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Inglaterra se siente lista: Saka y la presión de Haaland

La cita ya tiene forma de choque generacional: la Noruega de Erling Haaland, recién llegada a la élite mundial, contra una Inglaterra que carga con décadas de expectativas. En medio de ese ruido, la voz de Bukayo Saka suena clara: está preparado.

El extremo de Inglaterra explicó que su torneo ha sido una escalada controlada. “Mis minutos han ido creciendo y creciendo”, recordó. No llegó al Mundial al cien por cien, lo sabe él y lo sabe el cuerpo técnico, que le ha dosificado. Pero el presente es otro. “Ahora me siento genial y listo para ir”. Su lenguaje corporal y su discurso apuntan a lo mismo: ya no habla como un jugador que se cuida, sino como uno que quiere decidir eliminatorias.

En la concentración, instalada en Kansas City, Saka describe un equilibrio delicado entre intensidad y descompresión: sesiones duras, foco absoluto… y luego tiempo para “disfrutar con los chicos y nuestras familias”. El vestuario se siente ligero, pero no distraído.

Su rol, dice, no depende del once inicial. “Cada partido ha sido único para mí, pero mi mentalidad no cambia mucho: salgo, empiece o no, e intento hacer lo que el partido necesita. Se trata de ganar y esa es mi mentalidad”. Directo, sin adornos. La jerarquía ya no se mide solo por edad o internacionalidades, sino por cómo se habla del resultado.

De México a Noruega: la fe como combustible

El triunfo ante México dejó algo más que una clasificación. Reforzó un relato interno: este grupo cree en sí mismo incluso cuando el guion se tuerce. Saka lo subraya: “Creíamos desde el principio”. La remontada y el sufrimiento, admite, sirvieron sobre todo para quienes miran desde casa, que necesitaban ver a Inglaterra atravesar la adversidad y salir por arriba.

Hubo otro matiz importante: los que no venían jugando también respondieron. “Cómo los jugadores que no habían estado jugando entraron, y los que sí venían jugando produjeron grandes momentos otra vez. Todos tuvieron su contribución y fue una noche increíble para nosotros como grupo”. No es una frase vacía; en un torneo largo, la sensación de que cualquiera puede ser protagonista sostiene la tensión competitiva.

El ánimo está por las nubes. “Nuestros espíritus están altos y tenemos que llevarlo al siguiente partido”. La euforia, sin embargo, tiene fecha de caducidad. Dentro del vestuario ya se ha verbalizado: el drama con México se queda atrás. “Absorbimos todos los elogios y todo lo que vino con ello, pero ahora tenemos que centrarnos en Noruega, que va a ser un reto duro”. La frase marca el cambio de capítulo.

Noruega no llega como cenicienta. Saka la define como un equipo “muy bueno”, que juega “con confianza y una verticalidad” que le ha funcionado en el torneo. Inglaterra está “totalmente concentrada y encantada de estar ganando”, pero sabe que el margen de error se estrecha.

O’Reilly y el plan para contener a Haaland

Nico O’Reilly, centrocampista de Manchester City e Inglaterra, comparte la misma seguridad. La victoria ante México no creó la confianza, solo la amplificó. “Teníamos confianza antes de ese partido y la tenemos para este. Creemos en nosotros mismos, confiamos en nuestras habilidades y partimos de ahí”. El mensaje es sencillo: el rival importa, pero no condiciona la identidad del equipo.

Cuando aparece el nombre de Haaland, el tono cambia ligeramente, se afila. No hay necesidad de presentación. “Erling es Erling. Todos sabemos cómo es. Puede marcar goles, es peligroso en el área y es una amenaza real”. El elogio es tan obvio como inevitable.

La presencia de varios jugadores del City en la selección inglesa añade una capa táctica: conocen sus movimientos, sus hábitos, sus ráfagas de explosividad. “Creo que mantener a Erling tranquilo nos da una verdadera opción de ganar el partido”, admite O’Reilly. Lo llama “delantero increíble, de clase mundial”, y recuerda que lo ha demostrado “en todo el torneo, marcando en cada partido que ha jugado”.

Pero la clave, insiste, no está solo en él: “Nos centramos principalmente en nosotros mismos y en nuestro juego más que en el suyo”. Es la línea que repite todo el grupo: respeto máximo al goleador, obsesión cero.

Haaland, el outsider que quiere cargar a Inglaterra de peso

Del otro lado, Haaland disfruta del papel de francotirador sin nada que perder. Noruega no pisaba un Mundial desde 1998 y ahora se ha colado entre los ocho mejores tras acabar segunda en el Grupo I y eliminar a Costa de Marfil y Brasil en las rondas de eliminación. Para un país sin tradición de grandes citas, es territorio nuevo.

Preguntado por la presión, el delantero de Manchester City no dudó: “Sí, definitivamente. Hay algunos favoritos claros ahí fuera, e Inglaterra es uno de ellos”. Y, con una sonrisa, pidió a los periodistas que carguen todo lo posible sobre el conjunto de Thomas Tuchel. Quiere que la lupa se pose en el otro banquillo.

Haaland no oculta su propia sorpresa: “Estar en cuartos de final con Noruega en el Mundial es bastante sorprendente incluso para mí”. El triunfo ante Brasil, en particular, marcó un antes y un después. “Jugar contra Brasil fue una locura para nosotros los noruegos, y ganar a Brasil y luego jugar contra Inglaterra en cuartos de final en el Mundial en Estados Unidos es algo bastante especial”.

La receta, curiosamente, pasa por rebajar la épica. “Es difícil asimilar todo porque tienes que jugar el partido como si fuera un entrenamiento”. Ese intento de normalizar lo extraordinario contrasta con las escenas que describe en su país: “Si ves lo que pasa en Noruega, esto no es normal para Noruega, así que es súper especial”. La selección se ha convertido en un fenómeno social en cuestión de semanas.

La calle opina: confianza inglesa, fe noruega y un cosquilleo de nervios

El ambiente alrededor del duelo se palpa también en los aficionados. En un programa de BBC Radio 5 Live, las llamadas dibujaron bien el estado de ánimo.

Freddy, desde el sur de Londres, no contempla una derrota inglesa. Para él, un cruce de cuartos contra Noruega es “la mejor oportunidad” para alcanzar semifinales. Lo ve como “un partido de Premier League de altísima calidad”: rivales conocidos, patrones reconocibles, un tipo de fútbol que no intimida al bloque de Tuchel. Habla de “previsibilidad” en Noruega, algo que, a su juicio, jugará a favor de Inglaterra.

Monica, noruega que vive en Leeds, centra todo en un solo hombre. Para ella, Haaland es “un delantero increíble”. Le impresiona cómo, en algunos goles del torneo, parece caminar, casi desentendido, y de pronto acelera, da dos zancadas enormes, salta y destroza la red. Si Noruega quiere tener opciones, asume, necesita a su estrella en una forma descomunal.

Bradley, inglés que reside en Oslo, representa el otro lado de la moneda. Hace unos días estaba convencido; ahora, con la lista de golpes, molestias y enfermedades que arrastra el grupo, admite que los nervios han empezado a aparecer. El favoritismo pesa más cuando el cuerpo no está al cien por cien.

Una noche para medir proyectos

Entre la fe de Saka, la serenidad de O’Reilly, la sonrisa desafiante de Haaland y las voces que llaman desde Londres, Leeds u Oslo, el partido se ha cargado de matices. Para Inglaterra, es otro paso en una ruta que se da casi por obligatoria hacia las rondas finales. Para Noruega, es la oportunidad de prolongar un sueño que ya ha roto todas las previsiones.

La presión, dice Haaland, es de Inglaterra. La convicción, asegura Saka, está dentro del vestuario inglés. En unas horas, solo quedará una verdad en el marcador. ¿Será el peso de la historia o la frescura del recién llegado quien dicte sentencia?

Inglaterra se siente lista: Saka y la presión de Haaland