Manor Solomon y la rivalidad con Irlanda: orgullo y tensión
La noche terminó caliente y no solo por lo que pasó sobre el césped. Tras un partido cargado de tensión ante Irlanda, Manor Solomon dejó de lado el discurso diplomático y se lanzó de lleno al conflicto verbal con el rival, mientras su seleccionador, Ran Ben Shimon, asumía públicamente el derrumbe futbolístico y mental de Israel.
Solomon, sin filtro: orgullo nacional y dardo a Irlanda
El extremo de West Ham no escondió ni el enfado ni el orgullo. Había cuentas pendientes. Y lo dejó claro.
“Estoy esperando el próximo partido contra ellos, será un partido completamente diferente”, advirtió, con un tono que sonaba más a promesa que a simple análisis. Para Solomon, lo ocurrido no se reduce a un resultado o a un mal día: va mucho más allá, entra en el terreno del respeto y de la identidad.
Los irlandeses, a su juicio, cruzaron una línea. Y la respuesta fue contundente. “No me interesan. Tenemos un país diez veces mejor que el suyo, más fuerte, un país increíble con gente increíble. Estamos orgullosos de vestir la camiseta del equipo y de ser israelíes. Estamos orgullosos de nuestro Estado y de nuestros soldados”.
El discurso subió un peldaño más cuando habló de la relación entre ambos equipos. No hay cordialidad. No hay máscaras. Solo fricción.
“Pueden hacer todos sus trucos. Somos israelíes y amamos el país. Y eso siempre será así”, remarcó. Después, dejó entrever que había pensamientos que prefería guardarse para evitar sanciones: “Si digo lo que pienso de ellos, probablemente me suspenderían unos cuantos partidos. Obviamente ellos nos odian. Nosotros no los queremos”.
La rivalidad, ya encendida en el campo, se trasladó así al terreno mediático. Y el próximo duelo ante Irlanda queda marcado por un contexto emocional que va mucho más allá del fútbol.
Ben Shimon asume el golpe: “El culpable soy yo”
Mientras su capitán encendía el micrófono, Ran Ben Shimon eligió otro registro. Nada de excusas, nada de desvíos. Solo autocrítica.
“Enorme decepción, la culpa es mía”, reconoció el seleccionador, sin rodeos. “Pensé que nos habíamos preparado bien. No lo estábamos. No manejamos bien la presión, esto es muy evidente. No entendimos lo que llevábamos sobre los hombros; fallamos mental y tácticamente”.
Israel se vio superada por el contexto, por el ambiente, por la carga emocional del partido. Y Ben Shimon no intentó maquillar el desplome. Aceptó que su equipo no estuvo a la altura de lo que exigía la cita, ni en la cabeza ni en el plan de juego.
El contraste con el discurso de Solomon fue total: del fuego verbal del jugador al tono casi confesional del entrenador. Uno marcando territorio, el otro buscando reconstruirlo.
Un calendario que no espera
El respiro será mínimo. La selección israelí tiene poco tiempo para lamerse las heridas y reenfocar el rumbo. El propio Ben Shimon lo recordó, casi como una obligación inmediata.
“En unos días hay otro partido contra Irlanda y hay un partido con Kosovo. Tenemos que encontrar la energía para despertarnos, levantarnos de nuevo, intentar manejar la presión de una manera diferente”, subrayó.
No hay margen para el lamento prolongado. El próximo enfrentamiento ante Irlanda llega cargado de tensión, orgullo y cuentas pendientes. Solomon ya lo ha anunciado: “será un partido completamente diferente”.
La cuestión es si Israel será capaz de transformar la rabia y el discurso en fútbol, o si la presión volverá a pesar más que la camiseta.






