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Kayode brilla en su debut con Italia: victoria 4-1 sobre Turquía

En Bursa, Italia encontró un nuevo protagonista. Y él mismo aún parece no creérselo.

Kayode, 22 años, lateral de Brentford y rostro habitual de la Premier League, saltó al Ataturk Spor Kompleksi Matli Stadyumu para su debut absoluto con la Azzurra y, en apenas unos minutos, convirtió una noche cargada de presión en una exhibición de autoridad. Dos acciones suyas abrieron el camino de una victoria que Italia necesitaba casi como un rescate moral.

Su primera irrupción llegó pronto: arrancada, disparo duro, rechace del portero y Davide Frattesi, atento, cazó el rebote para el 0-1. La jugada llevaba su sello, su atrevimiento, su hambre. No se quedó ahí. En plena avalancha italiana, el lateral apareció de nuevo en el área rival para firmar el 0-2 y coronar un primer tiempo implacable del equipo de Roberto Mancini.

Italia, que venía de una derrota gris por 2-0 ante Bélgica, parecía otra selección. Más agresiva, más limpia con balón, más feroz sin él. En un estadio hostil, con la grada turca empujando cada duelo, la Azzurra respondió con carácter. Donde días antes había dudas, en Bursa hubo determinación.

El marcador se estiró todavía más. Alessandro Bastoni se sumó a la fiesta con el tercero, y Francesco Pio Esposito rubricó el cuarto, castigo severo para una Turquía que solo pudo maquillar la goleada con un tanto de Baris Alper Yilmaz. El resultado no solo cerró el partido, también cambió el tono de toda la Nations League para Italia.

Kayode, emocionado, lo dejó claro ante los micrófonos de RAI Sport al término del encuentro. No esperaba un estreno así. No a este nivel, no con este impacto. Pero su actuación fue algo más que un buen debut: fue una declaración de intenciones de un jugador que trasladó a la escena internacional todo lo que ya venía mostrando con Brentford.

Uno de sus rasgos más singulares en Inglaterra son esos saques de banda larguísimos, casi córners con las manos. En Bursa quiso repetir la fórmula. Cada vez que el balón se marchaba por la línea lateral en campo rival, el lateral corría a por la toalla, intentaba secar el balón y lanzarlo lo más lejos posible. Un gesto insistente, casi obsesivo, que añadía una amenaza constante sobre el área turca.

La lluvia, sin embargo, se empeñó en complicarlo todo. El aguacero convirtió el césped en una mezcla de barro y agua, el balón resbalaba, la precisión en los detalles se pagaba cara. Italia había trabajado esas jugadas en los entrenamientos, pero el clima desfiguró parte del plan. Aun así, cada saque de banda de Kayode empujaba a la defensa local un metro más atrás, un metro más cerca del pánico.

La diferencia con el partido ante Bélgica fue, sobre todo, mental. El propio vestuario lo asumió así: había que responder, había que callar críticas y demostrar que aquel tropiezo era un accidente, no un síntoma. El primer tiempo en Bursa fue la respuesta: simplicidad en las decisiones, determinación en los duelos, un ritmo que Turquía nunca consiguió igualar.

Kayode encarnó esa nueva energía. Atacó, defendió, arriesgó. Jugó como si llevara años con la camiseta de Italia. Y, en un contexto de Nations League donde cada punto y cada sensación cuentan, su irrupción llegó en el momento justo para un grupo que necesitaba un impulso.

El 4-1 no solo vale tres puntos. Deja algo más importante: una sensación de equipo reenfocado, con un plan reconocible y un margen de crecimiento evidente. La goleada funciona como un mensaje interno y externo: Italia no está dispuesta a quedarse atrapada en la irregularidad.

Ahora espera Francia, un rival de otra dimensión, una prueba que no admite disfraces. La confianza que deja la noche de Bursa alimenta el discurso de la remontada en el grupo. Kayode lo sabe. Ya ha dejado atrás el impacto del debut. Su mirada, y la de toda la Azzurra, apunta al siguiente escenario: confirmar que esto no fue solo una gran noche, sino el inicio de una verdadera reacción.