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Max Eberl critica a la FIFA y sugiere boicot europeo al Mundial

En Alemania ya no se susurra. Se grita. Max Eberl, una de las voces con más peso en el Allianz Arena, rompió cualquier código diplomático y apuntó directamente al corazón de la FIFA y del modelo de negocio impulsado por Gianni Infantino.

«Me avergüenza que siquiera discutamos estas ideas en el fútbol. El fútbol no nos pertenece», lanzó el directivo, en declaraciones recogidas por Sky Sport. Y no se quedó ahí: «Tengo la sensación de que la FIFA existe únicamente para obtener beneficios. Me da asco».

No fue un calentón aislado. Fue el reflejo de una fractura que se ensancha entre la cúpula del fútbol mundial y el poder europeo.

Europa se plantea decir “no”

La tensión ha alcanzado tal nivel que ya empiezan a circular con fuerza informaciones sobre un posible boicot al Mundial por parte de selecciones miembro de la UEFA. Un escenario que hace unos años habría sonado a ciencia ficción hoy se discute en despachos y pasillos.

Eberl, lejos de rebajar el tono, dejó claro de qué lado estaría si el conflicto escala: «Entonces, sí estaría a favor de que nosotros, como Europa, adoptáramos una postura firme y dijéramos: no, no participamos».

Un mensaje directo a Zúrich. Y una advertencia: si Europa se organiza, no será solo un gesto simbólico.

Sammer avisa: se juega con la credibilidad emocional

Mientras Eberl incendia el debate con palabras crudas, otras figuras del fútbol alemán optan por un registro más contenido, pero no menos inquieto. Matthias Sammer, leyenda del fútbol germano y actual asesor del Borussia Dortmund, reconoció la complejidad del papel de Infantino en la gobernanza moderna del deporte.

Sammer recordó que «Gianni Infantino primero tiene que lograr contentar a todos. Ese es su trabajo y el de la FIFA. Siempre es una línea muy fina». Pero, detrás de esa comprensión hacia la dificultad del cargo, asoma una preocupación central: los cimientos del juego.

El exinternacional advirtió de que se está apostando «la credibilidad emocional» del fútbol en la búsqueda de mayores retornos económicos para la organización global. Y remató con la idea que más resuena en los clubes tradicionales: ve «un peligro cuando se interfiere en la integridad del juego».

En otras palabras: el negocio está empujando los límites de lo aceptable. Y en Europa empiezan a preguntarse dónde está el freno.

Millones sobre la mesa, identidad en juego

Pese al ruido, Infantino mantiene el pulso. Ha fijado un calendario estricto y ha dado a las asociaciones miembro un plazo hasta septiembre para aprobar su modelo de inversión. Sobre la mesa, una promesa tentadora: una lluvia de millones para cada federación.

El dilema es claro. Dinero inmediato o dudas a largo plazo. Las organizaciones europeas miran con recelo el impacto que este acuerdo puede tener sobre la integridad del juego. No se trata solo de formatos o calendarios; se trata de quién manda realmente sobre el fútbol y con qué propósito.

Para Eberl y la cúpula del Bayern Munich, la respuesta es nítida: los beneficios económicos no compensan el precio que se paga en términos de identidad. Prefieren perder ingresos antes que ver al deporte convertido en un producto sin alma.

La encrucijada de la UEFA

El siguiente capítulo se escribirá en las reuniones de la UEFA. Allí se medirá el verdadero grado de rebeldía del continente. Las federaciones deberán decidir si se alinean con la FIFA y aceptan el nuevo modelo o si dan un paso histórico y abren la puerta a una ruptura sin precedentes.

No será solo una votación técnica. Será una declaración de principios.

¿Está Europa dispuesta a desafiar al organismo que controla el Mundial para defender la esencia del juego? La respuesta puede cambiar el rumbo del fútbol internacional durante décadas.