Inglaterra brilla en Dallas con un 4-2 ante Croacia
La noche en Dallas tuvo algo de Copa del Mundo y algo de Super Bowl. Fútbol europeo, cerveza texana y un equipo inglés que pasó del susto a la declaración de intenciones en cuestión de 45 minutos. El 4-2 ante Croacia no solo abrió el camino en el Grupo L. Encendió el torneo y, de paso, a medio país.
Tuchel, el bisturí que Inglaterra no tenía
Inglaterra se marchó al descanso con un 2-2 incómodo. Había pegado primero, había sufrido después y el partido olía a ese viejo guion de dudas y nervios. Pero en el banquillo ya no estaba Gareth Southgate.
Thomas Tuchel leyó el choque como un cirujano. Ajustó, movió piezas y soltó el freno de mano en el descanso. Kyle Walker lo dejó por escrito: el alemán marca la diferencia en algo que a su antecesor le costaba, cambiar los partidos en marcha. Donde antes se apostaba por la fidelidad casi inamovible a un once, ahora hay intervenciones quirúrgicas, piernas frescas en el momento justo y un mensaje claro al vestuario: aquí manda el plan, no los nombres.
Harry Kane desveló el discurso del técnico al descanso: “Nos dijo que nos quitáramos las cadenas, que nos calmáramos y que saliéramos. Que qué era lo peor que podía pasar. Que enseñáramos al mundo quiénes podíamos ser”. Inglaterra salió “a gas completo”, como describió su capitán, y Croacia no aguantó el ritmo.
Jude Bellingham marcó el 3-2 a los dos minutos de la reanudación. Marcus Rashford cerró el 4-2 en el 85’. A partir del tercer gol, Inglaterra no volvió a parecer en peligro. Controló, esperó y remató al contraataque. Un segundo tiempo de selección grande.
Kane, el líder total y la carrera por la Bota de Oro
La noche de Dallas también fue la noche en la que Harry Kane igualó a Gary Lineker como máximo goleador inglés en Copas del Mundo, con 10 tantos. Un doblete en la primera parte para responder al ruido exterior y a la presión interior.
El delantero de Bayern Múnich no esconde que mira de reojo a sus rivales. Kylian Mbappé y Erling Haaland arrancaron el torneo con sendos dobletes. Él respondió con otro. En la lucha por la Bota de Oro, nadie quiere ceder un centímetro.
Kane lo explicó sin rodeos: como delantero, quiere marcar cuanto antes y esa competencia silenciosa le sirve de combustible. No le obsesiona, pero le empuja. Y su entrenador, Tuchel, fue todavía más lejos en el elogio: habló de “paquete completo”, de compromiso defensivo en la prórroga para bloquear un disparo clave, de un capitán “all in” física y mentalmente.
No fue solo el goleador. Fue el jugador que se tira al suelo para tapar un tiro en un córner cuando las piernas ya pesan. Eso, en un Mundial, pesa tanto como un gol.
Bellingham, del recelo a la reivindicación
Jude Bellingham llegó a esta cita con ruido alrededor. Lesiones, ausencias en las convocatorias de septiembre y octubre, dudas sobre su encaje en la “hermandad” de Tuchel, incluso declaraciones del propio técnico citando a su madre y calificando su comportamiento de “repulsivo” en el pasado. Su presencia en la lista generó debate. Su titularidad ante Croacia, aún más, con Morgan Rogers apretando por el mismo puesto.
La respuesta fue una actuación de futbolista grande. Gol, personalidad y un segundo tiempo en el que se comportó como faro de un equipo que necesitaba claridad. Él mismo admitió que juega con “un chip en el hombro”, con esa sensación de tener algo que demostrar. Dijo que la temporada había sido dura, pero que se sentía fresco, fuerte, con la intensidad adecuada desde el primer minuto.
Dietmar Hamann, crítico con él en su etapa en Borussia Dortmund, confesó que había cambiado de opinión. Recordó actitudes que no le gustaron en Alemania, pero subrayó su transición a Real Madrid, su Champions en el primer año y, sobre todo, su versión ante Croacia: un Bellingham de equipo, que trabaja para sus compañeros y no solo para el escaparate.
El propio jugador lo resumió con naturalidad: sabe que la crítica forma parte del oficio, que a veces la merece, y que noches como la de Dallas sirven para recordar de qué está hecho.
Rashford y la segunda oleada
Si el descanso fue el punto de inflexión, los cambios fueron el martillo. Marcus Rashford entró desde el banquillo y se sumó a una segunda oleada ofensiva que desbordó a Croacia. Tuchel había hablado con él días antes, impresionado por sus últimas dos semanas de trabajo en la concentración: implicado en cada charla táctica, rápido para traducir las ideas al césped, compitiendo con respeto y dureza con Anthony Gordon por el puesto.
Su gol en el 85’ no solo cerró el marcador. Liberó al estadio. Encendió un “Football’s Coming Home” atronador que bajó desde las gradas como un viejo himno de fe renovada.
El “Palacio en Dallas” y la locura de los pubs
Dentro del estadio, la atmósfera rozó lo surreal. A ratos, el duelo pareció una eliminatoria de tercera ronda de FA Cup, con idas y vueltas, errores, golpes y respuesta inmediata. En otros momentos, el evento se transformó en un espectáculo global, con el envoltorio de un gran acontecimiento deportivo estadounidense.
Cuando el partido se rompió a favor de Inglaterra, el estadio se convirtió en un karaoke masivo. “Hey Jude”, “Wonderwall”, “Sweet Caroline”. Y, cómo no, el inevitable “Football’s Coming Home”. Entre la multitud, aficionados locales como Jessica Long, ex corredora del maratón de Londres, celebraban tanto el resultado como la llegada del Mundial a su ciudad. “Qué día tan increíble, mira cómo se junta todo el mundo”, decía, con la excitación de quien sabe que esto es solo el principio.
Fuera del estadio, la fiesta tuvo un coste. En el Londoner Pub de Dallas, uno de los epicentros de la hinchada inglesa, la celebración se desbordó. El local había anunciado un cierre más tarde que la competencia y se vio arrasado por cientos de aficionados. Se vendieron más de 2.300 botellas de cerveza y más de 5.000 consumiciones en total, con una recaudación que rondó las 30.000 libras en una sola noche.
La policía tuvo que intervenir cuando el pub alcanzó el aforo máximo, con apenas dos guardias de seguridad en la puerta. El cuerpo de bomberos terminó ordenando el cierre anticipado “por el caos que descendió” sobre el lugar. Desde el propio establecimiento matizaron después que las cifras de ventas estaban infladas y no tenían en cuenta los daños en el mobiliario y el entorno. Un negocio extraordinario, sí, pero también un aviso de lo que puede provocar un Mundial nocturno en Norteamérica.
Carreteras en alerta: el otro lado de la fiesta
La resaca del triunfo tuvo también un ángulo mucho menos festivo. En Durham, la policía montó un operativo de controles de alcoholemia a primera hora de la mañana, deteniendo vehículos al azar a las afueras de la ciudad. La preocupación es clara: con los partidos en Norteamérica arrancando más tarde en horario británico, el consumo de alcohol se desplaza hacia la noche y el riesgo se traslada a la mañana siguiente.
Las cifras respaldan el temor. Según la policía de Durham, los días de partido de Inglaterra se registran alrededor de un 20% más de colisiones. Durante el dispositivo, ningún conductor dio positivo mientras la prensa estuvo presente, aunque uno se quedó muy cerca del límite legal. “Queremos lanzar el mensaje de que el alcohol puede seguir en tu cuerpo a la mañana siguiente”, explicó la sargento Sarah Manser. “Por favor, no bebáis y conduzcáis, es así de simple”.
Conductores como Louis Renwick, que dio cero en la prueba, aplaudieron la campaña. “Hay demasiadas muertes en la carretera por culpa del alcohol”, recordó. La otra cara del “mayhem” de los pubs.
Inglaterra, favorita que se lo empieza a creer
La reacción en el mercado de apuestas no tardó. Betway redujo la cuota de Inglaterra para ganar el Mundial de 8/1 a 13/2 tras el triunfo. Para la casa, el 4-2 fue algo más que un buen estreno: un mensaje. Lewis Knowles, portavoz de la firma, habló de un segundo tiempo “excelente” y de una victoria “de declaración” del equipo de Tuchel. La sensación, al menos en las casas de apuestas, es que el sueño de que el fútbol “vuelva a casa” este verano ya no suena tan ingenuo.
Mientras tanto, el torneo sigue su curso. La República Checa se juega la vida ante Sudáfrica, Suiza se cruza con Bosnia-Herzegovina, Canadá se enfrenta a Qatar y México se mide a Corea del Sur en un duelo que puede sellar billete a las eliminatorias para el ganador. El Mundial no espera a nadie.
En otro rincón del campeonato, la historia se escribe con otro tono. Yoane Wissa silenció a Portugal con un gol para la República Democrática del Congo en el estreno de Cristiano Ronaldo en su sexto Mundial. El astro apenas apareció, desperdició dos medias ocasiones y el debate se encendió. Chris Sutton, en la radio, acusó a Roberto Martínez de tener miedo a sustituirle, de vivir prisionero del nombre.
Y mientras las grandes figuras envejecen o se reinventan, Inglaterra presenta una mezcla distinta: un goleador en plena madurez, un mediocampista de 22 años que ya se comporta como veterano y un seleccionador capaz de tocar la tecla correcta en el momento justo.
La pregunta, tras una noche desatada en Dallas, no es si Inglaterra puede ilusionar. Es si será capaz de jugar cada partido como esa segunda parte contra Croacia. Porque si mantiene ese nivel, el eco de “Football’s Coming Home” dejará de sonar a canción de karaoke y empezará a parecer una posibilidad real.






