Liverpool gana pero lateral izquierdo sigue siendo un problema
El marcador dice 2-1 contra el Atlético de Madrid. Victoria, ambiente eléctrico, alivio en la grada. Pero el partido del miércoles dejó algo todavía más claro que los tres puntos: el Liverpool sigue sin tener resuelto su lateral izquierdo.
El verano trajo cambios en Anfield, sí, pero menos de los esperados. Llegaron cuatro caras nuevas, con nombres de peso como Ronald Araujo y Bradley Barcola, y aun así la estructura del equipo apenas se ha retocado si se compara con el curso pasado, uno de los más flojos en la memoria reciente del club bajo el mando de Arne Slot.
La llegada de Andoni Iraola promete un giro de estilo, energía y competitividad. Sin embargo, el duelo ante el Atlético expuso que la reconstrucción de la plantilla está a medio camino. Y en ese mapa de necesidades, el nombre de Milos Kerkez aparece subrayado en rojo.
El legado de un verano carísimo… y mal enfocado
El verano pasado el Liverpool gastó más de 450 millones de libras en fichajes. Una cifra descomunal. Alexander Isak y Florian Wirtz fueron las grandes banderas de ese desembolso. Sobre el papel, estrellas para elevar el techo del equipo. En la práctica, la sensación que quedó fue la contraria: mucho dinero, poca coherencia.
El equipo perdió identidad, perdió hambre y terminó quinto en la Premier League. El golpe fue tan duro que Slot acabó siendo despedido. Se fue el entrenador, pero las decisiones de aquel verano siguen marcando el día a día en Anfield.
Entre ellas, una muy concreta: la apuesta por Milos Kerkez como sucesor a largo plazo de Andy Robertson. Slot tenía claro que quería al húngaro como primera opción para el lateral izquierdo. La realidad del césped fue otra: Robertson siguió acumulando titularidades porque, simplemente, rendía mucho mejor.
Hubo incluso aficionados que llegaron a imaginar una renovación para el escocés, viendo su peso y su nivel. No ocurrió. En lugar de eso, Kostas Tsimikas regresó a Anfield para asumir el rol de suplente de Kerkez.
Kerkez, señalado ante el Atlético
Y entonces llegó la noche del miércoles. Partido grande, rival grande, escaparate perfecto para que Kerkez diera un paso al frente. Ocurrió lo contrario.
Su actuación ante el Atlético dejó la sensación de que está muy lejos de ser un lateral titular para un Liverpool que aspira a competir con los mejores. No fue solo una cuestión de detalles, sino de madurez defensiva, de lectura del juego, de fiabilidad.
La jugada del gol encajado lo retrata. Kerkez perdió la referencia de Marcos Llorente, le dejó escapar y el Atlético lo castigó. En este tipo de partidos, ese tipo de errores se pagan al instante. Y en un equipo que quiere pelear por la Premier League y por Europa, un lateral que se desconecta en acciones clave es un lujo que no te puedes permitir.
Como carrilero, con más libertad ofensiva y una línea de tres centrales detrás, Kerkez puede ser un recurso interesante. Tiene energía, recorrido y presencia en campo rival. Pero el Liverpool va a jugar con defensa de cuatro toda la temporada. Y en ese contexto, cada desajuste suyo se convierte en una puerta abierta para el rival.
Enero se acerca y el Liverpool no puede mirar hacia otro lado
La plantilla de Iraola sigue teniendo agujeros evidentes en el once titular. Si el club no vuelve al mercado en enero, corre el riesgo de descolgarse de sus rivales directos más pronto que tarde.
Ya se habla incluso de planes a largo plazo, como la posibilidad de buscar un relevo para Alexis Mac Allister en 2027, según apuntó Ben Jacobs. Proyecciones de futuro, planificación a varios años vista. Todo muy ambicioso.
Pero el presente grita otra cosa: el próximo gran movimiento debería ser un lateral izquierdo más hecho que Kerkez.
Durante el verano sonaron varios nombres para esa posición. Nada se concretó. El húngaro se quedó con el puesto, respaldado por la idea de que el tiempo y los minutos le darían el poso que le falta. Si su rendimiento ante equipos del nivel del Atlético se repite de aquí a enero, la paciencia de la grada va a agotarse rápido.
Kerkez tiene 22 años, margen para crecer y condiciones para ser útil en ciertos contextos. Lo que no tiene hoy es la solidez que exige un Liverpool que quiere volver a la élite. Y cada partido grande lo recuerda con crudeza.
La pregunta ya no es si necesita competencia. La pregunta es cuánto puede esperar el club antes de ir a por un lateral que ofrezca garantías desde el primer día.






