Logotipo completo Tribuna Gol

Johan Manzambi: De la lavandería a la élite mundial

Johan Manzambi ya aparece en la misma frase que Lamine Yamal, Yan Diomande y Ayyoub Bouaddi cuando se habla del mejor joven del planeta. No es un eslogan, es la realidad de las listas de premios: el suizo comparte nominación con las joyas de Barcelona, Real Madrid y Manchester City. Hace un año apenas asomaba la cabeza en la absoluta de Suiza. Hoy discute un galardón global.

Su irrupción se explica en cifras muy simples: tres goles en cuatro partidos en un Mundial. Un impacto inmediato, cortado en seco por una lesión de rodilla que le obligó a despedirse del torneo antes de tiempo. La lesión frenó el impulso, pero no la impresión que dejó. En doce meses pasó de debutar con la selección a convertirse en uno de los nombres propios del campeonato.

Lo llamativo es desde dónde ha escalado. Hasta hace nada, Manzambi seguía regresando a la academia del Freiburg… para hacer la colada. Literal. Sin lavadora en casa, se plantaba en las instalaciones del club con una bolsa de ropa sucia bajo el brazo. Jugador del primer equipo, vida de canterano.

Bernhard Weis, el técnico que le dio el debut con el Freiburg sub-19, lo recuerda con una mezcla de ternura y asombro. Veía llegar a Manzambi con las bolsas de ropa, cruzarse con los más pequeños de la academia y, casi de forma instintiva, ponerse a ayudar. Cuando coincidía con chicos del sub-13 o sub-14, no dudaba: “Venid conmigo, os llevo a la estación”, les decía para que pudieran volver a casa. Ni postureo ni gesto para la galería. Para Weis, esa escena resume al personaje: así es Johan Manzambi.

En cambio, nadie en Freiburg imaginaba que el chico de la lavadora improvisada acabaría rozando tan pronto el universo del Balón de Oro. Weis lo admite sin rodeos. Él veía potencial para el primer equipo, sí, pero no este salto meteórico. Y menos después de un arranque complicado en el club alemán. Los primeros seis meses no fueron sencillos: le faltaba fuerza, le faltaba estabilidad. El físico no le daba todavía para sostener el impacto que prometía su talento.

Ahí cambió todo. Manzambi ganó cinco kilos de músculo y, con ellos, una convicción nueva. “Ahora voy”, se dijo. El propio jugador entendió que era el momento, que con ese cuerpo podría ser más rápido, más potente, más difícil de derribar. Ese paso adelante físico desbloqueó el resto.

Quien también vio de cerca ese proceso fue Massimo Lombardo, director de la academia del Servette. Trabajó con él desde los 15 años, le acompañó en sus primeros pasos de formación y supervisó su salida hacia Freiburg con apenas 17 años, en 2023. Para muchos, lo que ha hecho desde entonces es una sorpresa mayúscula. Para Lombardo, no tanto.

El dirigente suizo señala el diferencial de Manzambi lejos de los focos: mentalidad, personalidad, entusiasmo, coraje. A eso le suma lo que ya se intuye en cada partido: calidad técnica, comprensión táctica y, ahora sí, un físico que le permite competir al máximo nivel. Con ese paquete, Lombardo ve lógico que pueda rendir en Inglaterra y en cualquier gran liga.

El relato de Manzambi condensa el fútbol moderno: un adolescente que se subía al tren con los cadetes para llevarlos a casa, hoy comparte escaparate con los talentos más mediáticos de Europa. De la lavandería de la academia a la alfombra de los premios. La pregunta ya no es cómo ha llegado hasta aquí, sino hasta dónde piensa llegar.