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Inglaterra y Marruecos: Preparativos para el Mundial en Estados Unidos

La concentración en Florida se apagó lejos de los focos, con un amistoso a puerta cerrada este jueves, y Thomas Tuchel apenas puede esperar para encender el siguiente capítulo del viaje de Inglaterra en Kansas City. El ensayo general ha terminado. Ahora empieza el torneo de verdad.

Subcampeona de la Eurocopa 2024 y señalada entre las grandes candidatas al título este verano, Inglaterra aterrizó en West Palm Beach el pasado lunes para someterse a un plan claro: domar el calor y la humedad implacables del verano norteamericano antes de que ruede el balón en el Mundial.

Dos partidos en Florida, dos victorias, y una sensación nítida de crecimiento. El 1-0 ante Nueva Zelanda en el sofocante ambiente de Tampa abrió la gira con lo justo en el marcador, pero con piernas pesadas y un esfuerzo físico brutal. El 3-0 frente a Costa Rica, en el horno de Orlando y con retraso por la meteorología, ofreció algo distinto: autoridad, ritmo, conexiones. Una selección que empieza a parecerse a la que Tuchel tiene en la cabeza.

El técnico lo dejó claro tras ese triunfo contundente del miércoles: eso era exactamente lo que había pedido. Lo que había exigido. Quería un salto en intensidad, compromiso y cohesión. Lo obtuvo.

Tuchel subrayó el impacto inmediato de los jugadores del Arsenal incorporados al campamento y el efecto de las sesiones en Florida: el equipo se está adaptando al calor, al clima, al contexto. Las piezas empiezan a encajar. No se trataba solo de sobrevivir a la humedad; se trataba de imponer un fútbol de alto nivel en condiciones extremas. La respuesta del grupo le dejó orgulloso.

El mensaje, sin embargo, mantiene una línea firme: lo primero es cómo juega el equipo. El resultado, insiste, llega después. En Orlando, Inglaterra consiguió ambas cosas. Y lo hizo, a ojos del entrenador, en un nivel acorde con la fase de preparación en la que se encuentra el grupo. Una forma casi perfecta de poner el punto casi final al campamento de Florida.

El siguiente paso ya está trazado. Este sábado, la expedición se traslada a Kansas City, la base que esperan convertir en hogar hasta mediados de julio. Desde allí arrancará el asalto al Mundial. El debut, el próximo miércoles, ante Croacia en el estreno del Grupo L. Un rival curtido, un escenario exigente, pero también una oportunidad para comprobar si todo lo trabajado bajo el sol de Florida se traduce en un inicio de torneo sólido.

Marruecos pierde dos pilares y mueve ficha

Marruecos, semifinalista en el último Mundial de Qatar y finalista de la Copa Africana de Naciones en enero, afrontará el torneo en Canadá, México y Estados Unidos sin dos titulares clave: Nayef Aguerd y Abde Ezzalzouli. Dos ausencias que alteran la estructura de un equipo que había hecho de la continuidad una de sus grandes fortalezas.

La federación marroquí y la FIFA confirmaron las sustituciones: entran el defensa Marwane Saadane, que juega en Arabia Saudí, y el atacante Amine Sbai. Ambos ya estaban en Estados Unidos como reservas y ven ahora cómo se abre la puerta del Mundial.

El caso de Aguerd, de 30 años, es la historia de una carrera contrarreloj que se quedó corta. El central no juega desde comienzos de marzo por una lesión en la ingle que obligó a pasar por el quirófano. Cuando parecía encaminarse la recuperación, en abril se detectó una fractura en el pubis que frenó en seco cualquier opción de regreso rápido. El seleccionador Mohamed Ouahabi mantuvo la esperanza hasta el límite, pero este jueves asumió lo inevitable: el defensa no llegará a tiempo.

No es la primera vez que el Mundial se le cruza a Aguerd. Ya en Qatar se lesionó en el duelo de octavos de final ante España y se perdió los tres partidos posteriores de aquella histórica campaña marroquí.

Lo de Ezzalzouli, en cambio, fue un accidente tan fortuito como cruel. El extremo de 24 años se lesionó el pasado fin de semana en el amistoso contra Noruega en Harrison, New Jersey. Marruecos defendía un saque de esquina cuando su compañero Chadi Riad cayó de forma desafortunada sobre su rodilla derecha. Ezzalzouli intentó seguir, probó unos minutos, pero tuvo que abandonar el campo. El diagnóstico posterior confirmó que no habría milagro de última hora.

Ambos formaban parte del bloque que llevó a Marruecos hasta las semifinales del último Mundial y a la final continental en casa. Dos hombres de grandes noches que se quedan fuera justo antes del gran escaparate.

La respuesta del cuerpo técnico ha sido tirar de la guardia pretoriana que ya estaba sobre el terreno. Saadane, de 34 años, debutó con la selección en 2015, aunque ha sido un habitual intermitente. En el 1-1 del domingo ante Noruega ya tuvo minutos, entrando en la segunda parte. Sbai, de 25 años y con preferencia por el costado izquierdo del ataque, sumó su primera internacionalidad hace apenas unos días, en un amistoso de preparación para el Mundial ante Burundi. Frente a Noruega se quedó en el banquillo, pero ya respiraba ambiente de selección absoluta.

Ahora los dos dejan de ser simples recambios. Pasan a formar parte de pleno derecho de una lista que carga con el peso de lo logrado en Qatar y la expectativa de confirmar que aquello no fue un destello aislado.

El calendario no concede margen para el lamento. Marruecos abre su participación en el Grupo C del Mundial este sábado, frente a Brasil, en el New York/New Jersey Stadium. Un estreno mayúsculo, un escenario imponente y un rival que no perdona dudas.

Inglaterra llega al torneo con la confianza templada en el calor de Florida. Marruecos, con cicatrices recientes pero un vestuario acostumbrado a resistir. El Mundial aún no ha comenzado y ya obliga a los favoritos a mostrar algo más que talento: capacidad de adaptación, profundidad de plantilla y nervios de acero. ¿Quién sostendrá el pulso cuando el verano norteamericano apriete de verdad?