John Heslin y la nueva era de Westmeath tras la victoria de Mayo
John Heslin, la chispa que se niega a apagarse en Westmeath, mira a Mayo y ve algo más que una gesta histórica. Ve un espejo. Ve una invitación.
Mientras el país todavía habla del fin de los 75 años de espera de Mayo y del Sam Maguire por fin en manos verdes y rojas, el delantero de 34 años saborea su propio 2026 con Westmeath y se resiste a pensar en finales. Lo suyo, insiste, aún no ha terminado.
Mayo rompe la maldición… y abre una puerta
En RTÉ Radio 1, en el programa Inside Sport, sentado junto a Brendan Devenney y Ciarán Whelan, Heslin puso en palabras lo que muchos en los llamados “condados pequeños” sienten desde el domingo. Mayo no solo levantó un trofeo; levantó un techo.
“Creo que quizá ha pasado un poco por debajo del radar con la victoria de Mayo”, explicó, recordando también lo que apuntó Mark McHugh en The Sunday Game. “Le da a todos los demás condados esa esperanza y, como deportista, lo único que quieres es tener esa esperanza y esa oportunidad. El hambre sigue ahí, seguro”.
Ahí está la clave: hambre. A los 34, tras un retiro intercondal que se alargó cerca de año y medio, Heslin ha vuelto, ha ganado y no tiene ninguna intención de colgar las botas de Westmeath.
“Soy todavía jugador de Westmeath”, soltó con una media sonrisa. “Estuve jugando al golf con Mark McHugh hace un par de semanas y aún no me dijo que me retirara, así que, de momento, sigo en activo”.
No suena a despedida. Suena a desafío.
Un año en el que Westmeath alzó la voz
Mayo se lleva los grandes titulares, y con razón. Pero 2026 también dejó un rugido granate. Westmeath, con Heslin de vuelta en la trinchera, conquistó solo su segundo título de Leinster de la historia, nada menos que ante Dublin, en un final vibrante en Croke Park el pasado mayo.
Un dato que lo dice todo: antes de este año, Dublin había ganado el Leinster cada temporada en la que Heslin había vestido la camiseta del condado. Catorce campañas de dominio azul. Catorce.
“Había dicho en una entrevista, antes de volver al panel, que sería genial que Westmeath le ganara a Dublin, pero que sería agridulce para los que no estábamos involucrados después de haber jugado durante la era de dominio de Dublin”, recordó. El destino, esta vez, decidió otra cosa. Regresó a tiempo para formar parte del grupo que derribó al gigante.
Aun así, cuando le pidieron elegir su partido del año, Heslin miró hacia otro lugar. No hacia Croke Park. Hacia Tullamore.
Tullamore, el día en que todo cambió
Su elección fue el Westmeath–Meath de cuartos de final, ese 4-18 a 0-25 que sacudió el campeonato y que él vivió desde la grada, todavía como espectador, antes de regresar al panel. Un resultado que muchos fuera del condado solo vieron como una sorpresa. Para Heslin, fue algo más profundo.
“Sería fácil elegir el Westmeath–Dublin, la segunda vez que el condado gana el Leinster”, admitió. “Pero dejo ese partido a los chicos, para darles todo el crédito que merecen. Yo elijo, con toda la parcialidad del mundo, el Westmeath–Meath”.
No es una elección casual. Históricamente, Westmeath no ha tenido muchas alegrías contra Meath en campeonato. Esa tarde en Tullamore, el guion estaba escrito: Westmeath llegaba como “severe underdogs”, Meath, con justicia en aquel momento, era uno de los grandes favoritos para levantar el Leinster.
El papel se hizo trizas.
“Ese día, y creo que resume este campeonato y, en particular, la forma en que Mayo ganó, los jóvenes de Westmeath estuvieron simplemente irreales”, subrayó Heslin.
Hubo momentos que se quedarán grabados en la memoria del condado. El golazo de Shane Corcoran. El tanto de Matty Whittaker y, después, la cadena de actuaciones que lo llevaron a ganarse un sitio en el Sunday Game Team of the Year. Piezas de una misma imagen: un Westmeath sin complejos, sin miedo al escenario ni al rival.
“Fue una victoria muy especial en Tullamore”, insistió. “Ese día se sintió que este equipo de Westmeath tiene algo especial dentro”.
Desde la grada, Heslin lo vivió como uno más. De ahí que, cuando lo llamaron de vuelta, la sensación fuera casi surrealista.
“Se sentía como si simplemente estuvieran sacando a un aficionado de la multitud”, admitió. Un aficionado que, de repente, volvía a ser referente dentro del vestuario.
Entre el hincha y el líder
Ese doble rol —seguidor apasionado y jugador decisivo— marca el tono de su discurso. Habla de Westmeath como “fan” y como veterano que ha visto pasar años de dominio ajeno, de finales ajenas, de trofeos ajenos.
“Ese partido en Tullamore vivirá mucho tiempo en mi memoria como aficionado de Westmeath, pero ahora también como jugador”, concluyó.
Mayo ya tiene su Sam Maguire. Westmeath ya tiene su segundo Leinster y una generación joven que no se encoge ante nadie. Heslin, con 34 años y hambre intacta, no está listo para ver todo eso desde el sofá.
La pregunta ya no es si condados como Westmeath pueden soñar. La pregunta es hasta dónde se atreven a llevar ese sueño ahora que alguien, por fin, ha demostrado que las viejas maldiciones también se rompen.






