Mudryk: El inesperado regreso de Chelsea
Ni en los despachos de Stamford Bridge se imaginaban este giro. A 614 días de su última aparición con Chelsea, Mykhailo Mudryk vuelve a vestirse de azul y se sube a la gira de pretemporada por Australia y el sudeste asiático, con parada en Hong Kong. Un regreso que parecía imposible hace apenas unos meses.
De cuatro años de castigo… a libertad inmediata
El ucraniano vivía prácticamente una condena deportiva. Suspendido de forma provisional y después sancionado con cuatro años por la Federación Inglesa (FA) tras un “hallazgo adverso” de meldonium en un control rutinario en noviembre de 2024. Un medicamento para problemas cardíacos, pero también capaz de mejorar resistencia y recuperación.
Mudryk recurrió al Tribunal de Arbitraje Deportivo (CAS). El caso se alargó, el jugador siguió apartado, y el horizonte era oscuro. Hasta ahora.
El acuerdo final con la FA y la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) lo cambia todo: el extremo acepta haber infringido la normativa antidopaje, pero la sanción queda reducida al periodo ya cumplido. Libre para jugar de inmediato. Un matiz clave en la normativa ha sido decisivo: con los cambios recientes, la “baja concentración” de meldonium detectada en su muestra ya no habría supuesto un castigo.
El propio Mudryk lo dejó claro en un comunicado cargado de emoción en redes sociales. Habló de “larga batalla”, de la etapa “más difícil” de su carrera y volvió a insistir en que nunca tomó una sustancia prohibida de forma consciente o intencionada. El tono era de alivio puro. De superviviente.
Alonso abre la puerta: “Es un jugador especial”
Xabi Alonso, recién aterrizado en el banquillo de Chelsea, recogió el guante de inmediato. Tras la derrota en el amistoso ante Tottenham en Sídney, el técnico español se detuvo en el nombre que ahora lo condiciona todo: Mudryk.
“Estamos contentos por él, porque no somos capaces de entender realmente lo que ha pasado en todo este tiempo y cómo se siente ahora”, admitió. El mensaje fue claro: el vestuario se abre para un futbolista que llevaba demasiado tiempo fuera de la foto. “Queremos que se sienta parte del equipo. Que sienta el apoyo del club, de los compañeros, del cuerpo técnico”.
Alonso no escondió su sorpresa por el desenlace: “Para ser honestos, no esperábamos una noticia tan grande en este momento, así que estamos muy felices de saber que estará con nosotros”. Y tiró de memoria: recordó al Mudryk de Shakhtar Donetsk, el que desbordaba en el uno contra uno, el que generaba ocasiones casi de la nada. “Es un jugador especial”, remató.
Lo es. Pero también es un interrogante enorme.
De entrenar en Uxbridge a subirse al avión del élite
En estos 85 semanas de suspensión provisional, el día a día de Mudryk ha sido casi el de un exiliado. Sin acceso al grupo en Cobham, obligado a entrenarse en solitario, se refugió en el campo de Uxbridge, un club de categorías no profesionales en el oeste de Londres. Preparadores privados, porteros contratados para las sesiones, trabajo silencioso y lejos de los focos.
Nada que ver con la dinámica de un gigante de la Premier League. Ni con el ritmo de una pretemporada de élite. Es evidente que su condición física y su tono competitivo han sufrido sin entrenamientos colectivos ni partidos oficiales desde finales de 2024.
Y sin embargo, su nombre vuelve a agitar el mercado. Distintas informaciones apuntan a que Chelsea ya ha recibido un aluvión de interés desde que se conoció su regreso. Clubes de la Premier y de Europa han preguntado por él, entre ellos el recién ascendido Coventry City. No es un detalle menor: allí manda Frank Lampard, que ya trabajó con Mudryk en su breve etapa como técnico interino en Stamford Bridge en la 2022-23.
De momento, ninguna decisión está tomada. Chelsea quiere mirarlo de cerca en lo que queda de pretemporada. El curso 2026-27 arranca el 24 de agosto con una visita a Fulham, y entre ahora y entonces el club deberá decidir si su vuelta es un nuevo comienzo o sólo una escala.
Un regreso… a un lugar que ya ha cambiado
El problema para Mudryk es que el Chelsea al que vuelve no es el que dejó. El club se ha gastado una fortuna en su zona del campo durante su ausencia. Por la izquierda, donde se supone que debe brillar el ucraniano, la competencia es feroz.
- Morgan Rogers, fichaje récord del club por 117 millones de libras, está llamado a partir desde ese costado esta temporada.
- Un año antes llegó Jamie Gittens por 52 millones, otro zurdo de perfil agresivo.
- A eso se suma la irrupción del joven Dastan Satpaev, 17 años y muy buenas sensaciones en la pretemporada.
- Y aún está Pedro Neto, capaz de actuar en ambas bandas.
En ese contexto, la figura de Mudryk se llena de matices. No sólo por el tiempo perdido, también por lo que fue antes del parón. Chelsea pagó 89 millones de libras por él, una cifra descomunal para un talento todavía por pulir. El rendimiento nunca alcanzó ese listón: 19 participaciones de gol en 73 partidos. Rachas intermitentes, dudas, una confianza frágil que se quebraba con facilidad.
Cuesta imaginar que casi dos años fuera de la élite hayan reforzado su seguridad. Alonso lo sabe y pide calma: “Es demasiado pronto para decir cómo está en términos de forma física, del ritmo de juego que necesitas para volver a estar dentro. Es pronto. Veremos si progresa más rápido o más despacio, pero tenemos que ser conscientes de ello. Queremos que se sienta parte del equipo. Veremos cómo se desarrollan las cosas”.
¿Préstamo, apuesta… o salida definitiva?
El plan, a día de hoy, es un borrador. Mucho dependerá de cómo responda Mudryk en estas semanas. Sobre la mesa hay varios caminos.
Uno evidente: un préstamo. Un destino que le permita sumar minutos y reconstruir su carrera sin la presión inmediata del precio que pagó Chelsea ni de la competencia interna. Strasbourg, club vinculado a los londinenses, aparece como opción lógica. Shakhtar, el hogar donde se hizo nombre, también. O incluso otro club de la Premier dispuesto a asumir el reto de relanzarlo.
Otro escenario no sería tan sorprendente: que se quede en Stamford Bridge para recuperar tono físico y ritmo, con apariciones mínimas en el primer equipo hasta enero, y a partir de ahí sí, salida en forma de cesión o incluso traspaso. Legalmente, el club podría ir más lejos: una sanción por dopaje suele constituir un incumplimiento de contrato y permitir su rescisión, como ocurrió con Paul Pogba en Juventus. En el caso de Mudryk, sin embargo, Chelsea tendría difícil justificar no intentar recuperar al menos parte de esos 89 millones invertidos en 2023.
Mientras los ejecutivos hacen números y valoran escenarios, el jugador vive otra realidad. Para él, el simple hecho de volver a entrenar con el grupo ya es una victoria. Volver a sentirse futbolista, después de tanto tiempo apartado, es su primer título.
El resto —su rol en este Chelsea remodelado, su futuro inmediato, el juicio definitivo sobre su fichaje— se decidirá en los próximos meses. La pregunta es clara: ¿tendrá tiempo y espacio para demostrar que aquel chico eléctrico del Shakhtar todavía existe bajo el peso de una sanción, un precio desorbitado y un club que ya ha aprendido a vivir sin él?






