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Jordi Alba sin filtros: del título robado al adiós amargo

Jordi Alba ya habla como quien mira su carrera desde la otra orilla. Sin necesidad de justificarse, sin miedo a pisar callos. En el podcast ‘El Camino de Mario’, con Mario Suárez, el lateral repasó una trayectoria marcada por títulos gigantes, noches negras y una salida del Barcelona que todavía escuece.

Emery, el entrenador que le cambió la vida

Alba no dudó al señalar al técnico que le dio la vuelta a su carrera: Unai Emery.

“Le debo mi carrera a Unai Emery. Jugaba de extremo hasta que Unai me reconvirtió. Al principio no me gustó nada el lateral, pero Emery es de clase mundial. Tiene ese don de sacar lo mejor de cada jugador en todos los clubes donde está”, confesó.

De un extremo con recorrido a uno de los mejores laterales izquierdos del mundo. El giro no fue inmediato ni sencillo, pero Alba lo presenta como el punto de inflexión que le abrió la puerta de la élite, del Barça y de la selección.

El título de 2014: “Nos lo robaron”

Cuando apareció el recuerdo de la Liga 2013-14, la que se escapó en el Camp Nou ante el Atlético de Madrid, Alba dejó la diplomacia a un lado.

“¡Nos la robaron! ¿El árbitro fue Mateu Lahoz, no? Madre mía…”, soltó, sin matices.

Aquel empate que dio el título al Atlético en el estadio azulgrana sigue clavado en la memoria de muchos jugadores de aquella plantilla. Para Alba, lo ocurrido aquel día no fue solo una decepción deportiva, sino una sensación de injusticia que el tiempo no ha borrado.

Luis Enrique, el técnico total

Si Emery fue el hombre que le cambió la posición, Luis Enrique fue, para Alba, el entrenador que mejor entendió el vestuario.

“Para mí, Luis Enrique es el número uno. Consigue que todos vayan en la misma dirección, incluso los que juegan menos. Sientes una alegría real por tus compañeros y por el grupo. Pocos entrenadores logran eso; en ese sentido, es un genio”, explicó.

La palabra “genio” no es gratuita. Alba la asocia a una gestión casi perfecta del colectivo, a un ambiente competitivo pero sano, a un grupo que se sentía indestructible.

2015, el Barça invencible

El año que mejor define esa sensación es 2015. El año del triplete. El año en que, según Alba, el Barça jugó con una superioridad aplastante.

“2015, cuando ganamos la Champions con Luis Enrique, fue el único año en el que sentí que éramos realmente intocables. Antes de la final les dije a mis agentes: ‘Tranquilos, vamos a ganar’. No era arrogancia, era convicción pura. Éramos invencibles”.

No habla de confianza vacía. Habla de un equipo que llegaba a los partidos grandes con la certeza de que, si hacía lo suyo, no había rival posible. Una seguridad que muy pocos vestuarios conocen.

Xavi y la reconstrucción en medio del caos

El relato salta entonces a una etapa muy distinta: la llegada de Xavi Hernández al banquillo en plena tormenta institucional y deportiva.

“Xavi cogió el equipo en un momento muy turbulento. Dio un paso al frente e hizo un trabajo fantástico. Ganamos la Liga y la Supercopa contra el Real Madrid, y gestionó el vestuario de forma excelente mientras yo estuve allí”, resumió Alba.

No hay épica desmedida, pero sí reconocimiento a un técnico que asumió el mando cuando el Barça había perdido brillo, dinero y estabilidad, y que aún así devolvió títulos inmediatos y orden dentro del vestuario.

Anfield 2019: la noche que no se olvida

Entre los recuerdos más duros, uno sobresale sin discusión: la debacle de Anfield en 2019 ante el Liverpool.

“Cometí un error de cabeza en el primer gol. Era una oportunidad de oro para llegar a la final, y estoy seguro de que la habríamos ganado”, admitió.

Alba no se esconde. Se señala a sí mismo en una de las jugadas que abrieron la puerta a una remontada histórica. También quiso desmentir una de las imágenes que se instalaron en el relato de aquella noche.

“La gente dijo que estaba llorando al descanso, pero no fue así. Me encontraba físicamente mal”, aclaró.

No suaviza el golpe. Simplemente matiza la escena: no eran lágrimas, era un cuerpo bloqueado por la tensión y el peso de lo que se escapaba.

Un adiós envenenado al Barça

Si los tropiezos europeos dolieron, su salida del club todavía le remueve. El modo, el momento, las formas.

“Con solo 24 horas para que cerrara el mercado me dijeron que tenía que irme cedido al Inter Miami. Sin ningún aviso previo, y con mis hijos ya en el colegio… fue un momento muy duro”, relató.

Alba se vio ante un ultimátum sin margen de maniobra. La solución fue radical.

“Al final rescindí mi contrato con el Barcelona sin tener nada cerrado. Me fui de vacaciones con Busquets, que ya había firmado con el Inter Miami. En Ibiza me reuní con Jorge Mas, el dueño del club, y me convenció rápido del proyecto. En ese momento aún no sabíamos que Messi también iba a venir”, desveló.

De un adiós frío en el Camp Nou a un nuevo comienzo en la MLS, casi por impulso, casi a ciegas. Con la paradoja de reencontrarse después con dos de sus grandes socios en el campo.

El esfuerzo de los capitanes en pandemia

Alba también quiso ajustar cuentas con un relato que, según él, distorsionó la realidad durante la crisis del COVID-19.

“Los capitanes aplazamos nuestros salarios y renunciamos a dinero por voluntad propia. Se filtró una campaña de desinformación para ensuciar nuestra imagen. Parecía que los capitanes éramos los culpables de los problemas económicos del club”, denunció.

La frase dibuja un vestuario que se sintió señalado desde dentro, utilizado como cortafuegos ante una situación financiera que venía de mucho antes.

De Emery a Luis Enrique, de Xavi a Anfield, del triplete a la salida por la puerta de atrás. La carrera de Jordi Alba se cuenta en títulos, sí, pero también en cicatrices. Y ahora que las narra sin escudo, sin contrato y sin miedo, la pregunta es inevitable: ¿cuánto tardará el Barcelona en valorar del todo lo que perdió cuando dejó marchar a uno de sus laterales más decisivos de la era moderna?