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Marcus Rashford y Anthony Gordon: la nueva dinámica en Inglaterra

Conviene empezar por el principio: Marcus Rashford sigue siendo un futbolista magnífico. Durante años fue el héroe de casa en Manchester United, el chico de la cantera convertido en estandarte. Y, sin embargo, hace menos de dos años parecía acabado en la élite, hundido tras un desencuentro con Ruben Amorim que desembocó en una frase contundente: estaba “listo para un nuevo desafío”.

El préstamo al Aston Villa dejó destellos de aquel jugador incisivo, pero también una certeza: Rashford necesitaba un hogar definitivo para enderezar su carrera.

Rashford renace en Barcelona

Ahí apareció el Barcelona. El club solo aceptaba una cesión, pero incluyó una opción de compra de 30 millones de euros, una cifra asumible para un futbolista de su talento. El contexto, eso sí, no era sencillo: competir por minutos con Lamine Yamal, Raphinha, Robert Lewandowski y Ferran Torres no es precisamente un camino despejado.

Hansi Flick lo tenía claro desde el inicio. Deco y él coincidían en que el equipo necesitaba un perfil como el de Rashford. El técnico alemán lo dijo en septiembre, y el inglés respondió en el campo: 14 goles y 11 asistencias, con una obra de arte como firma del curso, aquel lanzamiento de falta en el Clásico de mayo que ayudó a asegurar la Liga con brillo.

Rashford, revitalizado, ya ha expresado su deseo de seguir en el Camp Nou. Varios compañeros han presionado públicamente para que el club ejecute la opción de compra. Su rendimiento ha sostenido el salvavidas que Thomas Tuchel le lanzó en marzo de 2025 y lo ha llevado de nuevo hasta lo que será su quinto gran torneo con la selección.

Pero aquí aparece el giro de la historia: el debate en Inglaterra ya no es solo qué tan bueno es Rashford, sino qué necesita realmente el sistema de Tuchel.

Gordon, el socio ideal para un equipo de sistema

Lo que Anthony Gordon ofrece y Rashford no, no se mide únicamente en goles o asistencias. El fútbol actual se ha inclinado hacia las estructuras colectivas, hacia engranajes que funcionan a partir de automatismos, más que hacia la inspiración aislada de un genio. En selecciones nacionales, esa tendencia se multiplica: las estrellas necesitan un ejército de escuderos dispuestos a correr por ellas.

Gordon encaja ahí como un guante. Literalmente, corre sin descanso. Con balón, sin balón, en transición o en ataque posicional. Ataca los espacios una y otra vez, se ofrece al pase al hueco por los costados, repite desmarques que muchas veces mueren sin recompensa, pero nunca deja de intentarlo.

Cuando el rival tiene la pelota, se convierte en una pesadilla. Presiona, hostiga, muerde. En la temporada 2023-24 dejó una acción que lo retrata a la perfección: le robó el balón a Trent Alexander-Arnold, dejó atrás a tres defensores del Liverpool y definió con calma. Energía, agresividad, determinación.

Los datos lo respaldan. La temporada pasada corrió más por partido que Rashford: 7,43 kilómetros de media. Según Statsbomb, se situó en el percentil 96 en acciones defensivas, 98 en presiones y 94 en contra-presiones dentro de la Premier League. Son cifras de élite absoluta para un atacante.

Y, tácticamente, encaja como pieza hecha a medida. Phil Foden y Cole Palmer son futbolistas más finos, más creativos, pero no se adaptan tan bien a la idea de Tuchel como el jugador de Newcastle. Por eso se han quedado fuera este verano.

Un plan construido alrededor de Harry Kane

La Inglaterra de Tuchel se construye alrededor de Harry Kane. El seleccionador ha aceptado y potenciado la tendencia de su capitán a bajar a recibir, a organizar desde zonas más retrasadas. Pero ese movimiento exige una condición innegociable: alguien debe atacar los huecos que Kane deja cuando se descuelga.

Ese “alguien” es Gordon.

Aunque en Everton, Newcastle y, potencialmente, en el propio Barcelona pueda actuar como ‘9’ en momentos puntuales, su formación es la de un extremo clásico de línea de cal. El jugador que repite el mismo desmarque hacia adelante una y otra vez… y lo ejecuta bien la mayoría de las veces.

Con Inglaterra, eso lo convierte en el complemento perfecto para Kane con la pelota. Y sin ella, su despliegue físico le permite al delantero reservar fuerzas, dosificar esfuerzos en un calendario infernal. La química entre ambos ya tiene base estadística: 528 minutos compartidos en 12 partidos, nueve victorias, incluido un 5-0 a Letonia en el que los dos vieron puerta.

Tuchel no teme las decisiones impopulares. Lo demostró en clubes de máximo nivel y ahora en la selección. Es un entrenador de sistemas, no de nombres. Si tiene que sentar a una estrella para proteger el plan, lo hace. La comparación con la etapa de Gareth Southgate en la Euro 2024 es inevitable: el anterior seleccionador se aferró a determinados jugadores aunque el rendimiento no justificara su presencia continua.

El valor silencioso de Gordon… y el papel de Rashford

Gordon también sabe brillar con el balón en los pies. Ningún jugador del Newcastle completó más regates por 90 minutos que él la última temporada. Pero lo que le da ventaja en este contexto no son las jugadas para el vídeo resumen, sino todo aquello que no suele entrar en los titulares: la presión, las coberturas, los apoyos, la constancia.

Rashford, por perfil, es más explosivo, más imprevisible, más capaz de romper un partido con una acción aislada. El riesgo para Tuchel está claro: si quiere que Inglaterra llegue lejos en Norteamérica, debe priorizar la estructura por encima del destello. Y eso significa apostar por Gordon de inicio.

Eso no condena a Rashford al olvido. Ni mucho menos. Con las temperaturas extremas que se esperan durante el torneo, Tuchel necesitará rotar, refrescar piernas, dosificar esfuerzos. Sin Foden, Palmer y otros recursos creativos, el inglés del Barça se convierte en uno de los pocos agitadores puros disponibles desde el banquillo, un jugador capaz de cambiar el ritmo y añadir una dimensión distinta al ataque cuando el partido lo pida.

A la inversa, cuesta imaginar a Gordon siendo igual de determinante entrando a contrarreloj con el marcador en contra. Su impacto se multiplica cuando forma parte del plan desde el minuto uno, cuando su energía modela el partido desde el inicio.

Mientras el Barcelona decide si convierte la cesión de Rashford en un fichaje definitivo —y abre así un posible duelo directo con Gordon por minutos a nivel de clubes—, el dilema de Tuchel en la selección parece mucho menos difuso.

La hoja de ruta es nítida: Gordon debe ser titular. Costó 80 millones de euros por una razón. Y este es exactamente el escenario para demostrarlo.