cantidad; es una cuestión de peso específico. Son futbolistas llamados a ser protagonistas, no meros figurantes.

Pero la historia no termina en el vestuario actual. El Mundial se llena también de viejos conocidos, de nombres que pasaron por el Camp Nou y que ahora llegan con otros colores, pero con el mismo pedigrí. Para muchos culers será casi un viaje de nostalgia en directo.

Messi, Neymar y un escaparate de viejas glorias culés

El foco, inevitablemente, se posa sobre Leo Messi. El capitán de Argentina defiende la corona lograda en 2022 y vuelve a situarse en el centro del escenario global. Cada balón que toque llevará, para buena parte del barcelonismo, el eco de tantas noches mágicas en el Camp Nou.

Francia, subcampeona en el último Mundial, también tiene acento azulgrana. Ousmane Dembélé llega como vigente Balón de Oro y uno de los grandes reclamos del combinado francés. A su lado aparece otro ex, Lucas Digne, y un apellido que remueve recuerdos: Marcus Thuram, hijo de Lilian Thuram, que vistió la camiseta del Barça y cuyo hijo pasó por la FCB Escola durante aquellos años. Una línea genealógica que conecta generaciones y estilos.

Portugal tampoco se queda atrás en cuanto a vínculos culés. João Félix, Francisco Trincão y Nélson Semedo forman un trío con pasado barcelonista que apunta a tener minutos y responsabilidad. Enfrente, en el mismo Grupo K, Colombia presentará a Yerry Mina, central que dejó huella por su carisma y por aquellos goles decisivos a balón parado.

En otros rincones del cuadro aparecen más hilos que llevan a Barcelona. Franck Kessié será una de las piezas clave de Costa de Marfil. Sergiño Dest parte como lateral derecho titular de Estados Unidos, una de las selecciones anfitrionas y con ambición de dar un salto competitivo en casa.

Y entonces entra en escena otro nombre mayúsculo: Neymar. El brasileño regresa a la selección dos años y medio después de su última convocatoria. Aunque se perderá el debut por lesión, su sola presencia en la lista lo convierte en uno de los grandes iconos del torneo. Su figura sigue generando expectación, debate y recuerdos de aquella delantera inolvidable en Barcelona.

En la misma línea ofensiva de talento aparece Memphis Depay, ahora también en el fútbol brasileño a nivel de clubes y referencia del ataque de Países Bajos bajo el mando de Ronald Koeman. Un delantero que, cuando entra en racha, convierte cada disparo en una amenaza real.

Banquillos con ADN Barça

El influjo azulgrana no se limita al césped. El héroe de Wembley 92, Ronald Koeman, dirige a Países Bajos y se presenta como uno de los técnicos más observados del torneo. Su pizarra, su gestión del vestuario y su apuesta ofensiva lo colocan en el centro del análisis.

No estará solo. Julen Lopetegui, al frente de Qatar, y Thomas Christiansen, seleccionador de Panamá, completan el trío de entrenadores con pasado culé. No proceden de potencias tradicionales, pero su presencia habla de la expansión global de la escuela barcelonista, capaz de dejar huella incluso en proyectos alejados del foco histórico.

Lesiones, oportunidades y la huella de La Masia

El Mundial también llega con contratiempos. Ez Abde, uno de los jugadores más en forma de Marruecos, se perderá el estreno por lesión. Una baja sensible para una selección que se ha acostumbrado a competir sin complejos. En su misma selección, el central Chadi Riad, formado en La Masia, apunta a tener un papel relevante en la zaga norteafricana.

El caso de Riad no es aislado. El torneo está lleno de futbolistas que crecieron en los campos de La Masia antes de emprender otros caminos. España, por ejemplo, presenta en el lateral izquierdo un doble sello culé: Marc Cucurella y Alejandro Grimaldo, ambos salidos de la cantera barcelonista. A ellos se suma el joven extremo Víctor Muñoz, también producto de la casa, que encara el torneo en plena recuperación de una lesión.

Uruguay se apoya en Santi Bueno, otro defensor con pasado en la cantera azulgrana. Japón hace lo propio con Take Kubo, extremo eléctrico que pasó por la estructura formativa del Barça antes de consolidarse como una de las grandes promesas del fútbol asiático.

La lista sigue. Paraguay tiene como referencia ofensiva a Antonio Sanabria, delantero que también se curtió en La Masia. Corea del Sur cuenta con Seung-Ho Paik, mediocampista que en su día fue una de las grandes esperanzas de la base culé.

Un Mundial con mirada azulgrana

Al final, la sensación es clara: en este Mundial, el Barça está en todas partes. En las áreas, en las bandas, en los banquillos y en los recuerdos. Para el aficionado culé, el torneo no será solo una batalla entre selecciones. Será también un enorme escaparate de presente, pasado y futuro azulgrana.

La pregunta ya no es a qué selección seguir. La cuestión es cuántas veces, partido tras partido, aparecerá de nuevo el sello del Barça en el momento decisivo.