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Jetro Willems: De promesa de la Oranje a villano indomable de Curaçao

La extraña vuelta de Jetro Willems: de promesa de la Oranje a villano indomable de Curaçao

En el mapa futbolístico, Curaçao suele aparecer en letra pequeña. Un territorio diminuto, aún parte del Reino de los Países Bajos, pero con una diáspora enorme en Europa. De ahí se alimenta su selección: la mayoría de sus internacionales nacieron y se formaron en los Países Bajos. De los 26 convocados para este Mundial, solo uno vio la luz en la isla. Es Tahith Chong, rostro más reconocible de un equipo que, sin embargo, tiene otra historia que atrapa todas las miradas: la de Joshua Brenet.

De joya de la Eredivisie a apuesta fallida en la Bundesliga

Brenet representa como pocos esa conexión entre el fútbol neerlandés y el alemán. No está solo. En la plantilla de Curaçao aparecen hasta seis jugadores con pasado en Alemania: Chong, que pasó por el Manchester United antes de aterrizar en el Sheffield United y tuvo una etapa discreta en el Werder Bremen; Gervane Kastaneer, ex de 1. FC Kaiserslautern; Riechedly Bazoer, que vistió la camiseta del VfL Wolfsburg; Roshon van Eijma, con pasado en el Preußen Münster; y dos nombres que coinciden en un mismo club: Jürgen Locadia y el propio Brenet, ambos ex de TSG Hoffenheim.

El caso de Brenet, sin embargo, va mucho más allá de una simple línea en el currículum. Lateral derecho de enorme proyección, salió del PSV Eindhoven con tres títulos de Eredivisie en el bolsillo y dos internacionalidades con la selección absoluta de Países Bajos. En 2018, Hoffenheim pagó 3,5 millones de euros por él. La operación llevaba el sello de Julian Nagelsmann, entonces entrenador del club y hoy seleccionador de Alemania.

Parecía un movimiento redondo. Un técnico en plena ascensión, un jugador en edad ideal, experiencia europea, físico y zancada. Nada de eso cuajó.

Indisciplina, castigos y una reputación hecha trizas

Los primeros partidos de Bundesliga los vio desde el banquillo. Hasta ahí, nada fuera de lo normal. El problema llegó cuando decidió saltarse una sesión de vídeo previa al histórico debut de Hoffenheim en la Champions League frente al Shakhtar Donetsk. Nagelsmann reaccionó de inmediato: fuera de la convocatoria.

El mensaje era claro. Más tarde lo readmitió, pero la confianza ya estaba dañada. Brenet fue entrando y saliendo del equipo, sin continuidad, sin peso real. Con la llegada de Alfred Schreuder, hoy asistente de Nagelsmann en la selección alemana, la situación se desplomó: ni un solo minuto. Después, con Sebastian Hoeneß, el castigo se hizo todavía más duro. Descendido al segundo equipo, en la Regionalliga Südwest, la cuarta categoría.

Su imagen dentro del club se hundió aún más. Reiterados problemas disciplinarios, retrasos constantes, un patrón que se repetía. Hoffenheim buscó una salida durante meses sin éxito. Nadie quiso asumir el riesgo. Solo en 2022, ya sin coste de traspaso, logró marcharse al Twente Enschede.

En el campo, recuperó sensaciones. Volvió a parecer el lateral profundo y agresivo de sus mejores tiempos. Fuera del césped, volvió a dispararse al pie.

Tribunales, condenas y la puerta cerrada en Países Bajos

En enero de 2023, la policía neerlandesa lo detuvo dos veces en apenas dos semanas conduciendo sin carné. No era un despiste. Ya había perdido la licencia en 2020 por un delito de conducción bajo los efectos del alcohol.

El expediente acumulaba manchas. En 2021 había sido condenado con pena suspendida, multa y trabajos comunitarios por violencia doméstica. Esta vez el juez fue contundente. “Claramente no tiene respeto por la autoridad. Me da la impresión de que sigue jugando al fútbol después de ver la tarjeta roja”, sentenció el magistrado al imponerle un mes de prisión en 2024.

Posteriormente, la pena de cárcel por conducir sin carné se transformó en trabajos comunitarios tras el recurso. Para Twente, el daño ya era irreparable. El club rescindió su contrato.

Un viaje errático: Qatar, Escocia, Turquía

Sin espacio en la Eredivisie y con su nombre asociado más a los juzgados que al fútbol, Brenet emprendió una ruta errática. Fichó por Al-Rayyan, en Qatar. Apenas seis partidos en la temporada 2024/25. Nada de estabilidad, poca continuidad, una escala más que un proyecto.

Después apareció una oportunidad en Escocia, en el Livingston FC. Otro paso fugaz. A continuación, Kayserispor, en Turquía, para la segunda mitad del curso. Tres países en poco más de un año. Mucho equipaje, poco arraigo.

Y, sin embargo, mientras su carrera de club zigzagueaba, se abría una nueva puerta en el escenario internacional.

De la Oranje a Curaçao: un cambio de bandera y de relato

Pese a haber pasado por todas las categorías inferiores de Países Bajos y haber debutado con la absoluta en la fase de clasificación para el Mundial de 2016, Brenet pidió y obtuvo permiso de la FIFA para cambiar de selección. Eligió el país de sus padres. Eligió Curaçao.

Desde su debut en 2024, sus números hablan de impacto inmediato: seis goles en 17 partidos. Para un lateral, una cifra poderosa. En el último amistoso antes del Mundial, frente a Aruba, arrancó como lateral derecho… y marcó. Señal de que, cuando su cabeza se alinea con su talento, sigue siendo un arma ofensiva de primer nivel para un combinado de este perfil.

Este domingo, a las 19:00, el círculo se cerrará de una forma casi literaria. Brenet, 32 años, abrirá el Mundial con Curaçao frente a Alemania. Al otro lado, en el banquillo, dos hombres que conocen su cara buena y su cara mala: Julian Nagelsmann y Alfred Schreuder.

Una isla diminuta, una diáspora que sostiene a toda una selección y un futbolista que ha pasado de promesa de la Oranje a símbolo indócil de Curaçao. La pregunta ya no es qué pudo haber sido Joshua Brenet, sino qué versión de sí mismo decidirá mostrar cuando el himno vuelva a sonar y, por fin, ya no haya margen para segundas oportunidades.