Maresca inicia la era post-Guardiola con victoria agónica
La vida después de Pep Guardiola en el Manchester City empezó con drama, sufrimiento y un suspiro de alivio. Enzo Maresca debutó en la Premier League con una victoria agónica 2-1 ante Bournemouth en el Etihad Stadium, mientras que Andoni Iraola evitó la derrota en su estreno al frente del Liverpool con un 2-2 en casa del Newcastle gracias a un penalti transformado en la última jugada.
Dos nuevos proyectos, dos sensaciones muy distintas. Maresca se fue a casa con tres puntos y muchas dudas; Iraola, con un punto, un susto y una lista clara de problemas por resolver.
El City sufre, Cherki cambia el guion y Maresca respira
La tarde en el Etihad arrancó con un recordatorio incómodo de que el ciclo Guardiola ya es pasado. Sin fluidez, sin chispa y con grietas atrás, el City volvió a parecer el equipo plano que cayó 3-0 ante el Arsenal en la Community Shield.
Bournemouth olió la fragilidad y golpeó primero. Marcus Tavernier silenció el estadio con un gol en la primera parte que retrató la falta de coordinación en la zaga local. El City atacaba sin colmillo, defendía sin convicción.
Durante muchos minutos, la pregunta flotó en el ambiente: ¿puede este City seguir el ritmo del campeón? La respuesta, futbolísticamente, fue tibia. Pero el marcador contó otra historia.
La noche cambió cuando Maresca miró al banquillo y tomó una decisión. Entró Rayan Cherki. Y el partido se encendió.
El francés tocó el balón y el City encontró ideas. Ritmo. Último pase. En seis minutos, Cherki firmó dos asistencias que voltearon un encuentro que parecía escaparse. Primero, un centro medido para que Marc Guehi se elevara y cabeceara el 1-1 a falta de seis minutos para el final. Después, ya en el descuento, otra acción nacida de su talento terminó en los pies de Josko Gvardiol, que definió con calma el 2-1 definitivo.
El Etihad pasó del murmullo al rugido. Maresca, del gesto tenso al alivio.
“El impacto fue increíble, es ese tipo de jugador. Me gusta Rayan, se lo dije también después del partido”, explicó el técnico italiano, que a la vez justificó su gestión: “A veces cuando planificas un partido y ya tienes cuatro de once jugadores que llegaron tarde de vacaciones, si metes uno más quizá la diferencia es demasiado grande”.
No fue una actuación convincente del City. Ni en ataque ni en defensa. Pero encontró la manera de ganar. Guardiola también había comenzado su reinado en 2016 con un triunfo agónico en casa ante Sunderland. Maresca, de momento, se agarra a ese paralelismo y a tres puntos que le dan aire en medio de tantas comparaciones con una década de 20 títulos y seis Premier League.
Iraola debuta entre golpes, concesiones y un penalti salvador
En St James’ Park, el nuevo Liverpool de Iraola vivió un estreno áspero, incómodo, muy lejos de cualquier idea de control. El 2-2 final ante Newcastle se sostuvo sobre la fe y el carácter, no sobre la solidez.
El contexto en Anfield es de reconstrucción profunda. Arne Slot fue despedido en pretemporada, Mohamed Salah se marchó a Trabzonspor y el club cambió de manos con la entrada de un consorcio liderado por Jeff Bezos. Iraola es ahora la cara visible de una revolución que aún no encuentra forma.
Newcastle se encargó de exponer, una vez más, las carencias defensivas que ya habían condenado al proyecto anterior. Anthony Elanga abrió el marcador en la primera parte, castigando una zaga lenta y mal posicionada. Tras el descanso, Cody Gakpo devolvió la igualdad y dio la sensación de que el Liverpool empezaba a asentarse.
Duró poco. Joe Willock, con su primer gol en la Premier desde 2024, volvió a adelantar a los locales y encendió St James’ Park. El Liverpool se estiró, empujó, pero seguía dejando espacios y dudas atrás.
El desenlace llegó cuando el reloj ya se moría. Victor Munoz cayó en el área tras un contacto con Lewis Hall y el árbitro señaló penalti. Desde el punto fatídico, con la última pelota del encuentro, Dominik Szoboszlai no tembló. Gol, 2-2 y un debut salvado en el alambre.
El nuevo técnico del Newcastle, Matthais Jaissle, no se mordió la lengua: calificó la acción como un penalti “muy blando”. Iraola, por su parte, se quedó con la reacción de los suyos, aunque no escondió las carencias.
“Es el resultado que quieres, marcar en el último minuto. Valoro que los jugadores nunca se rindieron. Estoy seguro de que tuvimos más ocasiones, es injusto que ellos se pongan por delante tan pronto y, en general, creo que hemos tenido las mejores oportunidades”, analizó.
El vasco fue más duro con la ejecución ofensiva: “Probablemente en la primera parte no terminamos nada, tuvimos muchos balones en la frontal pero necesitábamos chutar. No finalizamos la jugada y luego ellos nos ganan al contraataque”.
La sensación es clara: el equipo tiene alma, pero sigue sin estructura. Y la Premier no perdona.
Brighton destroza a una Aston Villa en desbandada
Lejos de los focos de los grandes banquillos, el Amex Stadium fue escenario de una exhibición de Brighton y de un aviso muy serio para Aston Villa. El 4-0 de los Seagulls no solo fue una goleada; fue un repaso a un campeón de la Europa League desmantelado.
El equipo de Unai Emery llegó mermado y en plena fuga de talento. Sin un delantero centro reconocido y con la sombra de más salidas en el horizonte, Villa se presentó sin Emiliano Martinez ni Ollie Watkins, ambos ausentes en medio de informaciones que los sitúan siguiendo el camino de Ezri Konsa, Youri Tielemans, Lucas Digne y Morgan Rogers hacia la puerta de salida.
Brighton olió sangre y atacó sin piedad. Primero, un autogol calamitoso de Victor Lindelof abrió la herida. Poco después, Maxim De Cuyper amplió la ventaja desde corta distancia y dejó a Villa tambaleándose.
El golpe definitivo llegó en apenas dos minutos. Jack Hinshelwood firmó un doblete relámpago que convirtió el partido en una humillación y dejó al banquillo de Emery sin respuestas. Para colmo, Joao Gomes vio la roja en su debut liguero justo antes del descanso, completando la pesadilla visitante.
Mientras Maresca y Iraola intentan dar forma a sus nuevas eras, noches como la de Brighton recuerdan otra verdad de la Premier: los proyectos que se desarman no esperan a diciembre para sufrir. La pregunta es quién llegará antes a su versión fiable: los que empiezan de cero o los que parecen haberse quedado sin plan.






